
Pero de eso los periódicos no hablan, como tampoco hablan del
empresario buitre que coacciona al empleado, o del parado de más de 40 años, esas son
cuesiones de relleno, sin importancia..."
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EL
ALEPH
AL MARGEN DE LA NOTICIA
POR JOSE ROMERO SEGUIN
Hoy han cerrado el EGIN.
Una joven llora silenciosa en el parque, le han robado el aprobado en la oposición que
había preparado durante dos largos años. Se dice que con el cierre del periódico se ha
vulnerado la libertad de expresión, se dice que ya era hora, se repiten hasta la saciedad
argumentos de parecido contenido, pero nadie se acuerda de la joven que llora en el
parque. Ella no es nada, es un caso aislado, como ella hay miles de jóvenes que suspenden
o los supenden, jóvenes a los que se les niega la oportunidad de trabajar, ellos son una
mayoría descohesionada y dispersa, sin objetivos políticos, sin armas ni
reivindicaciones territoriales, sólo piden un puesto de trabajo y un salario que les
permita afrontar el futuro con cierta independencia.
Por el contrario, los que están detrás del EGIN
tienen armas, tienen también el fanatismo suficiente para aglutinarse y expresarse. Ellos
no lloran: contraatacan. A ellos se les teme, por ello cuando se quejan no tardan en
encontrar consuelo.
Pobre muchacha del parque, otro año perdido, otra vez a volver a empezar, sin creer, sin
demasiadas esperanzas pero poniendo por el contrario todo el esfuerzo y toda la ilusión.
Y es que las han territorializado y la gran ventaja obtenida es que el mamoneo y el
nepotismo es superior. Y en medio buscándose un curre en cualquier cosa para ir tirando.
Mientras, se plantea si votar a un partido nacionalista o a cualquier partido, por ver si
alguien defiende sus legítimos derechos. Pero sus méritos se basan en estudiar y
estudiar, en llevarlas a tope y eso no es suficiente, eso no hace patria, ni nación. Si
quiere algo ha de tomar partido, afiliarse, estar en el extremo de la polémica cuando
haya razón y cuando no, debe decir siempre que sí y esperar a que los suyos se acuerden
finalmente de ella. Pobre muchacha que llora sin consuelo en el parque, le piden que se
comprometa, que participe, que luche por ellos, así pronuncian los partidos políticos la
libertad de expresión y de pensamiento, así le plantean el futuro. Pero de eso los
periódicos no hablan, como tampoco hablan del empresario buitre que coacciona al
empleado, o del parado de más de 40 años, esas son cuestiones de relleno, sin
importancia, al fin y al cabo una muchacha sola y llorosa en mitad del parque no es nada,
pese a que después del llanto se levante y camine triste y rota por una calle solitaria,
hacia una casa donde va a cumplir los 30 sin que haya podido encontrar la salida.
Alguien la para en el portal y le pregunta con una
afirmación: ¿que, no hubo suerte? y ella quiere explicarle que había aprobado el
primero con nota y que el segundo lo hizo perfecto, que no entiende. Como tampoco por qué
si es una oposición estatal se reparten las plazas por comunidades sin una razón
objetiva que lo justifique, que no sea sombra para la sospecha, y es que en nada difiere
el temario, no se exige dominar la lengua de esa comunidad, en fin, nada. Quiere
explicarle pero no puede, porque no sabe por dónde empezar a desliar el nudo de rabia que
anida en su pecho y, además, el interlocutor camina ya por la acera, después de
soltarle: "bueno mujer, paciencia, a ver si en la próxima".
Por las escaleras oye el rum rum de un televisor donde se
debate, cómo no, la conveniencia de cerrar el EGIN, y después la reciente renuncia del
portavoz del gobierno y por último, el TUR. Arriba en el cuarto le esperan sus hermanos y
su madre, viuda y pensionista, opositores todos a una oportunidad que les permita encauzar
su vida. Ellos la consolarán, se consolarán mutuamente, mientras hablan y se compadecen
de aquel otro que también suspendió y del otro y del otro, y también del que acaban de
despedir. Ellos saben que no son una minoría, ni una excepción. La pregunta es ¿lo
saben los políticos, lo saben los medios de comunicación, lo sabemos todos los demás
que tenemos la suerte de gozar de un puesto de trabajo? La respuesta está en nuestras
adormecidas conciencias, ella es cómplice de esta tragedia, ella es culpable de no exigir
que se cierre por fin el paso a exigencias partidistas y políticas, para dar una
solución a quien de verdad la necesita, que no es otro que aquel que desde la serena
honradez sólo demanda que se le permita acceder al porvenir en igualdad de oportunidades
y con plenas garantías de que se le van a respetar sus derechos.
Debemos ayudarlos ahora que responden desde la serenidad y
la tolerancia, y mostrando una inmerecida confianza en las instituciones y en esta
sociedad. Y si un día se unen y radicalizan su postura, no podremos sino recordar que un
día fueron una minoría mayoritaria al margen de la noticia. |