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Mujer La Hora Violeta Muerte en directo

Muerte en directo

Escrito por Isabel Menéndez 14 Abril 2009
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Estoy en Inglaterra cuando se produce la muerte de Jade Goody, así que he podido ver el espectáculo mediático de sus últimos días, fallecimiento y funeral. Goody, una mujer que no había cumplido los treinta años, madre de dos hijos, y que ha muerto a causa de un cáncer de cuello de útero, ha merecido hasta un comunicado de pésame del primer ministro, Gordon Brown. violeta.jpgSin embargo, esta nueva heroína del siglo XXI no ha aportado nada a la humanidad. Su único mérito ha sido protagonizar la versión británica del programa de televisión “Gran Hermano”. En él, se hizo tristemente célebre por su absoluta carencia de cultura y formación, además de algunos sucesos polémicos, como expresar insultos racistas a otra compañera. Tras su paso por el “reality” y tras demostrar su talento como polemista, los programas de espectáculo se la rifaban como participante y toda la opinión pública inglesa supo de sus avatares personales. Tuvo un par de hijos, se separó de su pareja y, el año pasado, decidió participar en otra versión de “Gran Hermano”, en India y destinada a “celebritys” (gente popular o famosa). Fue allí donde se le detectó el cáncer por lo que, siguiendo su costumbre, informó a la audiencia de su problema y abandonó el programa para volver a Inglaterra y recibir tratamiento. Su enfermedad evolucionó negativamente y, hace pocos meses, le informaron que era irreversible y que el cáncer entraba en fase terminal. Todo ello lo hemos sabido a través de la prensa, puntualmente informada por Goody y su representante. Los dos últimos meses, las portadas de los periódicos sensacionalistas, pero también los informativos de la televisión, han ofrecido hasta la saciedad la imagen de la cabeza calva de Goody, que perdió el pelo tras el tratamiento de quimioterapia, así como sus salidas en silla de ruedas, aderezadas con entrevistas, reportajes e informaciones redundantes. En su último mes de vida, decidió casarse con su última pareja, una boda polémica porque el novio estaba en libertad vigilada por agresión. Más tarde, Goody decidió bautizarse, también con la presencia de cámaras, aunque su estado de salud, ya muy deteriorado, le impidió abandonar el hospital como ella deseaba… se calcula que, por el espectáculo mediático de estos postreros días, la enferma ha recaudado entre uno y cuatro millones de euros.
Jade Goody era la imagen de lo que no se debería ser: ignorante, agresiva, con prejuicios… aunque justamente eso fue lo que la convirtió en famosa. La muerte convierte en héroes a los villanos. Jade Goody era la imagen de lo que no se debería ser: ignorante, agresiva, con prejuicios… aunque justamente eso fue lo que la convirtió en famosa. Los medios de comunicación primero la utilizaron como diana de insultos y descalificaciones y más tarde para estimular el morbo (que siempre consigue audiencia). Pero, si Goody despertaba fascinación y rechazo al mismo tiempo, el conocimiento de que padecía una enfermedad grave la convirtió en una mártir y, sobre todo, en una madre coraje. Recaudar esa cifra astronómica de dinero por no hacer nada, una cantidad que nadie conseguirá trabajando a lo largo de toda una vida, no parece ni ético ni elegante, toda vez que se ha expuesto a la opinión pública lo más íntimo. Sin embargo, y a pesar de la ausencia de dignidad, recaudarlo para que sus hijos tengan un futuro mejor, convierte lo mezquino en sublime y toda la prensa, incluyendo la más seria, se ha contagiado de la piedad y el desconcierto que inevitablemente rodea la muerte de una persona joven. Contra lo que se ha dicho, creo que Goody no ha hecho nada por nadie, ni siquiera por sus hijos (aunque éstos se beneficien de la fortuna conseguida por su madre). Lo que sí ha estimulado es la fascinación actual por aparecer en televisión y por ganar dinero de forma rápida, aunque sea a consta de la propia decencia.
Es probable que únicamente quisiera olvidar la realidad terrible de la finitud haciendo lo que más le gustaba: ser la protagonista. Sin embargo, no es culpa suya sino de la prensa, que ha sobrepasado todos los límites deontológicos en una loca carrera hacia ninguna parte.Δ