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Mujer La Hora Violeta La hermana de Mozart

La hermana de Mozart

Escrito por Isabel Menéndez 03 Julio 2009
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En uno de sus libros más célebres, la insigne Virginia Woolf imaginaba cómo hubiera sido la vida de una supuesta hermana de Shakespeare que hubiera tenido su mismo talento.
Pongamos por caso que se llamara Judith, escribió Woolf en 'Una habitación propia' en 1929.
violeta.jpgLa niña, aunque hubiera apuntado talento, no hubiera ido a la escuela, así que no conocería ni la gramática ni la lógica, tampoco a los grandes pensadores de la filosofía. Si hubiera tenido la tentación de leer uno de los libros de su hermano, seguramente la habrían reprendido, animándola a coser o pidiéndole que vigilara el asado. Antes de los veinte años, sin duda habrían acordado su matrimonio con algún comerciante del vecindario y ella, para evitarlo, habría seguido los pasos de su hermano: haría un paquete con sus cosas, se descolgaría por la ventana y tomaría el camino de Londres. Pero allí le dirían que, al contrario de lo que paso con William, las mujeres no podían convertirse en actrices. Más tarde, su muerte sería la única solución a un embarazo ilegítimo, fruto de la juventud y la curiosidad. Para Virginia Woolf, esa sería la única posibilidad biográfica de Judith Shakespeare si hubiera existido. Porque, si la propia sociedad, con sus normas y costumbres, impide cultivar el talento, es poco probable que puedan existir genios femeninos. No obstante, reconocía la escritora, a veces resplandece una Emily Brönte o una Jane Austen. Es obvio que la sociedad ha sido poco generosa con las ambiciones artísticas de las mujeres, brindando obstáculos y dificultades casi insuperables a aquellas que osaban discutir las expectativas previstas para ellas. La sociedad ha sido poco generosa con las ambiciones artísticas de las mujeres, brindando obstáculos y dificultades casi insuperables a aquellas que osaban discutir las expectativas previstas para ellas. Inclusive, cuando alguna de ellas lograba romper el molde, su huella, con frecuencia, ha sido borrada de la historia de los grandes nombres.
Así, no dejó de sorprenderme, cuando visité la casa natal de Mozart en Salzburgo, que en una pared se recordara la biografía y el talento de una de sus hermanas: María Anna, más conocida como Nannerl.
Suele afirmarse que, tanto el talento de Leopold Mozart (el padre del genio) como el de Nannerl, se vieron eclipsados por el enorme brillo de la figura de Wolfgang Amadeus. No obstante, en el caso de Nannerl se añade la problemática de ser mujer, que es la que tan bien definía Virginia Woolf en su libro. Cuando ella vivió, en el siglo XVIII, la actividad musical femenina estaba relegada a la interpretación vocal y a la clavecinística (luego pianística), pues la práctica de los demás instrumentos estaba vedada a las mujeres, como lo estaba también la composición. Idéntico destino tuvo Fanny Mendelssohn, cuyas obras firmó su hermano. Situación parecida a la que vivían las pintoras o escultoras, que no podían dibujar ni esculpir el cuerpo humano, estando limitadas a las naturalezas muertas. Estas imposiciones sociales, sin embargo, eran invisibilizadas o directamente negadas por la historia, cuando se las excluía de las antologías porque únicamente habían cultivado lo que se denominaba “arte menor”.
Nannerl fue la cuarta de los hijos de Leopold y Anna Maria Mozart. Con notable talento para el piano y también para la composición, su padre le otorgó la misma educación que a su hijo; la presentó en el gran mundo en idéntica medida que a Amadeus, hasta que, para favorecerle, cedió el paso a su hermano, entre otras razones, porque en aquella época no había futuro alguno para una mujer.
Según Rita Charbonnier, autora del libro “Nannerl, la hermana de Mozart” fue la primera niña prodigio de aquella familia talentosa aunque, por su condición femenina, apenas se la recuerda con una nota al pie en las biografías de su hermano. Sin embargo, Charbonnier asegura que existen indicios de que, como mínimo, tuvo una intervención decisiva en algunas de las composiciones atribuidas a Wolfgang Amadeus. De hecho, hay evidencias de que compuso, aunque no se ha conservado ninguna obra. Con todo, fue una mujer que se reveló contra las convenciones de su tiempo y que luchó para hacerse un nombre entre los grandes compositores de su época, entre ellos su propio hermano. Δ