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Duelo de damas

Escrito por Isabel Menéndez 14 Mayo 2009
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Una amiga me envía el enlace al blog de la periodista Mercedes Milá (que yo no conocía) donde ésta, indignada, opinaba sobre el seguimiento que los medios de comunicación hicieron de la visita a nuestro país del presidente francés, Nicolas Sarkozy, y su esposa, Carla Bruni.
violeta.jpgPara Milá, el periodismo ha perdido pie porque, incluyendo a los medios más serios (ella reproduce en su blog una portada del diario “El País”) todos se han dejado llevar por la frivolidad y por enfoques muy alejados de lo que debe inspirar la información, especialmente la política.
La portada que Milá enseña en el blog, que coincide con las de otros diarios, inserta una instantánea de Carla Bruni junto a la princesa Letizia, subiendo las escaleras, ambas mujeres de espaldas. Es una instantánea que, si se correspondiera con cualquier otra persona, sería eliminada por falta de interés o, incluso, por irrespetuosa.
Es evidente que la elección de la fotografía se realiza, básicamente, porque son dos mujeres. Mujeres atractivas, jóvenes y bien vestidas que despiertan interés en la opinión pública. Mujeres que ocupan puestos socialmente relevantes, aunque en ambos casos debido a la relación con sus consortes y no por méritos propios, aunque justo es reconocer que ambas disponían de una carrera antes de sus matrimonios. Pero también está claro que, tras esta exhibición de mujeres de espaldas, únicamente se esconde el sexismo. En primer lugar, porque esas dos damas no deberían ser las protagonistas de la información. Recordemos que se trataba de una visita de estado y que, según la propia prensa, era muy importante para el futuro de España. Pero, además, porque si obviamos el hecho de que La agenda mediática, es decir los temas y protagonistas que aparecen en la información, la eligen los medios y únicamente ellos. Ellos son los eclipsados por la fama, el morbo y el sensacionalismo.los que deberían haber protagonizado la fotografía eran Sarkozy y Zapatero, elegir a ambas mujeres de espaldas sugiere que, de ellas, lo único importante es el físico y no su inteligencia o incluso su rol como representantes de sus respectivos países. No caben excusas como el papel que ellas juegan en la moda porque, si así lo querían resaltar, deberían haberlas mostrado de frente, a través de una instantánea que les otorgara el mismo respeto que reciben los varones.
Recuerda Milá que, en la facultad, le habían enseñado las diferencias entre el periodismo serio y el amarillista (o sensacionalista). Y, al hilo de esa idea, regaña la veterana profesional al periódico que, debido a su credibilidad, con frecuencia afea la conducta de otros colegas que exhiben malas prácticas. Le molesta, además, que la figura femenina se siga utilizando como excusa frívola mientras que los temas realmente importantes carecen de seguimiento. ¿Hasta qué punto ese enfoque es premeditado, con el objetivo de desviar la atención sobre los posibles logros de la reunión bilateral?
La fotografía, sin duda, es insultante y demuestra que, en esto del periodismo con sensibilidad de género, se da un paso hacia adelante y diez hacia atrás. Porque el hecho es que todos los medios se mostraron fascinados ante Bruni, a la que nos enseñaron como una diva de la pasarela y no como la compañera de un dirigente político al que, por cierto, apenas hemos visto en las portadas.
Con todo, lo que más me ha asombrado es el cinismo de la prensa. Durante dicha visita, todas las televisiones, emisoras de radio y periódicos insistían en que la presencia de Carla Bruni había eclipsado la agenda política de su esposo, como si fuera algo natural e inevitable. El hecho es que la agenda mediática, es decir los temas y protagonistas que aparecen en la información, la eligen los medios y únicamente ellos. Ellos son los eclipsados por la fama, el morbo y el sensacionalismo. Características todas que, aunque rechazables, suelen producir buenos resultados económicos. Ese tipo de periodismo debe avergonzarnos, más cuando se produce en la prensa de calidad, pero lo que no es de recibo es que, además, pretendan convencernos de su inocencia. Δ