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PUERTA DIMENSIONAL
Texto:
ELENA G. GOMEZ

RELATO. BUSCANDO LA FUENTE DEL MAL

"Yo soy energía... energía que necesita expresarse para subsistir. Yo no existiría si no hubiese seres que me utilizan, que aún no han comprendido la nueva energía de la vida..."

"Los hilos de energía que tú observaste, son construidos por ellos mismos, pues necesitan estar conectados conmigo para poder satisfacer sus ambiciones personales."

"Tú has venido hasta aquí para descubrir el motivo que mantiene encadenado al hombre. Es el deseo del hombre el que escoge su libertad o su cárcel. Yo soy tan sólo energía, y como todo, pertenezco a la creación."

puerta1.jpg (10746 bytes)Me levanté dispuesto a comenzar un nuevo día. El sol brillaba y su luz invadía todos los rincones de la montaña llenándolos de vida y color.
Era un día ideal para vivir...
De pronto recordé que aquel era un día especial para mí. Había aceptado aquella labor que me llevaría a un apartado lugar, allí abajo, en el valle, donde aún no conocían la luz del sol, donde las vidas transcurrían entre la densa niebla, ignorando que fuera de allí existían otros mundos, otro tipo de vida.
Yo había sido designado para hablarles de la montaña, para mostrarles la luz.
Miré hacia abajo, hacia el valle. Estaba cubierto por una espesa niebla que hacía impenetrable la luz del sol.
Pensar que allí vivían personas sumidas en la oscuridad, me producía un sentimiento mezcla de tristeza y de angustia.

Por un momento me invadió una extraña sensación de rechazo que tuve que apartar de mí. Algo me decía que no iba a ser un día fácil. Respiré profundamente llenando mis pulmones con el aire de la montaña y cargándome de energía, pues intuía que la iba a necesitar, eché una última mirada a mi alrededor y comencé a descender hacia el valle.
A medida que me iba adentrando en la oscura masa de niebla una extraña sensación se iba adueñando de mí. Era como si la presencia de algo o de alguien lo dominase todo, lo abarcase todo... Poco a poco me fui sintiendo más torpe, más falto de reflejos. Parecía incluso que me costaba más trabajo pensar con claridad. Recordaba mi vida en la montaña y empecé a sentirme prisionero... pero no sabía de qué o de quién. Empecé a recorrer aquel lugar y a observar a las personas que por allí se movían.
Todos ellos parecían autómatas, marionetas movidas por unos sutiles hilos que salían de sus cabezas y se perdían entre la niebla, en lo alto, sin poder ver quién los manejaba.
Los hilos eran de distintos colores. Intuí que cada color marcaba un diferente tipo de dependencia a la que los seres-marionetas respondían de una forma inconsciente, mecánica, sin capacidad de oposición. Daba la impresión de que no tenían mente o que sus mentes estaban perfectamente controladas.
Así, los que eran manejados por los hilos negros, constituían los estudiosos y representantes de las religiones. Eran temidos y respetados. Se creían imprescindibles. Los hilos marrones movían a los políticos que se denominaban defensores de la libertad... siempre estaban discutiendo y promoviendo conflictos.
Así sucesivamente fui observando a todo tipo de personas que vivían absortos en sus tareas, que no se preocupaban por conocerse, y lo más curioso era que ninguna se había dado cuenta de que de la parte posterior de su cabeza salía un hilo que le dirigía y del que dependían todos sus movimientos.

Aquel lugar me ahogaba... necesitaba el aire de la montaña. Por un momento pensé en regresar, pero una voz en mi interior me recordó que había aceptado libremente aquella labor, así que decidí continuar. Mi primer pensamiento fue que tenía que llegar al origen de aquellos hilos, pues si conocía la "verdad" de lo que allí pasaba entonces podría abrir los ojos de aquellas personas.
Comencé a subir por una especie de escalinata en cuyos escalones había diferentes inscripciones que advertían a los posibles intrusos sobre la falta grave que cometerían si seguían adelante.
Había amenazas de grandes castigos, de condenas eternas, de destierros, de infiernos de fuego, de represiones familiares, etc. etc. Aquellas advertencias debían de causar un profundo miedo en las personas, pues ninguna se atrevía a ascender.

Cuando yo comencé a hacerlo, todos me miraron perplejos. No podían creerse que alguien desafiara las "normas". Para ellos yo era un loco, un suicida, un tipo peligroso.
Algunos intentaron detenerme y para ello utilizaban todos sus recursos... Me hablaron con la "lógica" de sus vidas. Me mostraron el miedo a cometer una falta grave... el respeto por quienes vivían en las zonas altas... me amenazaron porque yo iba a alterar su "paz", etc. etc.
Resultaba incomprensible ver cómo aquellos seres defendían sus miserias, cómo luchaban para seguir engañados, para seguir prisioneros. Pero aquello no podía detener mis pasos, así que seguí ascendiendo dispuesto a desvelar el secreto.
La escalinata terminaba en una amplia sala muy tenuemente iluminada. Se podría decir que predominaban las sombras sobre la luz. Mi sensación de ahogo se incrementó, así como mi limitación física y mental.

puerta2.gif (6948 bytes)Experimenté la sensación de estar prisionero de algo, pero no veía a nadie. Era como si todo fuera simplemente energía, pero una energía que tenía vida propia, que funcionaba como el más perfecto ordenador que podía imaginarme, pues allí estaba el centro de todo lo que movía los niveles inferiores. De allí partían los hilos que llevaban mensajes a las personas, de allí surgían los sentimientos que abajo se manifestaban como deseos, egoísmos, emociones, etc.
Allí nacían los dogmas, los falsos ideales, las mentiras, en suma, que luego eran convertidas por las mentes de las personas en "verdades absolutas". Allí estaba el origen de todo lo que tanto me había impresionado y que hacía de aquellas vidas un grupo de autómatas sin voluntad propia.
Permanecí observando todo aquello absorto en mis pensamientos sin darme cuenta que en torno a mí se había ido tejiendo una especie de tela de araña formada por sutiles hilos de energía que me habían encadenado.
Intenté desesperadamente liberarme pero apenas si pude moverme un poco. Estaba prisionero, y por un momento recordé a la mosca que cae en la trampa de la araña. Pensé que tenía que mantenerme sereno y comprobé que si yo lo deseaba mi mente funcionaba correctamente, así que me cogí a ese punto de luz interna y esperé. Al momento se comenzó a formar ante mis ojos una especie de sombra mayor que las demás. Poco a poco iba pareciéndose a una figura humana, pero no llegó a ser tal.
No sabría definir lo que era, tan sólo fui consciente que de ella me llegó un poder y una autoridad tan impresionante que un escalofrío me recorrió de arriba a abajo.
Su "voz", si así se le podía llamar, me llegó como una ráfaga de aire helado que estremeció todo mi cuerpo.

... "YO SOY EL MAL...", me dijo...

Por un momento me sentí confuso. Había llegado precisamente a donde yo quería llegar, pero esperaba otra cosa... tal vez un ser vestido de negro con aires poderosos, tal vez un "bicho" con rabo y cuernos.
Como si hubiera leído mi pensamiento, el Mal prosiguió...

-"Siento no coincidir con la imagen que tú esperabas, pero eso es sólo una invención del hombre.
Yo soy energía... energía que necesita expresarse para subsistir. Yo no existiría si no hubiese seres que me utilizan, que aún no han comprendido la nueva energía de la vida..."

Hablas como si nada tuvieses que ver en todo ello... le dije un poco molesto.

-"Y así es, aunque te resulte difícil de comprender. Yo fui creado, al principio, como la energía de la vida. Entonces yo hice mi labor y la hice bien, sirviendo a la voluntad superior.
Pero cuando la vida cambió, cuando se experimentó un impulso en la creación, un nuevo tipo de energía me vino a sustituir. Lo que ocurrió es que algunos de los que me usaban no quisieron desprenderse de mí, no aceptaron el cambio.
Como consecuencia, ellos quedaron prisioneros de sus propias ambiciones. Debes comprender que yo soy neutro, imparcial. Yo surgí para realizar una labor con la materia y existiré mientras exista quien se aferre a la materia".

¿Quieres decir que el mal, que tanto daño está haciendo en el planeta, está a merced de las decisiones de los hombres?... ¿No es al revés? ¿No es el mal quien influye a los hombres para actuar?

-"Mira, observa a esos seres que te encontraste cuando me buscabas. Todos ellos viven representando sus "papeles", mejor o peor según sus propias inteligencias, pero todos ellos desean ser lo que son. Cuando tú mostraste la intención de subir a buscarme, ellos te atacaron e intentaron impedírtelo, porque tú representabas peligro para su comodidad, para su egoísmo.
Los hilos de energía que tú observaste, son construidos por ellos mismos, pues necesitan estar conectados conmigo para poder satisfacer sus ambiciones personales.
Basta que uno de ellos desee ser libre para que el hilo se rompa y yo deje de tener contacto con él".

No podía salir de mi asombro. Todo lo que decía no sólo era lógico, sino que encajaba perfectamente en mi interior. Por un momento me entró un escalofrío. ¿No será ésta una de sus tretas? ¿no estará convenciéndome, adueñándose de mi mente?
Una vez más me leyó el pensamiento...

-"Si no crees en lo que te digo, puedes probar tú mismo. Esa especie de tela de araña en la que estás prisionero es la consecuencia de tu deseo de verme, de conocerme. Tú has traído hacia ti esa red de energía, y como tu deseo era fuerte, te ha aprisionado con más fuerza. Sólo tienes que desear ser libre y lo serás..."

Recordé que cuando había deseado que mi mente funcionara, ésta funcionó perfectamente, así que cerré los ojos y deseé con todas mis fuerzas ser LIBRE.
Al instante sentí que la presión en torno a mi cuerpo cedía y que recuperaba mi libertad de movimientos
¡¡ERA LIBRE!!
La "voz" de aquella forma de energía volvió a sonar en mi interior...

-"¿Comprendes ahora...? Tú has venido hasta aquí para descubrir el motivo que mantiene encadenado al hombre. Es el deseo del hombre el que escoge su libertad o su cárcel. Yo soy tan sólo energía, y como todo, pertenezco a la creación.
Cuando el hombre deje de desearme, y por tanto, de utilizarme, yo podré ser reabsorbido en la fuente de la vida y regresar a mi punto de partida... Ahora sigue tu camino...
Tú ya has comprendido... ya eres libre... y éste ya no es lugar para ti..."

La "voz" se apagó en mi interior y la sombra se comenzó a difuminar hasta perderse y mezclarse con las demás sombras del lugar. Comprendí que ya nada tenía que hacer allí, así que me dirigí hacia la escalinata y comencé a descender.
Algo había cambiado en mi interior. No me parecía a la misma persona que había subido buscando a un "culpable" a quien destruir. Pero... ¿qué les iba a decir a las personas de allí abajo? Como si mis pensamientos cobraran vida, de pronto me encontré al final de la escalinata con todos aquellos seres mirándome fijamente. En sus miradas había una mezcla de estupor, extrañeza, inquietud, y aún quedaba un poco de ira por mi atrevimiento.
Supongo que no esperaban volver a verme nunca, supongo que esperaban que alguna de aquellas amenazas escritas en la piedra, que alguno de aquellos "castigos", me hubiesen condenado para siempre. Pero había curiosidad en sus rostros... esperaban que les contase algo de aquel lugar al que no se atrevían ni siquiera a nombrar. Comencé a caminar a través de ellos y me dirigí al sendero que me llevaría de vuelta a la montaña... a la luz. Cuando llegué al sendero me detuve y les hablé así...

"Aquí en vuestro mundo, existen dos senderos. Uno, éste que yo voy a recorrer ahora, conduce a la montaña, a un lugar donde todo es luz, donde el sol ilumina a los Seres y su calor reconforta a los caminantes de la vida. El otro, es aquella escalinata que os llevará a descubrir el secreto de vuestro mundo. Este último sólo está reservado para los valientes, para los decididos, para los que no tengan miedo a nada ni a nadie porque han comprendido que nada ni nadie les puede dañar, si creen en sí mismos, si creen en el hombre.
Sólo quien recorra este sendero, sólo quien ascienda la escalinata, será merecedor de penetrar en el sendero que yo estoy ahora. Sólo quien descubra la verdad de su mundo podrá elevarse a esos otros mundos donde brilla siempre la luz del sol.
Yo he venido a mostraros la luz, a conduciros a la verdad.
Ahora sólo digo que aquel que desee conocer la verdad que siga mis pasos, que ascienda la escalinata y se enfrente a su propia mentira, que sea valiente y rompa sus cadenas.
A ese, yo le estaré esperando en este sendero para conducirle a la montaña, a la luz, a un nuevo tipo de vida..."

Di media vuelta y me alejé del lugar. Necesitaba la luz... el aire de la montaña. Ascendí por el sendero hasta que dejé atrás el valle sumido en la niebla.
La luz del sol me pareció más hermosa que nunca.
Pensé en aquellas gentes y por un momento los vi de nuevo absortos en sus tareas, sumidos en sus mentiras.
Una gran tristeza me invadió y entonces tomé una decisión... ¡bajaría todos los días hasta la espesa capa de niebla que cubría el valle y desde allí les llamaría, les recordaría mi mensaje!

¡No podía dejarlos solos!

¡Ellos también eran parte de la montaña...!" 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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