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Mujer El Arbol del Buho Mundos paralelos

Mundos paralelos

Escrito por Elena G. Gómez 21 Junio 2009
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Un día conocí a  una mujer que había hecho realidad todos sus sueños. Había alcanzado éxito profesional. Tenía una familia que la adoraba, unos amigos que la querían, y todo cuanto podía desear, pero era infeliz, tan infeliz que había enfermado y nadie sabía qué le ocurría.
Hijos de la necesidadFue a sicólogos para que la ayudaran, a médicos que la estudiaran, a curanderos, espiritistas, e incluso, a pesar de no ser creyente, a un sacerdote. Pero nadie sabía decirle qué le pasaba. Todo estaba correcto en su vida.
Ella tampoco se entendía a sí misma, sólo tenía una imperiosa necesidad de escapar, de empezar una nueva vida, pero su sentido de la responsabilidad no se lo permitía, sabía que tenía que encontrar un equilibrio, y a pesar de que tenía muchas ganas de salir corriendo, en su interior era consciente de que no podía dejar todo lo que había creado, dejar a todos los que había vinculado a su vida, romper, sin más, su compromiso.
Estaba en una encrucijada pero no le servía coger un camino y dejar el otro, tenía que encontrar una forma de hacer que fueran compatibles, una forma que sirviera para los demás y también para ella misma.
Así fue como empezó un viaje para el que no necesitaba escapar a ningún lugar lejano, un viaje que no dependía del tiempo, del espacio, de las circunstancias ni tampoco de los demás.
Así fue como empezó a viajar hacia sí misma, hacia esa extraña desconocida que era ella…
La noche de San Juan,  sentadas en la arena ante una enorme hoguera, me contó como había empezado todo…
Las cosas, me dijo, aunque aparentemente pensemos que suceden de pronto, en realidad se van fraguando poco a poco, y cuando crees que estás en los momentos más bajos de tu vida, en realidad estás en los más importantes, en los que marcan el cambio. A mí me sucedió así, y loAsí fue como empezó un viaje para el que no necesitaba escapar a ningún lugar lejano, un viaje que no dependía del tiempo, del espacio, de las circunstancias ni tampoco de los demás. que empezó como una crisis se convirtió en una aventura, y cuando creí que deseaba la muerte, en realidad estaba llamando a la vida, a una nueva vida.
No sabría decirte cuando comenzó todo pero sí que en un momento determinado empecé a darme cuenta de muchas cosas en las que nunca había pensado.
Me di cuenta de que en mí vivían tantas personas como circunstancias tenía en mi vida. Yo era la madre, cuando estaba con mis hijos. La hija cuando estaba con mi madre. La directora, cuando llegaba al trabajo. La amiga, esposa, etc. etc. todas personas distintas que vivían en mí, y todas eran yo.
Todas esas fundas se movían bajo unas formas que me había creado, la suma de todas era yo, o por lo menos el yo que había sido hasta ahora, un yo que se movía por la vida con el automático encendido, un yo que ya no me servía y con el que no me identificaba.
Y entonces llegó la pregunta, ¿quién soy yo? Y con la pregunta llegó el más absoluto de los vacíos. Yo no era nada, yo no era nadie.
Y en mi interior surgió una voz que nunca había escuchado antes, una voz rebelde, inconformista, trasgresora, que me decía, y, ¿porqué tienes que ser alguien?, ¿porqué no puedes simplemente ser?
Así que empecé a romper los esquemas, a hacer todas las cosas que antes no me permitía, a llevarme la contraria a mi misma, a dudar de las cosas que sabía, a decir que no cuando antes habría dicho si, y a decir si cuando antes habría dicho no. Y al hacerlo empecé a sentirme cada día más fluida, más alegre, más natural.
Volví a sentirme niña, a liberarme de la presión de tener siempre que saber las respuestas, a descubrir nuevos espacios, a mirar las cosas desde otra perspectiva y sobre todo empecé a ayudar a los demás a romper su caja, porque en realidad éramos eso, vidas cuadriculadas metidas en una caja.
Así fue como llegué a otro mundo, un mundo que está en este mundo, un mundo paralelo, un mundo azul en el que las personas no se rigen por esquemas porque desde él se comprende que cada situación es distinta y que hay que aprender a ver qué se necesita en cada momento, captar la magia de cada instante, fluir suave por la corriente de la vida, y dejar que sea la vida la auténtica protagonista.
En el mundo azul las personas saben escuchar, escuchar su interior, escuchar a los demás y sobre todo escuchar los latidos de la vida, su ritmo, su movimiento.
En el mundo azul comprendes que eres parte de un Todo, eres energía que se mueve y se une a otras energías, que no tienes principio ni fin, que te entremezclas, te unes y compartes un mismo espacio. En el mundo azul no estás solo.
En el mundo azul no hay necesidad de ser mejor que nadie, ni más inteligente, ni más poderoso.
En el mundo azul no existe el bien ni el mal, todo es experimentación, todo es relativo, todo es aprovechable.
El mundo azul es un mundo sencillo donde vivir es una apasionante aventura y una constante lección.
En el mundo azul hay necesidad, necesidad de comprender más el origen de la vida, las razones que realmente mueven e impulsan la evolución. Necesidad de comprender la profundidad de cada situación.
En el mundo azul el tiempo no existe y no hay nada que te impida ser lo que realmente desees…
El mundo de la caja es un mundo limitado donde las personas somos lo que nos dicen que somos, o lo que creemos que somos.
En el mundo azul cada uno es un proyecto de sí mismo. Δ