Otros Voces La Hora Violeta ¿Qué les pasa a los hombres?

¿Qué les pasa a los hombres?

Escrito por Isabel Menéndez 05 Junio 2008
( 3 Votos )
Imprimir
¿Qué les pasa a los hombres? 3.3 out of 5 based on 3 votes.

Escribía Sol Gallego-Díaz que, si en los últimos cinco años, 340 varones hubieran sido asesinados por sus parejas, existirían decenas de organizaciones femeninas dispuestas a combatir ese espanto, dedicadas a educar a sus hijas de otra forma. Seguramente, sostiene la periodista, la mayoría de ellas pensaría que algo iba mal en la formación del carácter femenino si ésa era la consecuencia.
La Hora VioletaPero la realidad es que han sido 340 varones los que han matado a sus compañeras y lo sorprendente, escribe Gallego-Díaz, es que los hombres actúan como si la violencia machista no fuese con ellos e incluso les repugna cualquier generalización respecto a ellos mismos.
Los hombres que matan a sus parejas o ex parejas no están locos, ni son drogadictos, ni alcohólicos. Son individuos violentos que actúan con premeditación y plena conciencia. Este es el resultado de un estudio que acaba de presentar el Grupo de Expertos en Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial, tras analizar 147 sentencias. Los hombres que matan a sus parejas o ex parejas no están locos, ni son drogadictos, ni alcohólicos. Son individuos violentos que actúan con premeditación y plena conciencia. El consumo de drogas y alcohol sólo apareció en un 3’4% de los casos; la alteración psíquica, en un 5’4%. Sin embargo, cuando conocemos un nuevo caso de violencia, no es raro escuchar frases como “tenía que estar loco”. Lo mismo ocurre ante horrores como los cometidos por Josef Fritzl, el austriaco que mantuvo encerrada a su hija durante 24 años en un zulo bajo tierra, que la violó desde la infancia y que, como fruto de esos abusos, tuvo siete hijos/as nacidos/as en cautividad y encerrados la mayoría de ellos también: la locura parece la única solución para entender la atrocidad. Alberto Fernández Liria, neuropsiquiatra, escribía en El País que, pensar en aquello que no consideramos humano como producto de una enfermedad, nos evita el trance de aceptar la maldad de nuestros iguales. El coste, sin embargo, es alto, pues niega la responsabilidad de quien ejerce esa acción y, además, relaciona enfermedad mental con violencia, estigmatizando aún más a ese colectivo de personas. No hay enfermedad mental que explique el inhumano proceder de Fritzl, que sabía que su conducta era deleznable y por eso la ocultó. El mal causado a esos hijos/as es irreparable, como lo es el asesinato de las 340 mujeres, pero no se debe a ninguna enfermedad: “empezamos a querer ver enfermos mentales donde sólo hay malvados y acabamos viendo malvados donde sólo hay enfermos mentales”, explica Fernández. Ni se debe a que Fritzl sea un monstruo, aunque denominarle así le sitúa, una vez más, lejos de nosotros/as, porque lo ajeno o patológico permite confirmar nuestra propia salud mental. Sin embargo, como explicaba Mariano Maresca, el caso que los medios de comunicación han llamado “El monstruo de Amstetten” sólo demuestra que, en nuestra especie, existe la conducta criminal.
La verdad está aquí mismo, pero hay que querer asumirla. Elfriede Jelinek, premio Nobel de Literatura en 2004, también austriaca, publicó en Internet una reflexión sobre este caso, relacionándolo con las estructuras patriarcales. En su artículo “En el abandono”, la autora asocia ideas sobre ese calabozo subterráneo donde Fritzl encerró y violó a su hija, y habla de un “abuelo-dios-padre” que reina sin límites, en un mundo donde no hay ruido ni gritos y donde nadie cuestiona su autoridad. Jelinek recorre el imaginario masculino que todavía hoy se perpetúa en la educación de los varones para interpretar los actos de su compatriota, dejando claro que todo tiene que ver con “la palabra del padre”, es decir, con la autoridad masculina.
Los actos terribles que llenan los diarios son el resultado de una educación que todavía no ha cambiado. La violencia de género es un problema de poder y un problema de los hombres que, sin embargo, padecen las mujeres. Esa es la realidad. Ellos deberían preguntarse qué es lo que está equivocado en el carácter masculino para que muchas relaciones que eran de afecto, terminen en crimen.