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La publicidad es un arma cargada de futuro

Escrito por José Romero Seguín 18 Julio 2008
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Qué fue primero, la oración o canto del espíritu del hombre entregado a dios, o la poesía como esfuerzo espiritual del hombre que busca expresarse a través de ella libre, entero y verdadero en la acción de vivir. Creo que poe-sía y oración coexisten en el ser humano desde el inicio de los tiempos.
aleph.jpgAfirmó Antonio Machado, gran orador y magnífico poeta: "Quien habla sólo espera hablar a dios algún día", y fue esa poesía-oración, sincero diálogo con dios. Sin embargo, Gabriel Celaya, obrero del verso, afirmó: "La poesía es una arma cargada de futuro", y en ese poema asentó las bases de la verdadera conciencia de la poesía como íntimo y social instrumento de revolución, de exaltación del hombre por y para el hombre que se sabe y tiene a su vez conciencia de los demás.
En sus últimos anuncios, las grandes compañías energéticas juegan con la poesía y la oración, para sus fines. A través de ellos nos dicen: “No temáis, aquí estamos velando por vosotros, iluminando vuestro futuro y sosteniendo vuestro pasado”. Con el desarrollo de las sociedades, el Hombre se fue diluyendo en el grupo para dar paso a otro hombre, un hombre al que no le satisface la oración porque no nace de la idea de dios ni para dios, pero tampoco se identifica con el Hombre, al no reconocerse como ser necesitado de conciencia. Y hablo del hombre que se nuclea en torno a una esperanza exterior y frágil pero confortable, la de la civilidad, la que le ofrece el sistema social, dios y hombre en sí mismo. Y para dar respuestas a esas nuevas necesidades nace la publicidad, la propaganda, ella va a ser la nueva oración y también la nueva poesía. Pero si no es ésta ni oración ni tampoco poesía, qué es, solamente un esfuerzo de contenido puramente material que asienta sus sólidas bases sobre la posesión y una proyección que le despierta a una conciencia que no es tal, sino inconsciencia, pero que le provee de lo auténticamente real y tangible, de aquello que le proporciona en definitiva dicha y dolor en el mismo acto.
Para esa nueva fe se necesitan instrumentos capaces de conciliarla, capaces de hacer de ella algo más que un tránsito contingente, para instaurarla como algo definitivo. Y qué mejor para ello que la propaganda que le aboca sin duda al consumo desaforado y a la negación del espíritu individual frente al supuesto espíritu social.
Todos podemos, tal como ya he dicho, gritar, la publicidad es un arma cargada de futuro, pues es ella quien nos comunica con ese dios del que nos creemos liberados y con el hombre que hemos ignorado para ser el objeto de otro esfuerzo, ése que nos nombra en la mera apariencia de vivir.
El hombre no es ya un animal de costumbres sino de consumo, que vive en un mundo en el que las preguntas se formulan a fin de crear nuevas necesidades en las que hallemos los hombres nuevas respuestas. Un mundo en el que las metáforas nacen supeditadas a él, en el que la poesía y la oración se adaptan a él y se interpretan para y por él.
Buena prueba de ello son estos últimos anuncios con los que las grandes compañías energéticas juegan con la poesía y la oración, para sus fines. A través de ellos nos dicen: "No temáis, aquí estamos nosotros velando por vosotros, iluminando vuestro futuro y sosteniendo vuestro pasado, es más, constituyéndonos en promesa de eternidad". En ellos, unos y otros, nos hablan de la filantrópica y ecológica acción que parecen venir desarrollando desde el umbral de los tiempos en el esfuerzo de sostener lo dado y proveernos un nuevo mundo, en el que no cabe la renuncia. De todos ellos, se me antoja oscuro y repugnante ése en el que se utiliza a los niños, expresión viva de la utopía, animándolos a no renunciar a nada, invitándolos a reinventarlo todo, eso sí, siempre bajo su tutela. La maldad intrínseca que encierra, supera a esa otra que en el armonioso juego de logros que pertenecen a la oración y a la poesía terminan hablando en la mímica de abrir y cerrar la mano de la necesidad de proteger el planeta por el bien del símbolo de la compañía, pues no me cabe la menor duda de que ellos están dispuestos a exprimir al primero en beneficio de los que el segundo representa, a su empresa, y no al contrario como tratan de hacernos ver.
La energía es necesaria, su gestión también, pero no pueden olvidar estos hombres que ellos y sus multinacionales no tienen derecho alguno a apropiarse, en el nombre de esa necesidad artificial que representan, de un ser que no es esclavo de dios ni dueño de sí, sino el siervo feliz de una necesidad impuesta por ese ser en el que no se reconoce pero en el que se ha convertido. §