
No hay futuro si no hay voluntad de cambiar el orden establecido, si no
es así la juventud no deja de ser pasado, o como mucho una foto fija del presente. |
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EL
ALEPH
LA JUVENTUD A DEBATE
POR JOSE ROMERO SEGUIN
Pese a ser la
televisión un foro de hipocresía, es hoy la medida de todas las cosas. Es por ello un
mal foro, pero es el único que existe. En él se debatió recientemente sobre los
jóvenes y el alcohol, y hablaron unos y otros borrachos de afanes de brillantez oratoria,
y se aplaudieron o simplemente se desoyeron como actores que eran de tal espectáculo.
"Tenemos una juventud magnífica", tronaron los políticos
pensando en el voto juvenil, cada joven un voto. Y no sólo eso, añadieron, "son
solidarios, aplicados en los estudios, cariñosos, etc", tal vez más votos. Todos
hablaron de la juventud, unos con la mejor intención y otros con intención crítica que
también es importante. Algunos entonaron el "mea culpa" y cómo no, los hubo
que peroraron desde el púlpito del consejo y la recomendación de que hay que ser
comprensivos. Y habló la famosa juventud, harca del Rif de la movida, seres de una
división que no es sino reflejo de la incapacidad propia de quien gobierna y de los
gobernados de dar y exigir soluciones globales en cuestiones sociales como es el caso. Y
dentro de la juventud hubo quien no se excusó y asumió valiente su responsabilidad,
quien culpó a la administración y a la sociedad como si ellos fueran de otro planeta y
quien exigió el mimo y cuidado de temporada baja de la que gozan los de la tercera edad,
otra incomprensible raza dentro de las razas sociales. Todo tiene su gracia -esto último
maldita si la tiene-, pero en fin, la juventud son nuestros hijos, y nuestros hijos son
nuestras primeras víctimas.
Pero quizás de todo lo dicho por este grupo sobresale el deseo de
exculparse de algo que no es delito ni falta, sino que es la conciencia e inconsciencia
que nace hoy y siempre de una experiencia atormentada, caduca y de un corazón
desencantado, el del padre, el del adulto.
Beber se bebió siempre. ¿Por qué? Porque sí, porque somos así,
seres vacíos que necesitan ir llenándose de cosas y entre ellas el alcohol, la droga,
etc. Dios no es suficiente ahora ni lo fue nunca, ni nunca llegó el Mesías ni va a
llegar nunca por más que reincidiese en sus idas y venidas. El hombre es un ser condenado
a estar solo frente a sí mismo. Y las preguntas son las de siempre; y las respuestas, las
que nunca existieron. El antídoto: la imaginación, el sueño, el compromiso con uno
mismo y los demás. La medicina legal estatal e institucional, acatar el orden establecido
y con ello asegurar la continuidad, y la ambición por la ambición. La cuestión radica
pues en elegir, y en esta ocasión no vale dejarse ir, no vale tomar la calle de en medio,
se debe elegir, creer en uno o en el sistema. Lo primero te lleva a estatus social
generalmente bajo, pero alto en ti. Si crees en ti dominarás el mundo; si no serás
dominado.
Una vez has elegido debes entregarte, si has decidido jugar, a jugar,
si no a cambiar las normas del juego, la convivencia social no tiene porque ser una
competición, debe ser un ejercicio ejemplar de eso mismo, de entender que todos somos
iguales en derechos y obligaciones y que debe imperar el respeto hacia lo que no es sólo
necesario sino vital para la vida del planeta.
Los jóvenes pues, beben y viven como todo dios, a golpes de un timón
que no siempre está en sus manos. Ellos no se diferencian de los demás en nada que no
sea su natural y lógica vitalidad. Los jóvenes no son por supuesto una raza ni tan
siquiera una razón, son sólo seres humanos que heredan al mismo ritmo que elaboran una
herencia para los que les han de suceder. El concepto joven y viejo es título que nace de
una sociedad jerarquizada hasta en su más íntima esencia, porque tal distinción no
existe, se puede ser joven con 80 años y ser viejo con 19. También se puede fingir
serlo, hay a quien le encanta hacerlo, pero lo que de verdad marca la diferencia es el
talante, el saber afrontar nuevos concepto y actitudes.
No existen pues los jóvenes. Existe lo joven, lo nuevo, lo que busca
nuevas fórmulas y formas para engendrar nuevos tiempos. Decir que ellos representan el
futuro es una estupidez sin nombre y es que no hay futuro si no hay voluntad de cambiar el
orden establecido, si no es así la juventud no deja de ser pasado o como mucho una foto
fija del presente.
Dejemos pues que sean ellos, que piensen por ellos, que beban y vivan
por ellos y sean ellos el resultado de su esfuerzo vital y existencial.
Fuera arenga y patrañas, pues si ellos no son responsables nosotros
tampoco. No pueden ser -por más que lo deseemos- seres responsables quienes tras
ofrecerles tanta desolación y desesperanza por alimento, le exigen y analizan luego como
algo nuevo y auténtico. |