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Violencia de género y sensacionalismo

Escrito por Isabel Menéndez 18 Febrero 2009
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Parece que fue ayer pero lo cierto es que han pasado muchos años desde la desaparición de las niñas de Alcàsser. Aquellos brutales asesinatos tuvieron el triste honor de inaugurar el sensacionalismo informativo en nuestro país. violeta.jpg
Un teatro fue el lugar para la puesta en escena de un tratamiento periodístico vergonzoso del que un nombre quedó para la historia, el de la periodista Nieves Herrero, cuya estrella no volvió a ser la misma tras el bochornoso espectáculo de la televisión escarbando, en riguroso directo, en el dolor de las personas allegadas a las tres adolescentes torturadas y asesinadas. En aquel entonces, todavía no se hablaba de violencia de género porque los asesinatos de mujeres no formaban parte de la agenda mediática. Y, de hecho, tampoco de la agenda política. Sin embargo, los crímenes de esas niñas fueron violencia de género, aunque no violencia doméstica.
La violencia de género tardaría unos pocos años en llegar a la televisión, los que tardó Ana Orantes en ir a contar su historia de maltrato en un programa de la televisión. Desde 1997, cuando ella denunció al ex marido que seguía amenazándola (y que la asesinó unos días después, quemándola viva) las agresiones que las mujeres sufren por razón de su sexo forman parte del discurso mediáticoCon la desaparición y muerte de Marta del Castillo estamos asistiendo a un nuevo espectáculo mediático en el que no parecen existir ni la prudencia judicial y humana requeridas, ni los límites éticos exigibles al ejercicio del periodismo y su visibilidad es un hecho incuestionable. Sin embargo, las expertas advierten que el tratamiento que reciben estas noticias sigue siendo inadecuado, sobre todo en programas televisivos distintos de los telediarios. En efecto, otros formatos de televisión, más centrados en el espectáculo, pero también algunos que se podrían denominar programas de actualidad, como los magazines, son los que ahora aparecen como constructores de una información mal elaborada, sensacionalista la mayoría de las veces y que no ayuda a avanzar hacia una sociedad en la que las mujeres vivan libres de violencia.
El último y vergonzoso ejemplo, que nos devuelve a la época de Nieves Herrero y su teatro valenciano, es el que estos días podemos ver y escuchar en algunas emisoras de televisión en relación a la muchacha presuntamente asesinada en Sevilla y que, cuando escribo estas líneas, todavía no ha sido encontrada. No obstante, un chico, con el que parece que mantuvo una corta relación sentimental, se ha confesado autor del crimen. Con la desaparición y muerte de Marta del Castillo estamos asistiendo, años después y a pesar de la supuesta sensibilización frente al maltrato, a un nuevo espectáculo mediático en el que no parecen existir ni la prudencia judicial y humana requeridas, ni los límites éticos exigibles al ejercicio del periodismo. A los platós han llevado a familiares directos de la chica, como su padre, quienes probablemente no son muy conscientes de lo que hacen en momentos tan vulnerables, ante la necesidad de exigir justicia y la esperanza de que, en el fondo, Marta pueda ser encontrada viva. Y también han puesto los focos sobre otra adolescente, supuesta novia del confeso asesino, a la que han hecho hablar en televisión, probablemente olvidando la legislación que obliga a proteger a las personas menores de edad. Nada da peores resultados que los programas en directo cuando todavía hay poca información porque todo vale, desde las declaraciones del vecindario del presunto asesino hasta las expresiones de venganza de la gente que se agolpa indignada ante los juzgados para insultar a los detenidos.
Se comprende la furia y el dolor, pero las cámaras deben seleccionar aquellos mensajes potencialmente lesivos y elegir otros que no se regodeen en la violencia, la sangre y, en definitiva, el sensacionalismo. Y, además, deben informarse y documentarse correctamente. Porque el asesinato de Marta del Castillo (si finalmente aparece muerta) es violencia de género (aunque no doméstica) a pesar de que los juzgados específicos no lo tramiten, porque en España la Ley Integral únicamente regula la violencia de género que se produce entre parejas que son o han sido estables y, especialmente, entre las que conviven o han convivido en el pasado. Pero la violencia de género, recordemos, es la que sufren las mujeres por razón de su sexo. Δ