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PSICOLOGIA Y SOCIEDAD
POR
RAQUEL BUZNEGO CUETO
AMIGOS U
OPORTUNISTAS
¿QUIEN NOS RODEA?
Haber habrá,
pero con lupa se han de buscar. Afortunados deben ser quienes creen y alardean
de tener muchos y buenos amigos, pero yo no tengo más que dudas al respecto.
Siempre me gustó tertuliar,
intercambiar impresiones y aprender de los demás, pero de un
tiempo a esta parte cada vez me atrae menos, porque casi siempre
me encuentro con lo mismo: lecciones de moral, cómo se debe ser
y cómo se debe proceder; el mismo rollo desgastado a fuerza del
uso y abuso, teoría y más teoría.
Pues no me place soportar
charlas moralistas, porque casi siempre las protagonizan los
menos indicados con lo cual pueden ocurrir dos cosas: o escucho
el discursito mientras pienso en otra cosa o me implico
excesivamente en el tema. Si opto por la primera opción parezco
una estúpida carente de criterio y opinión, aunque, a decir
verdad, tampoco me importa excesivamente; si opto por implicarme
resulto, ya se sabe, un tanto desagradable, porque ante tanta
osadía ni me molesto en sutilidades, así que sin más le espeto
al orador que no me interesan sus teorías, que no tiene que
explicarme cómo se ha de ir por la vida, que no hay que hablar
ni justificar nada y que sencillamente hay que actuar.
Hay que abrir nuevamente los
brazos a quien se ha equivocado, hay que alabar y fomentar la
sensibilidad, hay que querer y perdonar, me decía una joven
recientemente; yo no salía de mi asombro, escuchaba y me
preguntaba ¿a qué viene este rollo?
El resentimiento por lo que
nos hacen o lo que nos ocurre con nuestros semejantes todos
sabemos que no es bueno ni sano, daña el organismo y se
convierte en una carga pesada contra la que se debe luchar, pero
¿quién no lo ha sentido? Me sorprenden las personas tan
perfectas que olvidan todo, que perdonan todo y que ofrecen su
mejilla nuevamente a quienes les han abofeteado. Pues no, yo
lucho contra mis instintos, no les deseo mal, sonrío si demandan
mi cordialidad, ayudo si se me pide, pero quedan borrados
definitivamente de la lista de las personas a quienes quiero.
Jamás se me ha olvidado
algo que hace unos cuantos aos me dijo un hombre de mi
aldea. Fue más o menos lo siguiente: mientras permanezcas donde
los demás te sitúan nada se alterará a tu alrededor, si luchas
y deseas mejorar tu condición los de tu entorno no te aceptarán
como lo hacían anteriormente y los del estatus al que pretendes
acceder procurarán ponerte los obstáculos que puedan porque a
nadie le agrada una persona con capacidades para superarse y
situarse en la posición que a ellos les vino dada por nacimiento
u otras circunstancias, muchas veces ajenas a su valía personal.
El hombre que se manifestó
en estos términos había superado la condición humilde en la
que había nacido y se había situado en el mundo empresarial de
forma bastante satisfactoria.
Muchos lo criticaron y
tacharon de oportunista. Si lo fue o no yo no lo sé porque no
conocí sus intenciones, pero cuando muchas jóvenes del entorno
se vieron favorecidas por el trabajo que les proporcionó su
empresa los criterios cambiaron radicalmente y el enemigo se
convirtió en un triunfador adulado.
La crítica, la envidia y el
odio eran agua pasada, nadie sabrá si aquel hombre logró
desterrar de sus convecinos los sentimientos adversos que le
profesaban pero, al menos, permanecieron ocultos en el corazón
de cada cual y ya pocos hablaron mal de quien primero lo habían
hecho.
Hay mucha gente buena, dicen
algunos, y muchas buenas conductas, ¡pues claro! Pero son muy
curiosas. Hay gente que colabora con organizaciones altruistas,
con causas loables, hay gente que apadrina a niños, que sale a
la calle pidiendo solidaridad para los marginados pero, a veces,
se les olvida que su vecino es un drogodependiente que necesita
ayuda y no censura, que hay nios en el colegio de sus hijos
que son y serán, si nadie lo remedia, unos marginados, que en la
acera de enfrente un hombre vende "Sin Techo" porque no
tiene un trabajo mejor, y que hay muchas personas en su entorno
cotidiano que piden ayuda y nadie se la va a prestar.
"Nadie es profeta en su
tierra", está más que comprobado. ¿Por qué será? Por lo
mismo, por lo de siempre, por la envidia, por las zancadillas que
la gente pone a sus vecinos, porque no se valora lo que se
habría de valorar, porque hay poca bondad en el corazón humano
y porque vivimos en una sociedad que valora excesivamente la
apariencia y la tenencia de bienes materiales.
He apreciado a mucha gente a
lo largo de mi vida y sin embargo a la mayoría no les pediría
un favor. Las personas que ayudan en situaciones límite son
inesperadas y en la mayoría de las ocasiones no se corresponden
con las que hemos considerado amigas.
Acudamos a las causas
cercanas, a nuestro entorno, a las necesidades de afecto de los
próximos y disfrutemos del bien ajeno y del crecimiento de quien
desea superar su condición, si fuéramos capaces de practicar en
algo tan sencillo no habría necesidad de traspasar fronteras
porque la humanidad y la ayuda estarían en cualquier parte del
planeta. |