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Sexualidad y laicismo

Escrito por Isabel Menéndez 04 Junio 2009
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Treinta años de democracia no han conseguido cambiar la firme creencia de algunos sectores de la sociedad en que la política y la religión deben ir de la mano. violeta.jpg
Así las cosas, es lógico que también se siga confundiendo moral y libertad. Los medios de comunicación recogen estos días numerosas opiniones de algunas autoridades eclesiásticas cuyas desafortunadas ideas pretenden aplicar a todo el mundo. Una vez más, olvidan los padres de la Iglesia que España es un estado laico, aunque a ellos no les guste. Eso explica que los gobiernos estén obligados a velar por una legislación que se base en la autonomía y el libre albedrío de las personas y no en las creencias particulares de algunos colectivos.
Las recientes declaraciones del cardenal Antonio Cañizares no sólo son imprudentes sino también inadmisibles. Para este padre de la Iglesia, los abusos sexuales a menores (con las violaciones de Irlanda sobre la mesa) no parecen ser importantes, y considera que es una realidad banal comparada con otros “crímenes” como la libertad sexual o los derechos reproductivos. Cañizares no sólo es incapaz de entonar el mea culpa ante el comportamiento de muchos de los suyos, sino que insiste en las ideas del actual Papa, Benedicto XVI, quien afirma que el preservativo no soluciona la pandemia del Sida. Como ya sabemos, para estos hombres a los que se les supone una vida de castidad, la única solución es la educación Contra las opiniones conservadoras que insisten en definir a las mujeres como unas descerebradas o frívolas que no están al corriente del peligro que corren, la experta asegura que las mujeres saben que se trata de un anticonceptivo de emergencia y lo usan de manera segura y efectiva.en el matrimonio y la familia, fórmulas que para ellos son más útiles que las campañas sanitarias.
Consecuentemente, está la Iglesia muy ocupada combatiendo la actual reforma de la legislación sobre la interrupción voluntaria del embarazo, con campañas populistas, agresivas y, por cierto, muy caras. Para la jerarquía católica, el aborto es un crimen abominable pero, además, igual que confunden moral con sanidad (en el caso del Sida) intercambian salud reproductiva con cualquier otra cosa. Por eso se han atrevido a argumentar que el hecho de facilitar sin receta la píldora postcoital puede considerarse una banalización del sexo que, a su juicio, justifica la eliminación de la agresión sexual del Código Penal. Ricardo Benjumea, redactor jefe de la revista “Alfa y Omega” que publica el Arzobispado de Madrid, escribió recientemente que, al desvincular el sexo de la procreación, “deja de tener sentido la consideración de la violación como delito penal”. Ahora entiendo que no les interesen los abusos sexuales a menores. Según la Iglesia, la libertad sexual debe considerarse como una forma de deshumanización.
Afortunadamente, otras voces ponen razón en el asunto. Catherine D’Arcangues, experta en salud sexual de la OMS (Organización Mundial de la Salud, entidad que acaba de recibir el prestigioso premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional) fue entrevistada casi al tiempo en el diario “El País”. Ella recuerda que este fármaco es útil para prevenir embarazos no deseados y que su dispensación sin receta es recomendable porque la necesidad de acudir a una consulta médica ralentiza su administración y, en consecuencia, su efectividad. De ahí que muchos países estén adoptando este modelo. Contra las opiniones conservadoras que insisten en definir a las mujeres como unas descerebradas o frívolas que no están al corriente del peligro que corren, la experta asegura que las mujeres saben que se trata de un anticonceptivo de emergencia y lo usan de manera segura y efectiva. Al tiempo, argumenta que en Estados Unidos, y gracias a este fármaco, se han reducido los abortos en un 43 por ciento. E insiste en que, contra la idea general, la píldora postcoital no es abortiva sino una contracepción de emergencia, como así la reconoce la OMS.
Es, por consiguiente, una medida que debe ir acompañada de educación sexual pero que, hay que insistir en ello, ayuda a evitar embarazos no deseados. Las creencias son individuales y respetables, pero la salud reproductiva no puede estar bajo el palio de lo que opinan unos cuantos que se apoyan en cuestiones de fe. La ley está obligada a legislar desde otros principios, entre ellos la autonomía de las mujeres. Δ