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EL ARBOL DEL BUHO

 

 

En el futuro las mujeres conquistarán su auténtico lugar y cuando así sea el hombre tendrá que salir del engaño y tendrá que aprender a valorar a la mujer.

 

 

EL ARBOL DEL BUHO
EL SECRETO DE ADAN
POR ELENA G. GOMEZ

Me gustaba sentarme delante de mi tienda y ver lo activa que estaba la tribu en las tardes de verano. Escuchaba las rítmicas canciones que entonaban las mujeres cuando una y otra vez levantaban los pesados palos con los que molían los granos. Era un trabajo realmente duro aunque ellas parecían no enterarse. Mientras, los hombres hacían corrillos repitiendo sus últimas cacerías y preparando las armas. Los niños jugaban y corrían despreocupados, todos menos uno. Sentada a la sombra de un árbol una niña se mantenía ajena a todo el movimiento. Me acerqué a ella y vi que estaba triste, parecía que lloraba a pesar de que no había ni una sola lágrima en sus negros y profundos ojos. Me senté a su lado y le pregunté.

-¿Quieres que hablemos?
No me contestó pero no hizo falta, me miró con sus negros ojos y una corriente invisible surgió entre las dos.
-¿Por qué no juegas? -le pregunté.
-Los niños -dijo- no quieren que juegue con ellos y yo con las niñas no quiero jugar. Yo quiero correr por el bosque y jugar a las cacerías, pero dicen que no puedo, que soy una niña y que las niñas somos mujeres y las mujeres no sirven para cazar. Pero yo sé que en el fondo lo que ocurre es que me tienen miedo porque saben que yo tengo mejor puntería que ellos. Y cuando acceden a que juegue les gano, y entonces se burlan de mí y lloro, y cuando lloro se ríen de mí y dicen que soy débil y que ellos son más fuertes que yo. Por eso estoy aquí sola. ¿Ellos son más fuertes que yo?

-Sólo aparentemente -respondí-. Los hombres tienen mucha fuerza en sus manos, en sus piernas, en su cuerpo. Son capaces de mover grandes piedras o de llevar pesados animales sobre sus espaldas, pero la mujer tiene otro tipo de fuerza. La fuerza de la mujer está en su interior.
Me miró con sus redondos e inteligentes ojos negros muy abiertos y preguntó:
-¿Quieres decir que las mujeres también somos fuertes?
-Sí, así es, la mujer es muy fuerte. Es capaz de parir a los hijos. De cuidarlos de noche y de día si enferman. De mantenerse alegre cuando hay dificultades. De animar a los hombres cuando fracasan en sus cacerías. Y, sobre todo, de no detenerse ante la dificultad.

Sus ojos la delataban. En ellos brillaba una chispa inteligente. Quería conocer más así que continué hablándole:
-Pero las mujeres además de la fuerza poseen otras muchas cualidades. Tú ahora te estás preparando para ser una mujer así que no debes olvidar que la mujer que hay dentro de ti no conoce límites ni fronteras, y que si te empeñas en algo lo conseguirás. Las mujeres, a pesar de lo que oigas a los hombres, son valientes y capaces de todo. Capaces de matar para comer o de parir para que la vida pueda continuar. Pueden amamantar con ternura a su hijo o extraer con fuerza los granos de la tierra para alimentar a la tribu. Y aunque ellos hagan diferencias entre el hombre y la mujer, la mujer siempre será madre, y por tanto incapaz de hacer diferencias.

Y tienes que saber que la mujer es igual que el hombre, aunque ellos no lo saben aún, por eso la mujer debe tener paciencia y ayudar al hombre a que salga de su ignorancia, porque el hombre se cree más fuerte, más inteligente, más poderoso que la mujer y no lo es.
En el futuro las mujeres conquistarán su auténtico lugar y cuando así sea el hombre tendrá que salir del engaño, tendrá que aprender a valorar a la mujer, tendrá que cogerse de su mano y dejar de protegerla para pasar a ser su compañero. Tendrá que descubrir la fuerza, la sensibilidad, la inteligencia y otras muchas cualidades que ellos, los hombres, le negaron, y cuando así sea estarán preparados para conocer el secreto de Adan.

-Y, ¿cuál es el secreto? -preguntó.
-El secreto de Adan es que el primer hombre no fue un hombre sino una mujer. Y que todos los hombres descienden de ella porque fue ella la que los engendró.
-Pero eso no es lo que nos han enseñado -dijo sorprendida.
-Sí, ya lo sé, porque la historia la cuentan los hombres. Pero piensa: ¿existe algún hombre que pueda tener hijos?.

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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