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Tiempo de efemérides

Escrito por Isabel Menéndez 24 Diciembre 2008
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Diciembre es uno de esos periodos del año en el que se suceden las efemérides. En España, por ejemplo, celebramos que fue un día 6 de ese mes cuando la ciudadanía habló a través de las urnas para aceptar la Carta Magna que actualmente es la garantía de nuestra democracia. Este año, la Constitución Española ha cumplido 30 años y, por aquello de que las cifras redondas son adecuadas para los homenajes, se han sucedido los actos dedicados a recordar tan importante cita.
violeta.jpgA nivel internacional, el año 2008 ha conmemorado el sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sucedió un 10 de diciembre. La humanidad intentaba superar los horrores de la Segunda Guerra Mundial y, en ese marco, se consideró prioritario sancionar la dignidad e igualdad inherente a todos los seres humanos. En la actualidad, las Naciones Unidas resaltan que dicho texto “ha sido y sigue siendo una fuente de inspiración de los esfuerzos nacionales e internacionales para promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales”. También un 10 de diciembre, de 1860, las mujeres pudieron ejercer, por primera vez, el derecho a voto. Fue en Wyoming (USA) y la verdad es que apenas he visto recogida esta efeméride en la prensa.
Es paradójico, sin embargo, que cuando nos acercamos al final de la primera década del siglo XXI, la vida humana esté más amenazada que nunca en un planeta sometido a la destrucción medioambiental y a la tiranía de un modelo de desarrollo (especialmente en su vertiente económica) que no parece respetar los principios más elementales. Así las cosas, no deja de ser un soplo de esperanza que el Parlamento Europeo haya dicho no a la jornada laboral de 65 horas. La jornada de trabajo en la Unión Europea es, en la actualidad, de 48 horas (en España de 40) y una directiva pretendía que ésta fuera ampliada hasta las 65. Esta medida era una más de las que se han ido introduciendo en la segunda mitad del siglo XX y que, poco a poco, han ido limitando los derechos de las personas trabajadoras. Quienes argumentaban a favor de esta ampliación proponían que fuera posible en el marco de la negociación entre aquéllas y las empresas. La jornada de 65 horas forma parte de un pensamiento que intenta limitar hasta casi su desaparición la negociación colectiva, la única posibleUna auténtica falsedad pues, como sabemos, no existe negociación entre desiguales. Y la jornada de 65 horas forma parte de un pensamiento que intenta limitar hasta casi su desaparición la negociación colectiva, la única posible (aunque limitada). Francamente, poco queda de la revolución obrera y, quienes defienden un mercado de trabajo sin apenas garantías, no tienen interés en recordar que la disminución de la jornada laboral fue uno de los derechos alcanzados gracias a la presión sindical y obrera. Por ello, también es una asignatura pendiente de los regímenes totalitarios.
Es una auténtica contradicción que esta directiva se pretenda aprobar precisamente ahora que, en Europa, ha ido calando la necesidad de un trabajo compatible con la vida personal y familiar, en gran parte gracias a la labor de los grupos feministas. Mientras que las políticas de igualdad impulsadas por la propia Unión Europea inciden en la urgencia de favorecer la conciliación que, además, se ha observado como un instrumento para mejorar la competitividad, el pensamiento neoliberal se cuela sin problemas en las mismas instituciones, para intentar imponer un modelo que niega derechos todavía apenas alcanzados y poco consolidados.
En España, las jornadas laborales son interminables (especialmente las de las mujeres) mientras que el modelo empresarial mayoritario es paternalista y obsoleto, un modelo que únicamente valora la permanencia en el puesto de trabajo (en lugar del logro de objetivos). Ello se traduce en que muchas personas superan ampliamente las 40 horas semanales marcadas por la ley y en que la conciliación es una utopía para la mayoría. ¿A dónde iríamos con una legislación que permita, sobre el papel, alcanzar las 65 horas? Sería un terrible retroceso en los derechos laborales de todas las personas y un problema todavía mayor para el empleo femenino, siempre más precario. Δ