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EL ARBOL DEL BUHO

 

 

Sintió que su perfume le envolvía, que su cálido cuerpo desvanecía sus infantiles temores y que su belleza le hechizaba.
Con mucha suavidad le cerró los ojos y una visión surgió ante él.

 

EL ARBOL DEL BUHO
LAS CUATRO ESTACIONES
POR ELENA G. GOMEZ

Llevaba cuatro días solo en lo alto de la montaña. Desde niño había esperado este momento, había imaginado el encuentro con el espíritu de la montaña y sobre todo, había soñado descubrir algo que hiciese cambiar el destino de su pueblo.
Ahora no sabía qué debía hacer. Se sentía débil y confuso, tal vez los ancianos estaban confundidos y no era él al que esperaban. Sentía el peso de la responsabilidad sobre su espalda adolescente que aún se debatía entre el niño y el hombre que vivían dentro de sí.
Se sentó en el suelo y dejó que su vista recorriera una vez más los paisajes conocidos llenos de recuerdos y vivencias. Miró a lo lejos y dejó que sus ojos descansaran en el rojo sol del atardecer. Poco a poco el sol empezó a tomar forma humana hasta que se convirtió en el cuerpo de una mujer.

No, no estaba dormido ni tenía alucinaciones, era capaz de tocar la tierra sobre la que estaba sentado, miró hacia otro lado pero nada, la mujer se acercaba cada vez más. Sintió miedo y cerró los ojos esperando que todo fuera un sueño, pero cuando los abrió la mujer dorada estaba junto a él.
Sintió que su perfume le envolvía, que su cálido cuerpo desvanecía sus infantiles temores y que su belleza le hechizaba.
Ella, con mucha suavidad le cerró los ojos y una visión surgió ante él.

"Esto que ves -le dijo la mujer dorada-, es el origen de los tiempos, cuando el padre rayo se unió a la noche y surgí yo, porque yo soy la madre, el principio de la vida, el principio de la creación.
La noche dio paso al día y mi cuerpo se hizo radiante, y ya nunca más reinó la
oscuridad.
Después nacieron mis 4 hijas. Ellas son las madres de todos los hombres y de todas las formas de vida que existen en el planeta. Ellas, con sus cualidades y energías, hicieron que la vida tuviera color. Cuando mis 4 hijas crecieron a cada una les di una parte de mi tiempo para que hiciesen su creación.
Ven, te las presentaré.

Mi primera hija es Pluma solitaria. Es muy libre e independiente. No le gusta encadenarse a nada y el movimiento y los cambios son su lema de vida. Su frase preferida es una pregunta: ¿por qué conformarme con una parte cuando puedo ser en todo?. Pluma es alegre, con una alegría especial que nos contagia a todos.
Pluma es como el aire, y le gusta meterse en todos los rincones, jugar con todas las cosas, y no dejar nunca nada quieto, estático, sin movimiento.
Ella fue la primera en escoger el nuevo tiempo y lo llamó Otoño.

La segunda de mis hijas fue Nieve silenciosa. Nieve es muy reflexiva. Le gusta pensar y tomarse todas las cosas con tranquilidad. Medita mucho todos los cambios antes de realizarlos y, a pesar de haber nacido la segunda, pronto se convirtió en la hermana mayor a la que todas acuden en busca de ayuda y descanso.
Ella cogió su parte del nuevo tiempo y lo llamó Invierno.

La tercera de mis hijas fue Volcán. Ella siempre quiso ser como yo. Quiso ser fuego en la tierra y quemar todo lo que no es útil. Volcán es fuerte. Le gusta ponerse objetivos y metas que pongan a prueba su capacidad. Para ella la vida es una constante superación. Por eso cogió la parte del tiempo que yo les había otorgado y le llamó Verano.

La última de mis hijas, la cuarta y más pequeña, se llama Semilla. Fue siempre la niña mimada. En su creación participaron sus hermanas, tal vez por eso ella, que siempre había recibido tanto, hizo de su vida un derroche de creación, y todo cuanto toca lo convierte en algo nuevo, algo por donde transcurre la savia de la vida.
Semilla, a pesar de haber sido la última, se convirtió en el principio, en el resurgir de la vida, en la fuerza que posee todo aquel que no se detiene, que no se da por vencido.
Ella, en reconocimiento de la vida de sus hermanas, quiso que todas fueran presentes en su creación y por eso llamó a su tiempo Primavera.

Estas son mis hijas, que a su vez tuvieron muchos hijos e hijas, porque todos vosotros habéis nacido dentro de ellas y habéis heredado sus cualidades.
Dile a tu pueblo que no lo olvide, porque quien olvida a su madre nunca podrá saber quien es".
La mujer dorada me dirigió una mirada llena de amor y ternura y partió.
Detrás de ella la figura de sus cuatro hijas llenaron todo el cielo. 

 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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