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Los papeles perdidos

Escrito por Carolina Fernández 05 Diciembre 2008
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Ay los papeles, dichosos papeles que nunca aparecen cuando se necesitan. Qué me va a contar, si en mi casa pasa lo mismo. Venga a organizar todo para luego no encontrar nada. Bueno, ¿me decía?
(...) Ah, eso, que si sé dónde están los papeles, que todo el mundo los quiere ver. El dinero y la fe¿Pero cómo les ha dado ahora por revolver ahí? Ya, no me cuente, la prensa es que se mete en todo. Pues qué quiere que le diga, yo no me acuerdo (...) ¿Cómo voy a hacer memoria? ¿Sabe lo que ha llovido ya? De acuerdo, sí, vamos a pensar. Yo limpié el despacho, supongo, como siempre hago. (...) ¿Y qué sé yo? No me ponga nerviosa, que bastante tengo con lo mío como para acordarme de dónde se pudieron meter los dichosos papeles, que además son cosa suya más que mía. A ver, dice que los dejó encima de la mesa el día de la jornada de reflexión. Ya. Y que a la vuelta ya no estaban. Ya. Normal, jefe, es que aquí entra cualquiera hasta la cocina. (...). Y no se le ocurra, no se le ocurra hacer lo que está pensando, que ya lo veo venir: que se han perdido los papeles de Guantánamo, porque los ha tirado a la basura el servicio de la limpieza. Sin querer, claro.Pues no sé qué quiere que le diga, yo el día de la jornada de reflexión reflexioné. En mi casa, quiero decir. Ese día se acumularon polvos y lodos en el ministerio porque servidora no vino a trabajar. Aquí no fichó nadie hasta el lunes. ¿Y dice que sobre la mesa? Entre el teléfono y la foto con el presidente… Pues no, yo no vi nada. (...). No señor, nada. (...). Le repito que nada. Además, anda que no hay pliegos siempre por aquí, desparramados en la mesa, apoyados contra el escritorio, sobrevolando los despachos como si fueran aviones, de ésos que andan haciendo escalas donde no las tienen que hacer. Sí, hombre, claro, yo de vez en cuando ordeno un poco y pongo los papeles juntos, porque es que me lo tienen siempre todo hecho un desastre. Se habrán perdido sin más, anda que no se perderían más cosas si servidora no pusiera un poco de orden de tanto en tanto. (...) A mí no me diga nada, eh, que yo sólo hago lo que tengo que hacer, eh, y si tan importantes eran, haberlos guardado, eh, que una no tiene por qué saber lo que anda tocando. Y haga el favor de no señalarme con el dedo, que no hacen falta malos modos.  (...) ¿Que vuelva a empezar? ¿Que vuelva a empezar qué? ¿Pero no le he dicho ya que no sé dónde está eso? A ver, señor, usted sabe que yo no miro nada. Bueno, a veces de reojillo, pero de esta boca no sale ni palabra. Le paso el paño por el escritorio, aspiro la alfombra y vacío la papelera. Y sí, coloco los papeles sobre la mesa, los junto todos y ahí mismo se los dejo, ordenaditos. Si son secretos o no, yo no lo sé, porque servidora no se fija en las cosas, con la mala cabeza que tengo yo... (...) Pues si se dejan por ahí cosas que no se tienen que dejar, a mí no me digan nada. Pero nada de nada. Quiero llamar al sindicato. (...) Mire usted: no. No, no y no. Olvídese. Yo no tiro nada sin que me lo mande (...). Pues usted dirá lo que quiera, que yo le digo que no. Haberlos guardado en su sitio, le repito. Y no se le ocurra, no se le ocurra hacer lo que está pensando, que ya lo veo venir: que se han perdido los papeles de Guantánamo, porque los ha tirado a la basura el servicio de la limpieza. Sin querer, claro. Δ