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Tenemos 108 lectores conectadosSe apagó la voz de La Negra Sosa |
A principios de este octubre, se apagaba para siempre, a los 74 años, la voz de Mercedes Sosa, la cantante y folklorista más importante de Argentina.
Se la consideraba “la voz” de América Latina, apelativo que ella rechazaba por considerarlo excesivo. Prefería denominarse como una “negra petisa” (mujer pobre, morena y pequeña), sin glamour, porque decía que Argentina era un “país de negros en el que todos son rubios”. Llamada cariñosamente “La Negra Sosa” su papel en la música ha sido importantísimo, no sólo como intérprete (ha grabado 40 discos), sino también por su apoyo a los grupos de rock y pop latinoamericanos: colaboraba con ellos en sus álbumes o les invitaba a participar en los propios. De hecho, su último trabajo publicado, “Cantora”, está repleto de duetos con intérpretes tan relevantes como Shakira, Fito Páez, Julieta Venegas, Charly García, Jorge Drexter, Joan Manuel Serrat, Caetano Veloso o Joaquín Sabina. El doble disco está nominado como mejor álbum del año a los Grammy Latinos 2009. También opta al Mejor álbum de folklore y a la mejor portada. Natural de San Miguel de Tucumán, en el norte de Argentina y perteneciente a la tribu indígena diaguita, Haydée Mercedes Sosa creció en una familia muy humilde en la que se pasaba hambre a menudo. Comenzó a cantar de jovencita y, empujada por unas amigas, participó en un certamen de radio de Tucumán, bajo el seudónimo de Gladys Osorio. Tenía quince años. El triunfo en ese concurso le facilitó un primer contrato de dos meses en la emisora, con el que empezó su carrera profesional. Se formó estéticamente en el Fue una activista que siempre formaba parte de las luchas a favor de las comunidades indígenas, las causas sindicales o los derechos humanos.Movimiento del Nuevo Cancionero, la corriente bohemia y renovada del folklore argentino de los años sesenta y setenta que surgió en la provincia de Mendoza. Luchó hasta el final de su vida por respetar el Manifiesto de ese Nuevo Cancionero, que firmó en 1964, con 28 años de edad. Se trataba de renovar la canción popular argentina para conseguir su integración con el pueblo, “expresando sus sueños, alegrías, luchas y esperanzas”. El resultado fue un repertorio nuevo y políticamente comprometido con el socialismo, que abogaba por la renovación cultural. Pronto se comprometió con causas políticas y sociales. Fue una activista que siempre formaba parte de las luchas a favor de las comunidades indígenas, las causas sindicales o los derechos humanos. De hecho, se convirtió en un símbolo cultural del marxismo. Ella decía “Soy comunista, es un sentimiento”. Ello le trajo consecuencias durante la dictadura militar; sufrió censura y debió exiliarse en 1970. Así, vivió en Francia y en España durante algunos años pues no pudo regresar a su país hasta 1982. Sus discos, cargados de contenido social, se convirtieron en un referente del último gobierno militar argentino. A partir de entonces, mimada en Europa como la gran voz del exilio, creció tanto su fama como su patrimonio, algo que le han criticado profusamente en su país, por considerarlo incompatible con sus ideas políticas. Más allá de su compromiso personal o su afición (real o no) a los diamantes, lo que definía a Mercedes Sosa era su voz. Con registros de soprano, fue una voz magnífica, y con ella se aplicó, durante casi seis décadas, a combinar el legado de las grandes figuras del folklore, como Atahualpa Yupanqui o Violeta Parra. Algunas de sus interpretaciones recibieron premios internacionales, por ejemplo la “Cantata Suramericana” o la “Misa Criolla”. Además, llegó a cantar en la Capilla Sixtina del Vaticano (1994) o en el Coliseo de Roma (2002). Con todo, será especialmente recordada por sus excelentes y vibrantes interpretaciones de canciones como “Gracias a la vida” o “Alfonsina y el mar”. Para homenajearla, nada mejor que las palabras de la cantante y compositora Teresa Parodi: “Mercedes, salmo en los labios, amorosa madre, amada mujer de América herida, tu canción nos pone alas y hace que la patria toda menudita y desolada no se muera todavía, no se muera porque siempre cantarás en nuestras almas”. Δ
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Se la consideraba “la voz” de América Latina, apelativo que ella rechazaba por considerarlo excesivo. Prefería denominarse como una “negra petisa” (mujer pobre, morena y pequeña), sin glamour, porque decía que Argentina era un “país de negros en el que todos son rubios”.