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Exotismo

Escrito por Elena F. Vispo 12 Enero 2009
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Dice el ex-presidente Ánsar que la victoria de Obama en Estados Unidos es un exotismo. Histórico, pero exotismo al fin y al cabo. Una excentricidad de los norteamericanos.
El Ventano. HastíoPorque los norteamericanos, entiendo yo, que viendo lo bien que les iba con el presidente anterior han dedidido poner a uno un poquito más progre (a ver), y además negro. Porque sí, por probar, por ser modernos y exóticos, hombre. Pero este capricho desembocará, afirma Ánsar, en un “previsible desastre económico”. Porque ser moderno tiene un precio, supongo.
Hablando de economía, el amigo Ánsar nos regala las recetas contra la crisis: “liderazgo, disciplina, más flexibilidad, menor gasto público, fuentes limpias y seguras como la energía nuclear, producción privada de los servicios de salud, mayor liberalización de los mercados”. Hombre, que un tipo que niega toda evidencia de cambio climático afirme que la energía nuclear es la panacea, tampoco tendría que sorprender a nadie. Que defienda a ultranza la liberalización de los mercados, en un sistema económico que le ha hecho rico a él y a su familia, pues tampoco. Y que postule la privatización de la sanidad, él que puede pagarse un seguro privado, más de lo mismo. Todo esto lo digo tirando de  obviedades como las de Ánsar, por ejemplo: “Obama es una persona de raza negra que ha llegado a ser presidente de Estados Unidos”. Una cosa es cierta: Ánsar habla y hace eco. Es como ese pariente plomizo que vive, gracias a Dios, lejos, pero llama de vez en cuando por teléfono, para poner a caldo a toda la familia.Pues eso.
Siguiendo con las definiciones, dice el compatriota que el nuevo dirigente es la prueba de que el sueño americano existe. En esto coincido, pero no necesito a un yanki para demostrarlo: miremos al propio Ánsar. Quien le diría a ese chavalillo con bigote (porque nació con bigote ¿no?), cuando estaba en Valladolid, que llegaría a presidente español, que viviría en el ombligo del mundo, codeándose con los pesos pesados de la política mundial, poniendo los pies encima de la mesa, corriendo más que una gacela del Serengueti. Y luego, ya retirado, como conferenciante en Georgetown: lo nunca visto. Irse a vivir su propio sueño americano es un gesto que le honra, teniendo en cuenta que más de uno le consideramos una pesadilla española. “Los grandes pueblos son desagradecidos”, Churchil dixit y Ánsar respalda. Ay.
Por mucho que me moleste, una cosa es cierta: Ánsar habla y hace eco. Es como ese pariente plomizo que vive, gracias a Dios, lejos, pero llama de vez en cuando por teléfono, para poner a caldo a toda la familia. Uno no elige conscientemente a sus familiares pero sí -es un decir- a sus presidentes. Y por lo tanto a sus ex-presidentes. Por eso no deja de ser ¿cuál es la palabra? curioso, que un ex-presidente esté por encima del bien y del mal. No deja de ser ¿curioso? que se permita opinar de todo lo opinable y encima le escuchemos. Viene de un país lejano, cree que influye en la vida española y, lo que es peor, probablemente tenga razón. No deja de ser exótico.
Dice este hombre que “es más fácil llegar al poder que dejarlo”. A la vista está. Δ