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CONTRAPUNTO

 

 

La mano protectora del Estado, que tan oportunamente se retira de escena cuando hace falta apoquinar, surge con fuerza para frenar en seco a tanta mujer casquivana que nada más piensa en abortar, abortar y nada más que abortar.

CONTRAPUNTO
Y QUE VIVA LA BURREZ
POR CAROLINA FERNANDEZ

Si un marido le parte la crisma a su señora, un novio acuchilla a su chica, un amante incendia las faldas de su amada, un divorciado despechado atropella a su ex correspondiente, etcétera, propongo que no se les castigue, sino que se les explique amablemente que ese comportamiento no acaba de encajar con las normas de urbanidad. En cualquier caso es la señora correspondiente la que debería cuidarse mucho de tocarle las narices al caballero si no quiere salir mal parada del lance. De la misma forma, si un violador reincidente, después de muchas reincidencias acaba en el banquillo, o con mucha suerte en la cárcel, alguien habrá que le comente que, hombre, no está bien visto eso de ir por los portales jugando al acoso y derribo con desconocidas y ensartándolas sin dar ellas consentimiento expreso. Pero como todo hombre merece una décima oportunidad, dejémoslo libre cual pajarillo para que se encuentre a sí mismo y se realice en su profesión. Claro, la inmensa mayoría de los españoles somos unos pobres ignorantes que no sabemos una palabra de leyes, por eso nuestras cortas entendederas no alcanzan a comprender la profunda metafísica de una ley tan elevada y tan sublime que reduce una condena de cinco siglos y pico a un puñado de años. Nos han explicado que fue por el baloncesto. Puede ser ésta una buena moraleja. ¿Que te has casado con una bestia inhumana que te muele a palos? Recomiéndale que juegue al baloncesto. ¿Que tu jefe te toca el culo impunemente? Sugiérele el paddle, que mantiene la mano derecha ocupada. Deporte, deporte y más deporte para la salud social. Deporte y vida sana fue precisamente lo que recomendaron en su día para explicarle a la opinión pública la necesidad del medicamentazo. Nos costó, pero comprendimos que el recorte era en realidad para reeducarnos en el justo uso y consumo de fármacos, ya que le dábamos en exceso al pastillámen, y eso podía acabar perjudicando seriamente nuestra salud. Y los peores, los jubilados, que con los años se aficionan a las recetas y les entra una urgencia compulsiva de esquilmar las arcas de la Seguridad Social. Puro vicio.

En fin, que como somos todos un poco lelos, no sabemos ver a la primera que todas estas cosas que se hacen son por nuestro bien, velando por nuestro bienestar, nuestra salud, nuestra seguridad. No nos hace ninguna falta doparnos con tantos anticatarrales, pero hemos comprendido que son imprescindibles en nuestras vidas los 87 eurocazas que hemos adquirido recientemente, así como los 225 tanques y cuatro fragatas, que no tengo ni idea de cómo son pero seguro que molan. Yo me exprimiré los higadillos para pagar las letras del coche, y lo haré con gusto, porque me encanta saber que el ejército español, que vela por todos nosotros, tiene unas docenas de tanques más. Cómo pude ser tan boba y no darme cuenta antes.

Y para la ovejas descarriadas también hay jarabe. La mano protectora del Estado, que tan oportunamente se retira de escena cuando hace falta apoquinar, surge con fuerza para frenar en seco a tanta mujer casquivana que nada más piensa en abortar, abortar y nada más que abortar. Como si hubiera algún placer morboso en echar un polvo pensando única y exclusivamente en el placer mayúsculo que supone ir luego a abortar. Piénsatelo para la próxima, chata. He ahí una política con mayúsculas, madura, hecha y muy derecha, sabiamente aconsejada por la Santa Madre que nos parió a todos.

Para poner la guinda a esta brillante filosofía, derroche de genialidad, de la cual relato sólo un puñado de ejemplos que se me vienen a la mente, sale a escena nuestro garboso Groucho Marx a hacer declaraciones con motivo de la detención del señor Pinochet, que ya no es un psicópata sanguinario, ni un asesino en serie, ni un tarado mental, sino que cada vez se está pareciendo más a un pobre anciano indefenso postrado en la cama de un hospital. Me pregunto si a él lo operarían con anestesia. Nuestro amigo Groucho, que se frotaba la manos con nerviosismo ante la eventual posibilidad de tener que tomar una decisión contraria a sus principios, vino a comentar entre dientes que ojo con lo que se vaya a hacer, que puede ser mal ejemplo para otras dictaduras que tengan pensado pasarse a la democracia. Tiene razón, pardiez, porque si le damos un buen escarmiento a este ancianito, a lo mejor otros dictadores tanto o más sanguinarios que estaban justamente en este momento pensando en ceder cortésmente el poder y pasarse a la democracia, podrían acojonarse con el ejemplo y aferrarse aún más a su sillón. Por miedo a las represalias y al ensañamiento de algunos jueces rencorosos, claro está. Por eso es mejor dejar que corra el aire y reinsertar a estos pobres diablos. Al fin y al cabo todos somos humanos.

Y así nos va la vida, jefe.

 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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