
Si la decisión de separarse está tomada de
mutuo acuerdo, y se prevé una relación amistosa, o simplemente de cordialidad y respeto,
es muy probable que ambos cónyuges sepan remontar de forma muy productiva el cambio que
obrará en sus vidas.
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PSICOLOGIA
Y SOCIEDAD
SEPARACION CONYUGAL
POR RAQUEL BUZNEGO
"La separación es una
circunstancia de cambio por la que tienen que pasar algunas parejas". Raimon Gaja
Y todo
cambio puede ser, como poco, estresante. Muchas veces el estrés es negativo. No
olvidemos, sin embargo, que también hay un estrés positivo, que motiva, que pone al
organismo en disposición de lucha, de afrontamiento y, en definitiva, que lo energiza
para la consecución de los objetivos previamente estipulados.
En ocasiones ese cambio estresante puede ser percibido como algo negativo, aversivo, una
amenaza ante la que el organismo se siente doblegado, incapaz de luchar, bien porque cree
que no dispone de estrategias de afrontamiento y resolución, o bien porque se considera
víctima de un cambio jamás deseado y las víctimas, en multitud de ocasiones, se ocupan
más de quejarse que de actuar.
¿Qué será de mí? Es la pregunta que se formula la persona que
comienza a considerar la separación como una forma de resolver sus problemas. La
respuesta dependerá de muchos factores, económicos, sociales, familiares, personales,
etc.
Comienza la incertidumbre y la incertidumbre atemoriza y, a veces, paraliza, es por ello
que si las circunstancias no son poderosamente graves la respuesta es la resignación.
Vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer, ya te lo dice el refrán.
Si la decisión de separarse está tomada de mutuo acuerdo, y se prevé una relación
amistosa, o simplemente de cordialidad y respeto, nada que comentar, es muy probable que
ambos cónyuges sepan remontar de forma muy productiva el cambio que obrará en sus vidas.
Aceptar la separación es un paso delicado y difícil, no cabe duda,
pero la situación será probablemente poco traumática y ambos cónyuges seguirán
respetándose porque han decidido que su convivencia no es gratificante y por separado
pueden encontrar otras formas de vida más esperanzadoras.
El grave problema surge cuando es uno de los cónyuges el que toma la decisión de
separarse, mientras que el otro piensa que las cosas están donde deben de estar. Esta
persona, el abandonado, sufre intensamente, se siente culpable, se pregunta una y otra vez
en qué ha fallado, y lo que es mucho más penoso, se puede llegar a percibir como
inútil, desgraciado, falto de cualidades e incapaz de ser válido para otras personas. Su
autoestima rodará por los suelos y habrá de pasar algún tiempo antes de mirar al futuro
con cierto optimismo.
El cónyuge que abandona sale generalmente mejor parado, suele ser una persona con
objetivos claros, que confía en sí misma y confía en sus recursos de afrontamiento. La
separación será un trámite doloroso pero es percibida como el cambio idóneo para
desarrollarse de forma más positiva.
Por el contrario, la persona abandonada carece de norte y sin embargo
tiene, porque no le queda otro remedio, que comenzar a reconstruir su vida en contra de su
voluntad. ¿Con qué energía? Con ninguna, esa es la verdad; pero la vida sigue sin
detenerse ante las penas de nadie, por tanto hay que rodar.
El sentimiento más doloroso que ha de combatir es la soledad que experimenta, es una
soledad física y quizá psíquica. Habrá de crear nuevos hábitos y familiarizarse con
ellos, los hábitos y las costumbres compartidos habrán pasado a la historia, surgirán
nuevas necesidades y por tanto serán necesarias estrategias individuales para
afrontarlas.
El miedo ante una nueva forma de vida también se puede dejar sentir y es este miedo el
que propicia sentimientos de añoranza, se añora el abrigo de la pareja, aún siendo ese
abrigo escasamente confortable.
No hay mal que cien años dure, afortunadamente. El tiempo de tempestad
también se va y necesariamente sobrevendrá la serenidad. El primer paso es aceptar la
ruptura, las cosas no tienen, en ocasiones, vuelta de hoja; es el momento de escribir una
nueva página en la vida de cada cual y esa nueva página ha de ser esperanzadora, con el
firme propósito de hacer lo que sea menester para salir del bache emocional.
Comienza una nueva vida y con ella un nuevo proyecto personal, habrán de buscarse nuevas
ilusiones, nuevos quehaceres, y quizá nuevas amistades. El gusto y los intereses de cada
cual terminarán por aflorar.
La independencia que se gana será incómoda al principio pero no hay más remedio que
aceptarla y sacarle partido. El tiempo también ayudará.
La autoestima perdida, terminará por recobrarse. Encontrarse consigo
mismo es difícil, habrá que sacar a flote las necesidades individuales, los deseos, las
ilusiones y quizá los sueños enterrados; una vez identificados conformarán una guía de
refuerzo y actuación.
Separarse es el principio de una nueva vida, no el fin; costará trabajo verlo desde ese
prisma, pero no queda otro remedio.
Y cuando no queda otro remedio lo mejor y más rentable es, sin duda, desdramatizar. |