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El chocolate del loro

Escrito por José Romero Seguín 09 Febrero 2009
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Esa es la expresión preferida a la hora de justificar el elevado gasto que supone mantener el mastodóntico aparato administrativo y político que soporta el país.

Tendría sentido, si como en el caso de la familia burguesa fuese, en la metáfora, uno solo el pájaro, y no una bandada como es en el nuestro, por lo que tal vez no resulte tan descabellado plantear someterlo a recorte.aleph.jpg
Diecisiete gobiernos autónomos, los dos de las ciudades de Ceuta y Melilla, el central, todos ellos acompañados de sus Parlamentos y sus correspondientes aparatos administrativos, más el Senado y la Corona, se me antoja, sin necesidad de atenerme a dar cifras, excesivos.
Juzgo que si un día dispusiésemos a todos los funcionarios y políticos en hilera, ésta sería, al igual que la gran muralla china, visible desde el espacio exterior.
Qué pensaríamos de una persona que teniendo unos ingresos de mil euros al mes, contratara para administrarlos una empresa que le cobrara dos mil. Que es idiota: sentenciaríamos sin vacilar. Pues en esa idiotez vivimos hoy, gastando en gestión cifras de todo punto de vista intolerables si las comparamos con la exigua renta de que gozamos.
España es hoy una nación habitada por gobiernos. Gobernada hasta la saciedad. Cercada de centros oficiales, al igual  que panteones en cementerios, así abundan unos y otros.  No hay palacio, palacete, caserón, casona -y en su ausencia o como complemento se levanta uno nuevo-, en el que no se lea “aquí yace la sede de un ministerio, diputación, ayuntamiento, consejería u organismo autónomo”.
En estas horas de gravísimos recortes deberíamos reflexionar sobre la verdadera necesidad de tanta segregación, de tanto autogobierno, de tanto derroche para un fin en el que coincidimos todos, el de ser gobernados con eficacia y justicia.
España limita en cada una de sus orientaciones con sus respectivas instituciones. Es más, somos una denominación de origen en el arte de cultivar instituciones, tanto que deberíamos empezar a pensar seriamente en exportarlas. Es decir, construir edificios suntuosos,En estas horas de gravísimos recortes deberíamos reflexionar sobre la verdadera necesidad de tanta segregación, de tanto autogobierno, de tanto derroche para un fin en el que coincidimos todos, el de ser gobernados con eficacia y justicia. perfectamente pertrechados de mostradores para empleados y cubículos para jefes de negociado, y luego venderlos a otros países. Como se venden petroleros o barcos de recreo. También podemos exportar políticos y funcionarios. Si no lo hacemos y si seguimos cultivándolos para uso propio va a llegar el momento, en el que no sólo no podamos sostenerlos económicamente, es que no vamos a tener espacio físico para ellos.
Ya no se trata de España frente a las nacionalidades, se trata de mostrarnos cuerdos, de tomar conciencia de lo que somos juntos y de lo que somos por separados. Y una vez en esa conciencia, intentar discernir si podemos uno a uno soportar el peso de un estado moderno, es decir, dotado de instituciones y órganos de gobierno que no superen en coste a las necesidades para las que fueron creados. Quiero decir, que la consejería de sanidad, por poner un ejemplo, no puede invertir en su organigrama interno más de lo que invierte en hospitales, médicos e instrumental adecuado.
La sociedad tiene un sentido práctico, a él sacrificamos nuestra singular condición: si ésta deja de serlo, si la organización nos desorganiza, si el instrumento se convierte en la necesidad, ¿no estaremos cayendo en la locura de negarnos en el acto de afirmarnos, no deberíamos revisar nuestra concepción de la misma, para dimensionarla y adaptarla a nuestras reales necesidades?
Sé que se puede afirmar, sin mentir, que hace unos meses con las mismas instituciones, con los mismos políticos y gobiernos, el dinero rodaba, pero no se puede ignorar que ese fue el momento de atesorar, de reforzarnos para los malos tiempos. Y no sólo eso, sino de haber invertido más en esas infraestructuras que son más que necesarias, vitales, en la dignidad que como personas merecemos, y que hoy por hoy no se respeta. Hablo de listas de espera para revisiones médicas e intervenciones quirúrgicas, de residencias de la tercera edad que son auténticos campos de concentración, de servicios sociales y educativos reales y dotados de las partidas presupuestarias que su ejecución exige... Hablo, en fin, no de lo necesario sino de lo esencial.
Hemos vivido de los Fondos Estructurales y de Cohesión para la convergencia con Europa, pero eso se acaba, y habremos de ser en la medida de nuestras fuerzas. Y honestamente no creo que las hallemos si no somos capaces de ser posibles como Pueblo y como Estado.
Ladillo: En estas horas de gravísimos recortes deberíamos reflexionar sobre la verdadera necesidad de tanta segregación, de tanto autogobierno, de tanto derroche para un fin en el que coincidimos todos, el de ser gobernados con eficacia y justicia.Δ