-Sólo aparentemente -respondí-. Los hombres tienen mucha fuerza en
sus manos, en sus piernas, en su cuerpo. Son capaces de mover grandes piedras o de llevar
pesados animales sobre sus espaldas, pero la mujer tiene otro tipo de fuerza. La fuerza de
la mujer está en su interior.
Me miró con sus redondos e inteligentes ojos negros muy abiertos y preguntó:
-¿Quieres decir que las mujeres también somos fuertes?
-Sí, así es, la mujer es muy fuerte. Es capaz de parir a los hijos. De cuidarlos de
noche y de día si enferman. De mantenerse alegre cuando hay dificultades. De animar a los
hombres cuando fracasan en sus cacerías. Y, sobre todo, de no detenerse ante la
dificultad.
Sus ojos la delataban. En ellos brillaba una chispa inteligente.
Quería conocer más así que continué hablándole:
-Pero las mujeres además de la fuerza poseen otras muchas cualidades. Tú ahora te estás
preparando para ser una mujer así que no debes olvidar que la mujer que hay dentro de ti
no conoce límites ni fronteras, y que si te empeñas en algo lo conseguirás. Las
mujeres, a pesar de lo que oigas a los hombres, son valientes y capaces de todo. Capaces
de matar para comer o de parir para que la vida pueda continuar. Pueden amamantar con
ternura a su hijo o extraer con fuerza los granos de la tierra para alimentar a la tribu.
Y aunque ellos hagan diferencias entre el hombre y la mujer, la mujer siempre será madre,
y por tanto incapaz de hacer diferencias.
Y tienes que saber que la mujer es igual que el hombre, aunque ellos no
lo saben aún, por eso la mujer debe tener paciencia y ayudar al hombre a que salga de su
ignorancia, porque el hombre se cree más fuerte, más inteligente, más poderoso que la
mujer y no lo es.
En el futuro las mujeres conquistarán su auténtico lugar y cuando así sea el hombre
tendrá que salir del engaño, tendrá que aprender a valorar a la mujer, tendrá que
cogerse de su mano y dejar de protegerla para pasar a ser su compañero. Tendrá que
descubrir la fuerza, la sensibilidad, la inteligencia y otras muchas cualidades que ellos,
los hombres, le negaron, y cuando así sea estarán preparados para conocer el secreto de
Adan.
-Y, ¿cuál es el secreto? -preguntó.
-El secreto de Adan es que el primer hombre no fue un hombre sino una mujer. Y que todos
los hombres descienden de ella porque fue ella la que los engendró.
-Pero eso no es lo que nos han enseñado -dijo sorprendida.
-Sí, ya lo sé, porque la historia la cuentan los hombres. Pero piensa: ¿existe algún
hombre que pueda tener hijos?.