esconozco de quién partió la brillante idea, pero a mí siempre me
disgustó esa imagen de Dios como un anciano de pelo y barba blanca que estaba sentado en
un trono en los cielos, mirando a los hombres, juzgando sus actos.
Siempre me dio pena de Dios porque si esa era la realidad, tenía que estar soberanamente
aburrido de pasar todo el día contemplando al hombre. Desde luego, el que pensó que Dios
era así debía ser una persona carente de imaginación además de un egocéntrico, porque
pensar que Dios sólo está pendiente del hombre es rebajar su condición y su capacidad.
En fin, que servidora, haciendo uso de mi libertad para imaginar y
soñar, siempre he pensado que nuestro creador, Dios, Padre o como se le quiera llamar es
muy distinto.
Así que... esta es una conversación personal y libre con Dios, no apta para católicos,
apostólicos, romanos.
"Me imagino lo duro que tiene que ser para ti haber sido
desterrado, aunque fuese con tu consentimiento, de tu propia creación. Haber permitido
que se difundieran falsas imágenes de ti hasta tal punto que ahora, tus propios hijos, te
desconocen, y los que dicen conocerte son los que más lejos están de ti.
Sé que todo obedece a un magnífico plan y que para ti sólo cuenta el resultado, pero
llevas demasiado tiempo esperando.
Yo sólo puedo decirte que me confieso una gran admiradora tuya, porque pienso que ante
todo eres un Ser muy, pero que muy especial, y me alegro mucho de estar y existir dentro
de tu sueño.
Yo creo que ya es hora de que hablar de ti no sea tema reservado para los curas y las
monjas o para las personas de iglesia, porque sé que tú no perteneces a ninguna
religión, a ninguna iglesia, a ninguna creencia. Sí, ya te lo he oído decir muchas
veces, la religión es un invento de tus enemigos para que el hombre se aleje de ti, de tu
sencilla y pura verdad.
Eres un soñador, un rebelde, un creador, un renovador, y lo único que
pretendes es que el hombre, tu creación especial, se deje de tantas historias, miedos y
limitaciones y mire todo lo que le rodea y sea consciente de todo su poder.
¿Que cómo te descubrí? Fue por casualidad, (perdón ya sé que no
existe la casualidad, pero no se me ocurre cómo explicarlo). El otro día estaba
contemplando cómo jugaban unos cachorros y me di cuenta de que todos los animales pasan
una gran parte de su vida jugando. Los cachorros de cualquier especie -incluída la
humana-, aprenden jugando. Entonces comprendí que los humanos cuando se convierten en
adultos dejan de jugar, y al hacerlo, al ponerse tan serios y trascendentales, se alejan
de ti.
Y ¿sabes? una cosa me llevó a otra, y me di cuenta de que tu juego (muy inteligente, por
cierto) es como una gran partida de ajedrez, y la vida, tu creación, está llena de
piezas negras y blancas, de fuerzas que luchan entre sí. Y en tu juego hay reyes y
reinas, hay guardianes, hay guerreros, hay murallas de fuerza, y hay un ejército de a
pie. Pensé una y otra vez en el tema. Una partida cósmica de ajedrez. Figuras negras y
blancas, pero ¿por qué?, ¿para qué? Y unos días después me vino la respuesta: la
partida es sólo el primer juego, es un juego de preparación, es un pulso entre las dos
energías, es un aprendizaje de las técnicas de ambas partes para que al final el
resultado sea más poder, porque en realidad, en el origen, siguen siendo una.
Pero claro, tú, que además de ser un especialista en el ajedrez eres
un manitas con el billar, no te gusta tocar una bola sin hacer carambola, y así
elaboraste tu jugada maestra, y dentro de las reglas de tu juego pusiste una muy especial:
en tu ajedrez todas las figuras tienen las mismas posibilidades. Y para rizar el rizo te
dedicaste a separar en dos lo que en un origen era uno, esperando que la necesidad de las
partes hiciera que se unieran y al unirse surgiera el Poder, porque en el fondo, detrás
de todo, está el Poder.
Así, separaste el tiempo y creaste la dualidad, el día y la noche, el frío y el calor,
el hombre y la mujer, cuando en realidad todo es uno.
Una vez más todo me vuelve a conducir a la unidad, porque en la unión
de las fuerzas está la victoria.
Qué lejos estamos aún de comprender tu juego y las normas que dentro de él hay. Y si
aún no las entendemos es simplemente porque nos creemos tan importantes y suficientes que
pensamos que podemos prescindir de ellas.
Por cierto, casi me olvido, ya sé que no eres un viejo de pelo y barba blanca. Ayer
soñé contigo y eras un joven y rebelde soñador".