Una vez tranquilizado el acusado, el
señor Carrasco continuó hábilmente el interrogatorio: "Explícate, majete, si
quieres librarte de la trena, que la cosa está que arde y como no te vayas del mui te
salen por lo menos treinta tacos".
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SEÑOR JUEZ... (I)
POR JOSE MANUEL VILABELLA
El testigo presencial
Manuel Torrecillas manifestó, cuando fue interrogado por don Severino que él,
efectivamente, estaba en el lugar antes mencionado y en el día de autos, a la hora
indicada y en compañía de su señora esposa doña Aurorita Alvarez, de profesión S.L.,
¿sociedad limitada?, no, señor juez, sus labores, sus labores, tomando un trinaranjus
sin burbujas en el chiringuito de la avenida de Cristóbal Colón. "¿Vio usted como
el acusado, presunto autor de la agresión que nos ocupa, apuñalaba con rabia a doña
María de la O Fernández mientras le llamaba "putón de mierda, pingo y mala
pécora?". "Lo vi y no lo vi, señor juez", contestó el testigo, y
después aclaró que aunque él dirigía sus ojos a la pareja que por allí pasaba, en
realidad los veía pero no los miraba, pues estaba absorto y preocupado por problemas que
no vienen al caso pero que están relacionados precisamente con una incontinencia de
esperma o eyaculación precoz, con que la divina providencia le viene flagelando desde que
era un mocito. El señor Torrecillas, don Manuel, puntualizó seguidamente que se dio
cuenta del drama por los grandes gritos que lanzaba la víctima, pues ésta, aunque había
recibido cinco puñaladas que le habían causado graves lesiones por las que sangraba
abundantemente, seguía conservando plenamente su capacidad de expresión cuando llamó a
su presunto agresor don Manuel Seisdedos Naranjo, "calzonazos", "mal
hombre" y "pimientito". Ante la mirada de asombro de don Severino, juez de
Instrucción de la promoción última, y por lo tanto nuevo en el cargo, el señor
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