Otros Voces El Arbol del Buho Diferentes

Diferentes

Escrito por Elena G. Gómez 30 Mayo 2008
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Entro en El Corte Inglés para ir a recoger el coche que dejé en el garaje del comercio. Voy hacia la máquina para recoger el ticket del parking y para ello tengo que atravesar una planta que está llena de ropa interior.
buho.jpgEs un recorrido que he realizado muchas veces y siempre experimento la misma sensación, -al caminar entre pasillos y pasillos llenos de sujetadores-, y me hago la misma pregunta: ¿Qué experimentaría una mujer africana si, de repente, se la trasladase aquí?
Me imagino sus ojos abiertos como platos, su cara llena de sorpresa, desconcierto y sobre todo incomprensión. Pienso que una mujer africana, de ésas que tiene que recorrer varios kilómetros todos los días para ir a buscar el agua que necesita su familia, nunca comprendería cómo puede haber una extensión tan grande de sujetadores y bragas perfectamente alineados, no entendería para qué se necesitan tantos y tan distintos. Es muy liberador comprender que no hay que ser diferente, distinto, exclusivo, único. Que lo que tú vives es lo mismo que experimentan millones de personas, y al no ser exclusivo ni único también desaparece esa sensación de soledad.
Y me imagino que me mira y que me pregunta y yo sólo tengo una respuesta: estupidez.
Yo, confieso, aunque no soy africana y tampoco tengo que recorrer kilómetros en busca de agua, tampoco lo entiendo. Entiendo que tengan que existir tamaños diferentes, pero el resto añadido, que si las puntillitas (que además pican un montón), que si los que tienen relleno (para presumir de lo que no se tiene), etc., forman parte de un comercio que no sólo lleva a crear necesidades donde realmente no existen, sino que induce, en este caso a las mujeres, a crear mitos e ideas que luego atrapan y la mayoría de las ocasiones sólo sirven para crear complejos y diferencias.
Y es que necesitamos sentirnos distintos, creer que somos distintos a los demás, creer que lo nuestro es lo mejor, o lo más grande, o lo más trágico, o lo más desgraciado, lo que sea, da igual, el caso es creernos siempre distintos a los demás.
Y ése es nuestro principal error, pero además no sólo nos lo creemos, sino que lo alimentamos, lo defendemos y lo valoramos.
Pero, ¿qué sucedería si comprendiéramos que no somos diferentes los unos de los otros? Si entendiéramos que las soluciones que necesitamos ya existen, que no hay que inventar nada nuevo para "curar" nuestros problemas y que sólo hay que hacer las cosas que en realidad no se hacen.
Hace un tiempo que he decidido mirar hacia nosotros, los hombres, como una especie más dentro de este planeta, así, simplemente, una más, porque en realidad los hombres miramos al planeta como si fuera de nuestra propiedad, y contemplamos a las demás vidas como inquilinos.
Decidí, repito, mirarnos simplemente como una especie, como un grupo, y reconozco que en el análisis salimos perdiendo respecto a las otras especies.
Somos, sin duda, la especie más engreída, la que se cree superior, sin embargo, ante cualquier desastre sobrevive cualquier microorganismo por muy simple que parezca, antes que nosotros, por tanto, entiendo que es hora de mirar la realidad, de ponernos en nuestro lugar, de dejar de perder el tiempo en buscar las diferencias y sí mirar nuestras semejanzas.
Yo me siento mucho mejor desde que he dejado de creerme diferente a los demás, noto como si me hubiera quitado un peso de encima, no soy mejor ni peor, no me comparo y por tanto, tampoco juzgo, y todo ello me lleva a mirar objetivamente las cosas que hacemos, nuestros comportamientos, nuestros miedos e inseguridades.
Y puedo decir que al quitarme esa idea, siento mucha más complicidad con todas las personas, porque si quiero entender algo sólo tengo que mirar dentro de mí y entonces lo puedo comprender.
He comprendido que igual que por ejemplo mis ojos son aparentemente distintos a los de cualquier otra persona, diferentes en tamaño, en color, o en brillo, en el fondo son iguales a todos los demás. Sirven para lo mismo, funcionan con el mismo mecanismo, y no quiero ni imaginarme lo que implicaría si eso no fuera así, porque inmediatamente supondría que si una persona tuviera un problema en sus ojos, y estos fueran exclusivos, también significaría que tendría que tener un tratamiento específico, diferente, es decir, algo imposible.
Es muy liberador comprender que no hay que ser diferente, distinto, exclusivo, único. Que lo que tú vives es lo mismo que experimentan millones de personas, y al no ser exclusivo ni único también desaparece esa sensación de soledad.
Es muy liberador comprender que nosotros, como especie, estamos en una fase muy niña y que todavía tenemos que aprender. Después, en un futuro, cuando terminemos la carrera, podremos empezar la especialización, pero de momento somos sólo eso, alumnos.
Haz la prueba, deja de ser exclusivo, siéntete igual, uno con todos los que te rodean, no necesites ser ni tener ni aparentar más que nadie. Piérdete en la inmensidad, desaparece en la multitud, tal vez así, sumergido en todo, perdido en la nada, encuentres realmente lo que te hace diferente, sencillamente porque la diferencia en cada uno no está fuera, sino dentro y sólo se llega hasta ella después de haber perdido toda necesidad de ser diferente a los demás.