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EL ALEPH

 

 

En todas las guerras hemos perdido, cuando menos, la oportunidad del entendimiento. Hoy por hoy se puede afirmar que sólo hemos combatido para la desunión y el distanciamiento.

 

EL ALEPH
LLAMÉMOSLE CONVIVENCIA
POR JOSE ROMERO SEGUIN

Ya es hora de que al pronunciar la palabra España o cuando hablemos de los españoles, olvidemos cualquier tentación de interpretarla o calificarlos como un concepto o grupo imperialista, pues no todos la sienten así. Me consta que para la mayoría de ciudadanos de este Pueblo, España significa algo muy distinto, significa un proyecto de convivencia, basado en el mutuo respeto y solidaridad entre las distintas naciones; un proyecto que nos permita adoptar un nuevo concepto de pueblo, válido a los presentes retos europeístas, y para afrontar y liderar ese otro que en un futuro nos va a llevar a un proceso de universalidad en el que participen todos los hombres y pueblos del planeta, pues todos estamos unidos a un mismo destino, a una misma realidad: la tierra y todo cuanto en ella habita. No tenemos más, fuera de ahí sólo existe un mundo de mentiras e intereses que nos abocan a una conflagración masiva o la autodestrucción por saturación y colapso del planeta.

El nacionalismo sumado a los conceptos economicistas y monetaristas que imperan en nuestra sociedad, son la razón de todas las desavenencias que nos aquejan. Ellos han robado al hombre el coraje necesario para entender que jamás, en ningún momento de nuestra historia, hemos vencido sino a nosotros mismos, que nuestra única victoria ha sido siempre la derrota como seres humanos condenados a entenderse y ayudarse. Y es que en todas las guerras hemos perdido cuando menos la oportunidad del entendimiento. Hoy por hoy se puede afirmar que sólo hemos combatido para la desunión y el distanciamiento. Vivimos sin querer entender que no hay nada de glorioso en ello, y que no debería por tanto enorgullecernos sino avergonzarnos todo cuanto supuestamente hemos hecho en aras del entendimiento.

El nacionalismo inició en su día un movimiento expansivo que nos llevó a explotar a otros hombres, a expoliar sus tierras y destruir la cultura de sus pueblos. Una vez culminada esta fase se inició un segundo proceso, esta vez retráctil, de recogimiento sobre nosotros mismos como nación, con la clara intención de poder disfrutar del botín, a la vez que nos desentendíamos de los problemas de esos pueblos a los que habíamos dejado desnudos de toda capacidad de reacción, sumidos en un discutible e inacabado proceso de civilidad, que mal o bien debiera permitirle el acceso al futuro de Occidente.

Hoy se está intentando implantar el tercer ciclo, que es deshacerse de los hombres y pueblos más pobres, o en peores condiciones de desarrollo que habitan dentro o fuera de nuestras fronteras, obviando que muchos de ellos viven en esa situación porque un día se decidió sacrificar su tierra a los intereses de la nación, que no del pueblo, y se aglutinó en una zona determinada un mayor tejido industrial y como tal más riqueza. O que a esos hombres se les permitió traspasar las fronteras porque en ese momento a la nación de turno le hacían falta manos y riñones para mover su maquinaria de desarrollo y progreso. Y hoy que la crisis ladra en el horizonte, la solución es echarlos en nombre de la defensa de la raza y la cultura. Hay que tener cara. La cultura y la raza no es lo que está en peligro, lo que está en peligro y lo que se dilucida es otra cosa, es la protección de los dos grandes pilares de cohesión, el economicista y el monetarista. Lo demás le importa un pimiento a jerarcas y ambiciosos. Si de verdad les importara la cultura no gritarían contra otros hombres ni contra otras culturas, pues ello distorsiona y empobrece la propia. Si les importara la raza odiarían a los racistas y no ejercerían de ello. Pero no lo hacen así, sino que se aferran a lo que nadie le discute, porque a nadie, ni el que cruza en patera el estrecho ni al que deja su comunidad le impulsa otro deseo que el de buscarse la vida, que el de poder en definitiva vivir de su trabajo. Pero es necesario ponerlos a unos y a otros bajo sospecha para así proclamándolos seres peligrosos y llegado el caso poder acusarlos de algo ante el pueblo.

Hoy se nos brinda con la tregua de ETA y contando con la poco probable pero necesaria sinceridad de los partidos nacionalistas de uno y otro signo, es decir, los españolistas también, la oportunidad de dar un paso decisivo en la búsqueda de un nuevo marco de convivencia, basado en el respeto, la tolerancia y la fraternidad.

Clausuremos pues un periodo de historia y abramos uno nuevo con las anexiones o escisiones que la mayoría demande, decidiendo por supuesto en libertad. Hoy somos los actores del presente y sólo de él somos responsables, y va a ser el futuro y quien lo habite quien nos ha de juzgar, démonos pues un nuevo concepto de PUEBLO sin perder el de nación por supuesto. Pero por favor, no olvidemos que todo lo que construyamos debe llevar inscrito el nombre de convivencia pues es este el concepto básico para construir algo auténtico y nuevo.

 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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