Revista Fusión

 Subscripción RSS

FUSION también eres tú,  por eso nos interesan tus opiniones,  tus reflexiones y tu colaboración  para construir un  mundo mejor

Recibe nuestras noticias en tu correo

 


 

PSICOLOGIA Y SOCIEDAD

POR RAQUEL BUZNEGO CUETO

¿SOMOS CADA VEZ MAS VIOLENTOS?

"Estamos en plena barbarie, no se puede negar, todos los días saltan ante nuestros ojos incrédulos noticias escalofriantes".

PSICOLOGIA Y SOCIEDADHallábame dando un paseo por la ciudad mirando escaparates cuando ante una tienda de discos mi hija canalizó mi atención hacia un cartel que a ella le sorprendió. El título creo que era "Infarto" y la verdad es que no sabría precisar si anunciaba algún disco u otra cosa, porque la escena que en tal cartel se plasmaba era, como poco, monstruosa: aparecía una persona muerta y con un trozo de su cuerpo arrancado, tras esta persona se hallaban dos niños y una niña; ésta reía. Uno de los niños portaba un cuchillo y el otro sostenía en la mano el trozo de carne que faltaba del cuerpo.

Me puse en camino pitando porque tal visión fue para mí estremecedora. Desde entonces no paré de reflexionar acerca de ella.

Comenté con algunas personas el contenido del citado cartel. Una de ellas me dejó estupefacta cuando me espetó: "Tú no puedes cambiar el mundo, la vida es así y lo mejor que haces es aceptar las cosas como son".

Sé perfectamente que no voy a cambiar nada, pero trataba, al menos, de compartir mi angustia con personas que aparentemente son normales. Pero ya me percato que lo que acaece hoy en la sociedad escapa a toda normalidad y escapa sobre todo a toda sensibilidad.

Hoy es un cartel de un disco, mañana será de un extraño libro, pasado será de una película y los niños crecerán viendo estos carteles hasta que la sensibilidad ante estos macabros estímulos desaparecerá y desaparecerá también la sensibilidad ante el mal ajeno, ¡sálvese quien pueda! será la clave de la sociedad venidera, aunque mucho me temo que ya lo sea actualmente.

Películas de violencia, programas de TV que se recrean en contar una y otra vez, con pelos y señales, lo más degradante que un individuo es capaz de hacer, noticias en los periódicos que ponen a uno los pelos de punta y un sinfín de eventos más constituyen la tónica cotidiana, lo que más se vende porque, a fin de cuentas, es lo que la gente consume.

Hace unos meses aparecía en un diario una noticia escalofriante: los hechos ocurrieron en Rusia, una señora compró carne en un mercado; al comprobar que su perro la rechazaba puso el caso en conocimiento de las autoridades que descubrieron atónitas que se trataba de carne humana. Un suceso espeluznante que desgraciadamente puede que no sea tan aislado.

Estamos en plena barbarie, no se puede negar, todos los días saltan ante nuestros ojos incrédulos noticias escalofriantes. Hace poco me decía un joven deportista y estudioso que llegar a los setenta años era una suerte porque la vida se podía perder en cualquier momento. Me impresionaron sus palabras, es tremendamente desalentador que un adolescente que tiene toda la vida por delante haga semejante apreciación.

No se trata de alarmar pero las cosas son así: niños de corta edad que propinan una paliza a un compañero y lo envían, como poco, al hospital, adulto que saca la pipa y mata a un ser humano en el transcurso de una discusión sin mayor importancia, jóvenes que se ceban cruelmente con otros porque piensan de forma diferente, visten de forma diferente o proceden de un país diferente, fanáticos que se creen con derecho a matar en aras de ideología absurdas, y personas, aparentemente normales, que disfrutan del mal ajeno.

No hay duda, la violencia está creciendo de forma alarmante. Gran parte de ella podría ser controlada y la sociedad debe asumir el deber de contribuir a ese control. Comencemos por fomentar la capacidad de ponernos en el lugar del otro, empatía, del que sufre, del desvalido, del marginal y de aquel que viva como viva, tiene derecho a vivir.

Desde la familia, desde la escuela, desde el grupo social y, en definitiva, desde cualquier parte se puede contribuir, si hay buena voluntad de hacer, a generar empatía. Se trata, para empezar, de enseñar a la gente, a los niños de forma especial puesto que van a configurar el futuro, a identificar sus propias emociones, a reconocer qué las genera y a controlarlas porque serán capaces entonces, de comprender los sentimientos de sus semejantes y, como poco, de respetarlos.

En estos aprendizajes, sin duda alguna, puede asentarse una sociedad menos violenta, más tolerante y más altruista, de lo contrario la sociedad entera pagará por la barbarie que ha gestado, unos practicando y otros tolerando.

 

   

   
INDICE:   Editorial Nacional, Internacional, Entrevistas, Reportajes, Actualidad
SERVICIOS:   Suscríbete, Suscripción RSS
ESCRÍBENOS:   Publicidad, Contacta con nosotros
CONOCE FUSION:   Qué es FUSION, Han pasado por FUSION, Quince años de andadura

 
Revista Fusión.
I  Aviso Legal  I  Política de privacidad 
Última revisión: abril 07, 2011. 
FA