
Un día me dijo que él era el
vínculo entre el hombre y la sagrada Red, y que en su interior se conservaba la
sabiduría que un día había pertenecido al hombre y que éste había perdido a medida
que se había vuelto vanidoso y había despreciado lo sagrado de su interior. |
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CUENTO INDIO VI:
"LA MUJER GUERRERO Y EL LOBO"
POR ELENA G. GOMEZ
Por mucho que mi madre
tratara de hacerme entrar en razones, yo no era capaz de entender por qué una mujer no
podía ser un guerrero.
Yo había demostrado tener mucha mejor puntería, ser más rápida, más valiente y más
silenciosa que muchos de los jóvenes que ahora se preparaban con los hombres de la tribu
para ser los futuros guerreros.
Yo no me daba por vencida y acudí al jefe de la tribu, a los ancianos y también al
consejo, pero nadie aceptaba que yo pudiera convertirme en una guerrera, nadie estaba
dispuesto a romper con la tradición.
"Debía admitir mi condición, debía saber valorar la labor de
las mujeres de la tribu", me decían, pero ¿qué podía hacer yo con la rebeldía
que había en mi interior?, ¿quién la podía acallar?
Las mujeres de la tribu murmuraban a mi paso, ellas creían que las
ofendía, pero esa no era mi intención, yo las respetaba y admiraba, pero no me sentía
igual que ellas. Yo no quería ser un hombre, yo estaba orgullosa de ser mujer, pero
quería ser una mujer guerrero, una mujer capaz de luchar por salvar a mi gente.
Sé que al principio muchos pensaron que con el tiempo se me pasaría, que aquello era
sólo un capricho de niña, y que cuando me hiciera mujer lo que más desearía era tener
un hombre a mi lado y formar mi familia.
Pero yo veía que el tiempo pasaba y que nadie me hacía caso, y
empecé a preocuparme, cad
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