"Me preparé con toda resignación a conocer
la vida y milagros de un tío que me había caído del cielo y que no me importaba en
absoluto"
"¡Sí, sí, el páncreas! Su tío es el
único ser humano que vive sin páncreas, o mejor dicho, que tiene instalado un páncreas
artificial perfecto: electrónico, automático, aerodinámico. Un páncreas
definitivo" |
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BREVIARIO
DE FALSEDADES
EL PANCREAS
POR JOSE MANUEL VILLABELLA
-Perdone- me dijo muy fino el doctor Churruca, pero tengo
que tomar toda clase de precauciones respecto a su identidad. Por favor, ¿me puede
enseñar un carnet que lo identifique?
Le tendí un ajado carnet de un club de nudistas suecos al que
había pertenecido hacía más de treinta años, y que, curiosamente, era el único
documento que llevaba encima en aquel momento y el doctor Churruca lo examinó con todo
detenimiento.
-Bien... una vez cubiertos los trámites legales, voy a explicarle a usted sin más
tardanza, los motivos por los que nos hemos tomado la libertad de molestarle.
Carraspeó, movió unas tijeras de sitio, se atusó el pelo, se rascó la cabeza y cuando
estaba a punto de meterse el dedo en la nariz, me dio la sorprendente noticia.
-Se trata de su pariente don Evaristo Chamorro Cagigal.
-¿...?
-¿Nunca ha oído hablar de él? Nos lo temíamos. Evaristo siempre fue un hombre
desconectado de sus familiares y si tenemos en cuenta que lleva en este establecimiento
más de setenta años y que, según nuestros registros, más de sesenta sin recibir
visitas, parece lógico pensar que casi todos los miembros de su generación hayan pasado
a mejor vida. Los hospitales psiquiátricos son la asignatura pendiente del sistema y con
vergüenza como ser humano tengo que confesarle, señor mío, que sitios como este son la
antesala del más allá; o sea son el purgatorio, porque están entre la vida y el cielo,
o entre la vida y el infierno, según se sea un optimista o un pesimista.
-¿...?
-Lamentablemente aquí la gente se muere antes que en la calle. La esperanza de vida es
menor porque el estar loco es muy duro, los sufrimientos son intensos, existe un grado de
violencia que no es posible eliminar y el afecto, el amor, prácticamente no existen. La
gente se muere pronto en los psiquiátricos pero su tío don Evaristo es y ha sido una
gloriosa excepción, la que confirma la regla.
El doctor Churruca abrió un cajón y con esfuerzo sacó un voluminoso legajo que
depositó sobre la mesa.
-Este es, señor Cagigal, el dossier completo de su tío abuelo Evaristo Chamorro y como
he podido comprobar que usted ni siquiera le conoce, creo que lo más conveniente es que
lo examinemos juntos desde el principio.
Asentí, como es natural, y me preparé con toda resignación a conocer la vida y milagros
de un tío que me había caído del cielo y que no me importaba en absoluto. No quería
ser descortés y adopté un aire contrito y puse cara de estar muy interesado por aquella
sórdida historia. El doctor Churruca sacudió el polvo del legajo con un pañuelo que se
sacó del bolsillo y después, con parsimonia y con el mismo pañuelo, se enjugo el sudor
y procedió a efectuar una cuidadosa limpieza de sus lentes de miope. Dijo: ¡ejem!, me
sonrió, masculló: "Jo, ya son las doce", se metió un dedo en la oreja
izquierda y extrajo algo que después examinó cuidadosamente, abrió el expediente y
señaló con una sonrisa unos documentos amarillentos y ajados.
-Su tío ingresó en este hospital el 14 de noviembre de 1923 y fue reconocido por el
doctor Alvarez, ya fallecido lamentablemente, y por el doctor Cienfuegos, retirado en la
actualidad, en sus propiedades de Filipinas. Según consta en el historial clínico, don
Evaristo padecía manía persecutoria con desdoblamiento de personalidad, o sea y para que
usted me entienda, era un neurótico y un esquizofrénico, un dragón con dos cabezas, un
loco por partida doble. Un caso curioso, realmente curioso.
Churruca rebuscó en el legajo y cuando encontró un documento que amarilleaba por el paso
del tiempo, resopló complacido y continuó su parlamento:
-En esta comunicación del cura párroco de Pola de Siero se asegura que don Evaristo fue
un buen cristiano, devoto y cumplidor como el primero, hasta el mes de marzo de 1923, en
que empezó a manifestar una rebeldía extraña que causó inquietud y desasosiego a sus
vecinos y familiares. Concretamente el día 19, festividad de San José, manifestó en una
taberna y lo dijo, al parecer de una forma altanera, que había conocido a unos seres
extraños que se lo llevaron volando por los aires y que había podido ver el pueblo desde
las alturas. Concretó después que habían estado en París, Londres y Moscú y aseguró,
como experto viajero, que lo que más le había gustado era Rusia y su famosa Plaza Roja y
que la plaza del pueblo, si se la comparaba con la de los bolcheviques, era una mierda. La
gente le oía interesada y risueña; la familia en cambio se sentía avergonzada por las
tonterías del pobre Evaristo. Continuó durante meses diciendo insensateces y como
ningún remedio casero pudo terminar con sus desvaríos, sus familiares, o sea su señora
abuela y sus dos hermanos, decidieron internarlo en este establecimiento y desentenderse
de él, y según consta en el registro de visitas lo hicieron a conciencia.
-¡...!
-¡Oh, no sea usted tan severo con sus ascendientes!; decir aquellas locuras en el año
1923 era compararse al maligno, ponerse fuera de la ley de Dios. Hace setenta años lo
tomaron por loco pero hace trescientos le hubieran acusado de brujo y habría terminado en
la hoguera. Para la moral de su tiempo el bueno de don Evaristo estaba loco o endemoniado,
y los médicos, con buen criterio, decidieron que era un desequilibrado mental.
-¿...?
-¿Su estancia aquí? Normal, completamente normal. Hombre sencillo y pacífico nunca
causó ningún problema. En esta certificación del año 27, el doctor Rendueles asegura
lo siguiente. "Se observa en el paciente Evaristo Chamorro un excelente estado
físico, que no se corresponde con su estado mental que es estacionario e irreversible.
Chamorro sigue manteniendo con toda seriedad que conoció a seres extraños que lo
llevaron por los aires y le curaron dolencias y enfermedades viejas, dolores reumáticos,
lumbagos antaño dolorosos y una bronquitis crónica que le resultaba particularmente
molesta. No hemos podido averiguar si las alucinaciones del enfermo son de carácter
religioso y los seres a los que hace referencia son ángeles o demonios, o sus desvaríos
son motivados por fantasías oníricas simples".
El doctor Churruca me leyó informes, certificaciones, estudios, reconocimientos médicos.
Toda la vida de un hombre llamado Chamorro estaba descrita con un lenguaje burocrático en
aquellos documentos ajados e impersonales. Era un loco que llevaba mi sangre pero a mí su
vida y su locura me resultaban indiferentes y, en el fondo, un poco aburridas. Disimulé
como pude un bostezo e hice un esfuerzo para seguir con los ojos abiertos. Pero Churruca,
que se consideraba a sí mismo un hombre ameno, siguió con su discurso ignorando mi
sufrimiento:
-La existencia de su tío en este establecimiento fue silenciosa y solitaria. Nunca tuvo
un amigo entre los enfermos y ningún médico, de los cientos de facultativos que por
aquí pasaron, logró ganarse su confianza. Lo intentaron algunos, como claramente se
desprende de estos informes: el doctor Juncosa, en el año 32; el doctor Benavides, en el
39. En el 63 el doctor Calimalo, ¿habrá oído usted hablar del famoso doctor Calimalo,
me imagino?, escribió lo siguiente sobre el enfermo que nos ocupa: "De carácter
dulce y pocas palabras, Evaristo Chamorro invierte su tiempo en observar el cielo, en
analizar los menores cambios atmosféricos, en seguir con toda atención la metamorfosis
de las nubes. Evaristo escruta el cielo con ansiedad y por las noches pasa reconocimiento
a todas las estrellas; las cuenta y las recuenta, las analiza, las acaricia con la mirada.
Las conoce. Diríase que este hombre padece una locura cósmica y angelical y que espera
algo del futuro, pero algo que tiene que venir del cielo, de las alturas".
El doctor cerró el dossier, se sonó ruidosamente, musitó un perdón por puro compromiso
y me miró directamente a los ojos.
-Su tío fue un extraño demente; más exactamente, su tío es un loco extraño porque
todavía goza de buena salud a pesar de haber cumplido 105 años. Los manicomios están
repletos de seres singulares, de hombres inclasificables, de únicos ejemplares. La
locura, en el fondo, es la originalidad y la subversión y la cordura la mediocridad y la
mansedumbre. A su tío la sociedad le declaró loco por ser diferente; lo retiró de la
circulación por ser un marginado intelectual. En 1923 resultaban sumamente peligrosas
para la Iglesia las manifestaciones de don Evaristo.
Fue la época, ¿no sé si habrá leído algo sobre ellos? en que las hermanas Soledad y
Purificación García Iglesias, de Betanzos, La Coruña, aseguraron haber sido poseídas
por el demonio en persona y haber dado a luz a dos hijos de éste, a los que pusieron de
nombre Oliver y Jónatan, dos niños, al parecer, malísimos, que al hacerse adultos
fueron ejecutados en la silla eléctrica en el estado de Nueva York. La anciana Marcelina
Pumarín confesó haber mantenido conversaciones íntimas con la Virgen María y haber
recibido órdenes expresas de que con toda urgencia quemase todas las sucursales del Banco
Hispano Americano; la desdichada anciana sólo logró incendiar una modesta urbana de
Cuatro Caminos, pero tenía planes para volar toda la organización. Y por la misma época
el pastorcillo de cabras, Simón Pacheco Cebriano, juró que había sido comisionado por
el Arcángel San Gabriel para que capase a todos los varones naturales de Venta de Baños,
famoso núcleo ferroviario. España, en el año 1923, atravesaba una crisis de histeria
religiosa y las autoridades eclesiásticas decidieron que había que terminar con aquel
estado de cosas y no tuvieron más remedio que repartir anatemas y excomuniones a diestro
y siniestro. Cuando Evaristo Chamorro dijo que unos seres extraños, posiblemente unos
ángeles, le habían llevado por los aires a París y Moscú, fue la gota que colmó el
vaso y terminó con sus huesos en el manicomio. El pobre fue el cabeza de turco, la
víctima propiciatoria.
-¡...!
-Espantoso; sí, señor, tiene usted toda la razón. Todo esto ocurrió hace setenta
años. Ya nadie se acuerda. Su tío, ahora, en la actualidad, es un desequilibrado mental
porque ha vivido entre locos, pero, sin embargo ha ocurrido algo que rebasa todos los
conocimientos científicos conocidos; hemos descubierto, por casualidad, que don Evaristo
es el cofre que atesora la joya más valiosa del planeta, algo que puede cambiar el curso
de la medicina.
El doctor Churruca me tendió un conjunto de radiografías que yo examiné con toda
atención pero sin ningún rigor científico, porque, desgraciadamente, uno es un modesto
perito mercantil sin ninguna idea de medicina.
-¿No ve usted nada anormal? -inquirió Churruca con una sonrisa que le llegaba de oreja a
oreja.
Y como mi expresión denotaba una ignorancia supina, el buen galeno exclamó más contento
que unas pascuas.
-¡Falta el páncreas!
-¿...?
-¡Sí, sí, el páncreas! Su tío es el único ser humano que vive sin páncreas, o mejor
dicho, que tiene instalado un páncreas artificial perfecto: electrónico, automático,
aerodinámico. Un páncreas definitivo.
-¡...!
-Comprendo su extrañeza e imagínese usted la nuestra, cuando hace dos meses se sometió
a don Evaristo a un examen radiológico y nos encontramos con este milagro de la
tecnología dentro del señor Chamorro. Desde entonces le han reconocido los más
prestigiosos médicos del seguro, e incluso, desde Cambridge se desplazó con todos los
gastos pagados el doctor William Berwanger, que obtuvo en el 57 el Nobel de Medicina por
sus trabajos sobre pancreatenfraxis u obstrucción del páncreas. Hemos hecho miles de
radiografías, cientos de análisis y docenas de sondeos radioscópicos, ya que se trata
de un caso absolutamente nuevo y original y la ciencia carece de experiencias previas. En
este caso no tenemos tradición y tenemos que ir improvisándola sobre la marcha.
-¿...?
-Todos nuestros esfuerzos resultaron infructuosos, inútiles. No hemos podido averiguar
casi nada. Le resumiré, para ser breve, las conclusiones a que hemos llegado. Primero: se
trata de un páncreas artificial, construido con un material desconocido y activado por
medio de un chip que genera su propia energía. Segundo: este páncreas ha sido colocado
en el cuerpo de don Evaristo hace más de setenta años, pues el interesado no se ha
movido de este centro desde 1923. Tercero: en cierto modo el páncreas artificial es una
bomba de relojería, pues en el circuito impreso que genera la fuerza motriz hay instalado
un componente que por su composición puede actuar de disolvente en caso de fallecimiento
del usuario.
-¿...?
-Exactamente, señor Cagigal; nuestro gran temor es que si su tío fallece, Dios no lo
quiera, la destrucción del páncreas artificial será automática e instantánea, pues
los dictámenes de los ingenieros electrónicos que han examinado las radiografías no
dejan lugar a dudas: Los seres que han colocado esta glándula no desean que sea examinada
por nosotros.
Lo que me estaba diciendo el doctor Churruca parecía sacado de un relato de ciencia
ficción: un páncreas artificial, unos seres extraños que operan a un pobre hombre a
principios de siglo, un mecanismo electrónico que destruye la glándula en caso de
fallecimiento del usuario. Sonreí espantado y me imaginé el estupor de mi pobre pariente
que se pasó la vida en un manicomio por decir que había conocido a unos seres superiores
y por presumir de viajero, de turista cósmico. La verdad es siempre muy peligrosa y hay
que saber dosificarla. ¿Quiénes habían sido los médicos que le operaron? ¿Habrían
sido los ángeles, acaso?
-La única solución que tenemos, según los expertos, consiste en intervenir a don
Evaristo y desconectar con el mayor cuidado el mecanismo electrónico para evitar la
destrucción de la glándula. Una vez logrado podrá ser examinada, analizada, copiada y,
sin duda, se obtendrán interesantes enseñanzas; pero, y eso es lo terrible del caso,
amigo mío, la operación y la extracción del páncreas implicaría el fallecimiento
instantáneo de su tío; se produciría, técnicamente, un asesinato, pues sería un
homicidio realizado con los agravantes de premeditación y alevosía. Tenemos un problema
espinoso entre manos. Su tío está protegido por la Ley, la ética y la moral y por un
páncreas revolucionario. Don Evaristo es el hombre mejor custodiado del mundo.
-¡...!
-Sí, sí, ese es exactamente el problema. En estos momentos y teniendo en cuenta de que
se trata de un hombre de 105 años, que no tiene ninguna posibilidad física ni mental de
recuperarse, parece que lo más lógico sería que ofreciese su vida para salvar la de
millones de seres humanos que sufren y mueren de pancreatitis; aunque sospechamos que el
bueno de don Evaristo debe muy poco a la sociedad, y que si de él dependiese se
marcharía al otro mundo con el páncreas puesto.
El doctor Churruca estaba desolado. No dejaba de ser irónico que la misma ley que había
enclaustrado en vida a don Evaristo, le protegiese ferozmente a la hora de la muerte. La
moral el derecho se entrecruzaban para obtener el fruto de un pobre demente que escondía
en su interior un tesoro precioso para la ciencia, pero ni el derecho ni la religión
querían entrar a saco en el cuerpo de don Evaristo y quedarse con un páncreas que no era
suyo.
-En este caso nadie quiere dar su brazo a torcer; me refiero al brazo jurídico,
naturalmente. El tribunal supremo ha dictaminado, en una causa que como es lógico se ha
instruido reservadamente, que teniendo en cuenta que el fruto que se obtendría del
páncreas de don Evaristo redundaría en beneficio de toda la humanidad, está dispuesto,
aplicando el principio del bien común, a conceder el correspondiente permiso para que sea
operado el señor Chamorro, siempre y cuando las autoridades eclesiásticas den su
conformidad por escrito y ante notario.
-¿...?
-Ya sabe usted como es el clero. Todo lo piensan en latín. El párroco dice que él
depende del obispo, el obispo le pasa la patata caliente al cardenal primado y éste
asegura que es el Papa el que tiene que decir la última palabra.
-¿...?
-El Papa espera a que el Espíritu Santo le ilumine, porque en el Vaticano todo es
cuestión de jerarquías.
-¡...!
-Lo mismo digo, amigo mío, lo mismo digo. Sin embargo cuando parecía que todo estaba
perdido, el insigne jurista avilesino don Jacinto Rosal Peralto, resolvió el caso con la
brillantez que le caracteriza, al desenterrar un viejo códice de derecho romano donde el
mismo Justiniano aconseja que en caso de desastre para la humanidad, el legítimo heredero
de la víctima, si ésta estuviese incapacitada para dar su conformidad, podrá hacerlo en
su nombre, renunciando previamente a los bienes y derechos que por el fallecimiento le
correspondiesen. Se trata, en pocas palabras, de que nadie, de una forma directa y
personal, se beneficie con la muerte ajena.
-¿...?
-Lo que pedimos es, en resumen, que nos autorice a operar a don Evaristo y a extraerle el
páncreas que atesora su cuerpo, para lo cual es preciso que firme este documento.
Y el doctor Churruca, muy finamente, puso ante mí un pliego debidamente reintegrado, para
que estampase la firma al pie.
Cuando ya estaba a punto de hacerlo, llevado por mi espíritu cívico y a pesar del gran
dolor que me causaba el fallecimiento de mi querido tío, el estridente sonido del
teléfono nos interrumpió.
-¿Dígame? -preguntó el doctor Churruca y exclamó a continuación: ¡No es posible,
Dios mío! ¡Qué desastre, qué desastre!
Y me miró con un aire tan compungido que lo adiviné todo antes de que pronunciase una
sola palabra.
-Su tío ha muerto. Hemos llegado tarde; un ataque cerebral se lo ha llevado al otro
mundo.
-¿...?
-Lo que nos imaginábamos. Inmediatamente después del óbito se produjo un derrame total
de las venas y arterias y don Evaristo que en paz descanse, se vació como un odre de
vino, se desparramó por la habitación. Fue una explosión integral de todos sus órganos
internos y lo que sospechábamos ha sucedido: el páncreas ha desaparecido.
El doctor Churruca me miró desolado y no tuvo fuerzas para decir nada más. Vi como su
cabello se iba quedando blanco por momentos y como unas minúsculas arruguitas le salían
alrededor de los ojos. En diez minutos, en un momento, el pobre hombre envejeció diez
años; en apenas un cuarto de hora el ilustre galeno se había convertido en una
caricatura de sí mismo. Yo no sabía qué decir y aunque el asunto aquel ni me iba ni me
venía, cuando lo pensé mejor me di cuenta de que acababa de perder, y de una forma
espectacular, a mi único pariente, que mi desgracia era algo así como quedarse
huérfano.
-¡Coño! -fue lo único que pude exclamar. |