"Esto
que ves -le dijo la mujer dorada-, es el origen de los tiempos, cuando el padre rayo se
unió a la noche y surgí yo, porque yo soy la madre, el principio de la vida, el
principio de la creación.
La noche dio paso al día y mi cuerpo se hizo radiante, y ya nunca más reinó la
oscuridad.
Después nacieron mis 4 hijas. Ellas son las madres de todos los hombres y de todas las
formas de vida que existen en el planeta. Ellas, con sus cualidades y energías, hicieron
que la vida tuviera color. Cuando mis 4 hijas crecieron a cada una les di una parte de mi
tiempo para que hiciesen su creación.
Ven, te las presentaré.
Mi primera hija es Pluma solitaria. Es muy libre e independiente. No le
gusta encadenarse a nada y el movimiento y los cambios son su lema de vida. Su frase
preferida es una pregunta: ¿por qué conformarme con una parte cuando puedo ser en todo?.
Pluma es alegre, con una alegría especial que nos contagia a todos.
Pluma es como el aire, y le gusta meterse en todos los rincones, jugar con todas las
cosas, y no dejar nunca nada quieto, estático, sin movimiento.
Ella fue la primera en escoger el nuevo tiempo y lo llamó Otoño.
La segunda de mis hijas fue Nieve silenciosa. Nieve es muy reflexiva.
Le gusta pensar y tomarse todas las cosas con tranquilidad. Medita mucho todos los cambios
antes de realizarlos y, a pesar de haber nacido la segunda, pronto se convirtió en la
hermana mayor a la que todas acuden en busca de ayuda y descanso.
Ella cogió su parte del nuevo tiempo y lo llamó Invierno.
La tercera de mis hijas fue Volcán. Ella siempre quiso ser como yo.
Quiso ser fuego en la tierra y quemar todo lo que no es útil. Volcán es fuerte. Le gusta
ponerse objetivos y metas que pongan a prueba su capacidad. Para ella la vida es una
constante superación. Por eso cogió la parte del tiempo que yo les había otorgado y le
llamó Verano.
La última de mis hijas, la cuarta y más pequeña, se llama Semilla.
Fue siempre la niña mimada. En su creación participaron sus hermanas, tal vez por eso
ella, que siempre había recibido tanto, hizo de su vida un derroche de creación, y todo
cuanto toca lo convierte en algo nuevo, algo por donde transcurre la savia de la vida.
Semilla, a pesar de haber sido la última, se convirtió en el principio, en el resurgir
de la vida, en la fuerza que posee todo aquel que no se detiene, que no se da por vencido.
Ella, en reconocimiento de la vida de sus hermanas, quiso que todas fueran presentes en su
creación y por eso llamó a su tiempo Primavera.
Estas son mis hijas, que a su vez tuvieron muchos hijos e hijas, porque
todos vosotros habéis nacido dentro de ellas y habéis heredado sus cualidades.
Dile a tu pueblo que no lo olvide, porque quien olvida a su madre nunca podrá saber quien
es".
La mujer dorada me dirigió una mirada llena de amor y ternura y partió.
Detrás de ella la figura de sus cuatro hijas llenaron todo el cielo.