.

Quién está en línea

Tenemos 143 lectores conectados
Mujer La Hora Violeta El poder y las mujeres

El poder y las mujeres

Escrito por Isabel Menéndez 04 Septiembre 2009
( 3 Votos )
Imprimir
El poder y las mujeres 2.7 out of 5 based on 3 votes.
Según los datos hechos públicos recientemente, el perfil del representante ciudadano en los ayuntamientos es el de un varón de edad comprendida entre 26 y 45 años, sin estudios superiores y que repite mandato. En este perfil se encuentran las personas que ocupan tanto las concejalías como las alcaldías, aunque en el segundo caso, la edad suele ser algo más elevada, entre 46 y 65 años.
violeta.jpgSi observamos el conjunto del país, de cada diez alcaldes en los municipios españoles, sólo una persona de entre las diez es de sexo femenino. Es decir, las mujeres ocupan únicamente el 15,2 por ciento de las alcaldías. Los varones, por su parte, copan el restante 84,8 por ciento. Si atendemos a la ocupación de las concejalías, la representación femenina mejora un poco: un 30,5 por ciento son mujeres, aunque sigue siendo una participación notoriamente inferior a la masculina.
En cuanto a las diferencias por Comunidades Autónomas, Castilla y León es el lugar donde menos mujeres ocupan el puesto máximo en la representación local. En el otro lado, con la mejor cifra de representación se encuentran las ciudades autónomas de Melilla y Ceuta.
Esta es la realidad actual, a pesar de que la Ley de Igualdad Efectiva obliga a los partidos políticos, desde 2007, a elaborar listas paritarias, es decir, integradas de tal manera que ninguno de los sexos ocupe más del 60 por ciento o menos del 40. Aunque gracias a esa ley ha mejorado la exigua cifra respecto a la convocatoria electoral anterior (un 23 por ciento más en el caso de las concejalas y un 15 por ciento en el de las alcaldesas) los datos son obstinados y nos demuestran que las mujeres siguen estando muy lejos del poder.
Sin embargo,Lo que los números revelan es que ciertos mensajes sobre el éxito de las mujeres, el acceso de éstas a todas las esferas sociales y el peligro que corren los hombres, para quienes no “queda” nada son sólo burdas manipulaciones de la verdad. muchas personas siguen considerando injustas las cuotas, argumentando que “quien vale, llega”. Pero, ¿cómo seguir manteniendo que sólo un 15 por ciento de las mujeres españolas están cualificadas, preparadas, interesadas y/o dispuestas para ostentar una alcaldía? Unas mujeres que, recordemos, están liderando el talento y la formación superior. ¿No será más bien que estas estadísticas nos devuelven la terrible realidad de la discriminación? Lo que los números revelan, sin lugar a dudas, es que ciertos mensajes sobre el éxito de las mujeres, el acceso de éstas a todas las esferas sociales y el peligro que corren los hombres, para quienes no “queda” nada son sólo burdas manipulaciones de la verdad. Los varones siguen ocupando casi en exclusiva el poder, y no sólo el político. Sus privilegios nunca han estado en peligro y siguen sin estarlo. Descalificar el feminismo por intentar conseguir una situación social más justa para las mujeres es sólo otra forma de apropiarse de su posición privilegiada.
Por supuesto no me refiero a los varones individualmente sino al conjunto de hombres, el grupo masculino y sus rutinas de perpetuación en el privilegio (dónde coexisten también muchas mujeres a las que no les molesta la desigualdad). Lo que ocurre es que los mecanismos de expulsión de las mujeres del espacio público y la autoridad siguen siendo los de siempre. Las élites políticas, tal y como sucede con las económicas y otras, siguen siendo espacios privilegiados donde los varones han reinado históricamente. No se trata de una conspiración masculina contra las mujeres sino de dinámicas ancestrales que reproducen el sexismo y la exclusión de todo lo femenino. Sólo algunas mujeres (sobre todo agrupadas en asociaciones) y unos pocos hombres han comprendido la necesidad de romper con esas prácticas y se han prestado a trabajar para erradicar la desigualdad. Los demás (hombres y mujeres) simplemente se dejan llevar por un orden social que no les perjudica mientras que unos pocos trabajan activamente para impedir el progreso femenino, por ejemplo, negando sus derechos desde parlamentos y legislaciones de determinados lugares.
Las mujeres, con talento o no, lo tienen mucho más difícil. Y sólo con mecanismos de corrección (como las cuotas) se puede vislumbrar un cambio, aunque sea lento. Δ