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PSICOLOGIA Y SOCIEDAD
POR RAQUEL BUZNEGO CUETO
UN VIAJE EN EL TIEMPO
"Con la edad he aprendido que la belleza sólo existe
y es duradera si uno se quiere a sí mismo y se ama y mima por encima de todas las
cosas".
Cuál es tu sueño de
Navidad? me preguntaba el mes pasado esta publicación para su Especial en Asturias.
Pensando, pensando porque la respuesta es muy difícil y los sueños, sueños son,
aproveché para pedir aquello por lo que siempre pataleo, un mundo más justo, más
humano, más solidario, menos violento y, desde luego, menos individualista.
Como la vida me ha enseñado que es mucho más práctico vivir de realidades que de
sueños, he descubierto que tenía un tanto olvidada la capacidad para soñar y he aquí
que los señores de esta revista me han pillado en blanco. Evento por el cual he pasado el
mes reflexionando y como he puesto voluntad en el asunto aprovecho para expresar, en esta
ocasión, lo que tras tanta reflexión ha emergido como un sueño personal: viajar en el
tiempo.
Con la física nos hemos de topar, pero poco importa porque si de soñar se trata
cualquier barrera necesariamente ha de ser eliminada.
¿A dónde viajar?, jamás lo haría hacia el futuro porque perdería significado la
vida cotidiana en aras de lo que necesariamente habría de ser. Cada día debe ser
singular, una nueva experiencia y un nuevo aprendizaje y ha de ser necesariamente una
oportunidad de lucha por lo que convenga.
Haría una gran utilización de la máquina del tiempo. Viajaría hacia el pasado, a
los días que yo decidiera, supongo que a los buenos momentos, a algunos días de mi
infancia, a los veranos en la playa, a la noche en que, en una fiesta, me tocó la muñeca
más grande que jamás había tenido, a los inviernos nevados, a las tareas del campo que
reunían a gente capaz de compartir trabajo y diversión, etc.
A la escuela volvería poco, quizá de pasada, no recuerdo grandes momentos ni grandes
amigos. Por circunstancias fue un anticipo de las dificultades de los adultos, era una
niña despierta y muy estudiosa pero algunas maestras seguidoras del régimen se
empeñaban en discriminar a los hijos de quienes habían luchado contra el Alzamiento
Nacional, y yo era hija de uno de ellos. ¡Maestros! Son, en la mayoría de las ocasiones,
lo contrario a lo que deberían ser. Los niños han de ser tratados y educados con la
misma entrega, unos son mejores y más brillantes, otros son más desafortunados y más
torpes quizás, otros son más revoltosos y otros son hijos de delincuentes; pues para eso
les pagan, para homogeneizar y no juzgar. Decididamente no volvería a sentarme ante
algunas de mis maestras y espero que el tiempo les haya hecho pagar el mal que hicieron.
Volvería al Instituto. Por aquellos años comenzaba el gobierno a llevar estos centros
a algunas villas, así que cuando yo comencé la Enseñanza Secundaria hacía pocos años
que el centro funcionaba en el lugar. La enseñanza se aproximaba al ámbito rural. Mi
instituto estaba en el campo, las aulas eran clarísimas y muy soleadas, a veces me
distraía y miraba por la ventana, especialmente en las tardes de primavera cuando el
entorno se manifestaba particularmente bello.
La mayoría de las chicas de mi pueblo se quedaban en sus casas y se incorporaban al
mundo laboral, así que cuando me distraía pensaba en la diferencia que nos separaba y me
felicitaba por estar en aquel lugar.
La infancia fue quedando atrás y comencé a vivir como es menester que vivan los
adolescentes. Comencé a interesarme por los chicos y me enamoré, como casi todo el mundo
supongo. Ninguno de mis amores, por aquel entonces, llegó a buen puerto pero todos ellos
contribuyeron, entre otras muchas cosas, a conformar mi personalidad.
Con los amores y desamores vinieron los complejos. Siempre me gustó mi cara, pero
comencé a preocuparme por la estatura, las tías altas, creía yo, ligaban más y, por
supuesto, a los tíos más atractivos. Hubiera deseado ser más alta pero como lo que no
puede ser, no puede ser, hube de conformarme con poco más de metro y medio.
Cosas de la edad, porque con la edad he aprendido que la belleza sólo existe y es
duradera si uno se quiere a sí mismo y se ama y mima por encima de todas las cosas,
porque cada uno de nosotros somos seres excepcionales e irrepetibles y en esa
irrepetibilidad está la belleza del ser único.
Me ha costado tiempo aprender y comprender muchas cosas pero desde que las he aprendido
la vida me parece maravillosa. Nadie puede acomplejarme, no considero a nadie superior
porque tenga más estatura, me encuentro plenamente satisfecha con mi cara y mi cuerpo, me
siento tan joven o quizás más que hace unos cuantos años y desde luego deseo aprender
cada día más.
Por eso y porque soñar no cuesta dinero me placería viajar en el tiempo, vivir esos
fantásticos momentos que conformaron mi vida, reencontrarme con personas que para mí
fueron especialmente importantes, en el mismo sitio, en el mismo marco y en el mismo
tiempo y, permitidme un poco de maldad, también me placería chinchar a quienes me
hicieron sentir mal.
Viajar en el tiempo quizá me permitiría conocer a un hombre singular: Ernesto
Guevara; el hombre que luchó venciendo sus ataques de asma, que alegró a los leprosos
jugando con ellos y estrechando su mano, que consiguió superarse día a día en todo y
que renunció a su situación privilegiada para entregar su hacer y su vida a los demás.
Sin duda alguna, sueño con un mundo más justo y humano, y sueño también con viajar
en el tiempo pero mucho me temo que ambos sueños son inalcanzables.
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