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Líbranos Señor

Escrito por Carolina Fernández 26 Diciembre 2008
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Al Papa se le ha ocurrido que hay que proteger urgentemente a la humanidad de los homosexuales. Es importante esto, porque como todo el mundo sabe los homosexuales constituyen una de las mayores amenazas a las que se enfrenta actualmente la civilización.
El dinero y la feEllos, los homosexuales, y sus reprobables modos de vida son un peligro que a punto ha estado de llevar a la raza humana, si no a la destrucción –todavía-, sí a la locura, a la aberración y al despropósito. A la vista está que se han pasado siglos dedicados a perseguir y a castigar con saña a todos los que no profesasen sus mismos criterios de sexualidad; sembraron el miedo en todas las épocas, amenazando con la condenación eterna a todos aquellos que cuestionasen sus dictados, esto es, la forma única, exclusiva y excluyente de amar. Se han pasado siglos amasando dinero, metidos en intrigas políticas, participando en la banca, tomando partido en guerras, asistiendo a criminales, acompañando a dictadores, confesando asesinos, facilitando la huida y el escondite de todo tipo de bárbarosLos héteros fueron perseguidos por corruptos y corruptores, fueron estigmatizados, asesinados, lapidados, encarcelados y quemados en hogueras por preconizar el placer en el lecho del otro sexo. Incluso los bisexuales, más moderados, predicadores tanto de lo uno como de lo otro, defensores del libre criterio, fueron tachados de blasfemos y tratados como basura por aquellos que dictaron las leyes y se infiltraron en los gobiernos a dictar al oído de los legisladores cómo tenían que decidir los asuntos del pueblo, en beneficio siempre de la alta jerarquía homosexual y de sus fieles. Ya vimos cómo, mientras la inmensa mayoría se apañaba para sobrevivir o directamente moría de hambre, los homosexuales organizados levantaron enormes templos, macarrónicos santuarios sembrados de altares desde los que se dedicaron a predicar el amor al prójimo –según de qué prójimo se trate- y la ayuda al necesitado –según sea la cantidad que necesite-. Se han pasado siglos amasando dinero, metidos en intrigas políticas, participando en la banca, tomando partido en guerras, asistiendo a criminales, acompañando a dictadores, confesando asesinos, facilitando la huida y el escondite de todo tipo de bárbaros, y además, encubriendo a aquellos de sus propias filas que violan niños porque debe ser que no les basta con los mayores. Y aún, hoy, cuando ya la mayoría de la sociedad respira más o menos libremente sin miedo al fuego eterno, se esfuerzan por continuar inculcando que el amor no es libre, sino limitado; que no es para todos, sino para los que ellos señalan; que está impregnado de culpabilidad, de represión y de miedo. Y que quien ame fuera de sus dictados, arderá en el infierno por los siglos de los siglos, amén.
Menos mal, menos mal que está la Iglesia para protegernos.
Qué iba a ser de nosotros. Δ