Otros Voces Contrapunto Hermanos mayores

Hermanos mayores

Escrito por Carolina Fernández 02 Junio 2008
( 5 Votos )
Imprimir
Hermanos mayores 3.6 out of 5 based on 5 votes.

Hay algo que no entiendo. Algo que tiene que ver con la idea de Dios que nos cuenta la Iglesia. Veamos, para abordar el tema vamos a dar por supuesto que Dios existe sin meternos en más honduras, mayormente porque si no me echan abajo la página. Los que ya lo creen no tendrán problema y los que no, que hagan como que sí durante dos minutos y medio, que no cuesta tanto.
contrapun.jpgEl tema es el siguiente: a Dios nos lo presentan como una figura todopoderosa e infinitamente sabia. Dios es un “algo” que supera nuestra capacidad de comprensión de tan grande y prodigioso que es. El caso es que un ente con el Don de la Maravilla, que nosotros sepamos trabajó seis días creando océanos, pájaros, y demás, y culminó su obra con algo tan incalificable como el hombre. A pesar de su omnipotencia se ve que quedó exhausto, de modo que decidió descansar el séptimo día. A partir de entonces tenemos que deducir que le cogió gusto al ocio porque de ahí en adelante no creó nada más. Se tomó un descanso durante toda la eternidad, que se dice pronto. El hombre, pues, está solo en el universo. Absolutamente solo. Según ese planteamiento, entendemos que desde entonces semejante excelsidad se dedica a abanicarse y ocupa su tiempo de ocio siguiendo el día a día de los asuntos en la Tierra, una actividad que debe resultarle de lo más apasionante. Llegados a este punto es necesario ubicarse: Tierra, esa motita microscópica en un universo cuyas medidas no podemos siquiera imaginar porque con toda seguridad nos reventaría la cabeza. Se da por supuesta nuestra inteligencia, lo cual resulta sorprendente teniendo en cuenta que somos la única especie que se basta y se sobra para corromper un planeta entero en unos pocos centenares de años. Es fácil deducir que el adjetivo “inteligentes” no se inventó para nosotros. Un universo que es, según creemos, territorio de ese Dios enorme que nos creó a nosotros. Un territorio vacío, estéril, desaprovechado, porque, como decíamos, después de crear al hombre Dios se cansó.
Teniendo en cuenta que el tiempo de Dios se mide por eternidades, de todo esto podríamos concluir fácilmente que Dios es un poco vago. De otra manera no se entiende que no hubiera tenido curiosidad por experimentar con nuevas criaturas. Es lo que tiene un creador: que crea. Si no crea será otra cosa, pero creador, lo que se dice creador, pues miren, no (se me ocurre que ahí podría estar el origen de la expresión “vivir como Dios”, que define a aquellas criaturas que no dan un palo al agua).
Pero no saquemos conclusiones precipitadas. Estudiemos otras posibilidades. Pensemos que es posible que Dios no sea vago, porque la vagancia no encaja en una entidad a la que se le atribuyen todas las virtudes imaginables. También puede ser que en realidad no se trate de un Dios tan tremendo y tan exageradamente grande. Quizá sea una divinidad algo más modesta, que tomó una parcelita de espacio para probar a ver qué tal se le daba. Se entiende entonces que no haya creado más. No todavía. Teniendo en cuenta, repetimos, que hablamos en términos de eternidad, es posible que esté esperando un poco a ver qué tal resulta su primera criatura, y saque sus conclusiones antes de lanzarse a componer otras humanidades. Es una actitud prudente, propia de un Dios, esperar a ver qué puede aprovechar de una especie capaz de organizar y ejecutar su propia autodestrucción. Entiendo que esto implicaría que hay otros dioses encargados de otras creaciones, muchos dioses grandes y pequeños, en un universo complejo, rico, profundo, interminable. Sólo atisbar semejante idea podría cortocircuitar algunos cerebros estrechos, pero qué quieren, se me ocurrió y lo digo.
Si la existencia de muchos dioses creadores, en vez de uno único y descomunal resulta demasiado perturbadora, podemos volver otra vez a la posibilidad del Dios en singular. En ese caso propongo añadir un dato: sería un Dios competente con más de una criatura en su currículum. Me parecería razonable pensar que en toda la vastedad del universo hay otras creaciones y otras criaturas, de la misma manera que pueden existir miles de hormigueros en la misma selva sin llegar a entrar en contacto jamás. Justo el otro día leí que un señor del Vaticano, esos que hablan con Dios todos los días, se planteaba la posibilidad de la existencia de vida fuera de este planeta. Serían “hermanos”, esto es, hijos del mismo padre, que “también gozarían de la misericordia de Dios”. No pregunten qué demonios significa eso porque no sabría decirlo. Será porque hace tiempo que no gozo. O al menos no gozo de la misericordia. Y si acaso lo he hecho no debió ser un goce muy notable porque no lo recuerdo. Además, continúo, se contempla que esos “hermanos” también sean “seres inteligentes”. Ese “también” implica que se da por supuesta nuestra inteligencia, lo cual resulta sorprendente teniendo en cuenta que somos la única especie que se basta y se sobra para corromper un planeta entero en unos pocos centenares de años. Un planeta que, además, es el único lugar disponible para vivir. Es fácil deducir que el adjetivo “inteligentes” no se inventó para nosotros, sino para las amebas por ejemplo.
Puestos a imaginar, yo albergaría la esperanza de que fuera de aquí existan efectivamente seres inteligentes. Y como son inteligentes nos observan a distancia, entendiendo que actuamos como actuamos porque somos jovencitos, novatos, ignorantes, presuntuosos, primitivos y muy brutos.
Espero que haya hermanos mayores, capaces de esperar con un poco de paciencia a que de toda esta barbaridad salga algo que merezca la pena.
A ver.