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Mujer El Arbol del Buho Cosas Insignificantes

Cosas Insignificantes

Escrito por Elena G. Gómez 20 Febrero 2009
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Hace unos días leí en un magazine un reportaje sobre jóvenes japoneses que se aíslan del mundo, jóvenes que se encierran en la habitación de su casa y no hablan con nadie, no se relacionan con nadie, sólo, como mucho, a través de Internet. Hijos de la necesidad
Las razones para este aislamiento son variadas, pero todas tienen un denominador común, son jóvenes que, bien por su clase social o por alguna característica física, son rechazados por su entorno.
Me impresionó mucho el reportaje no sólo por la cifra de jóvenes -entre trescientos mil y un millón-, sino porque una vez más pone en evidencia que somos una sociedad enferma.
El reportaje me hizo recordar otra cosa que leí hace tiempo, un fenómeno que sucede en nuestro cuerpo y que lleva, por ejemplo, a que se produzcan los infartos. La explicación científica de este suceso es más compleja, pero traducida a un lenguaje cotidiano lo que sucede es el suicidio de unas pequeñas -casi insignificantes- células, que al no ser utilizadas, al no poder cumplir su función, sencillamente se suicidan.
Todo ello me llevó a preguntarme, ¿qué cosas son insignificantes?..., ¿son importantes las cosas insignificantes?..., Yo, como la ignorante célula de mi nariz, puedo pensar que no tengo nada que ver con esos jóvenes japoneses, tal vez queden muy lejos para mi conciencia, pero lo que sí puedo ver es que hay otras personas aislándose cerca de mí, personas que forman parte de mi mismo cuerpo, porque forman parte de mi vida cotidiana.¿quién decide qué cosas son o no insignificantes?...
Una uña de mi pie derecho es insignificante, pero si esa uña está mal y me impide caminar, deja de ser insignificante para mí. Supongo que para una célula que vive en mi nariz, lo que le suceda a la uña de mi pie derecho le trae sin cuidado. Supongo que no es consciente de que está en el mismo cuerpo, y que si la uña se infecta y no curo esa infección también puede verse ella afectada, incluso puede llevarle a la extinción.
Yo, como la ignorante célula de mi nariz, puedo pensar que no tengo nada que ver con esos jóvenes japoneses, tal vez queden muy lejos para mi conciencia, pero lo que sí puedo ver es que hay otras personas aislándose cerca de mí, personas que forman parte de mi mismo cuerpo, porque forman parte de mi vida cotidiana.
Hay muchas cosas en nuestra vida cotidiana que nos parecen insignificantes y que por no valorarlas, por dejar de utilizarlas, se suicidan, y como consecuencia, nos convierten en personas grises, sin color, sin olor.
Es insignificante una caricia…, pero a pesar de ello es un flujo de energía entre dos cuerpos, es ese contacto suave entre dos pieles que se comunican, ese intercambio de amor y sensibilidad, de cariño y ternura.
Es insignificante una palabra de aliento, de reconocimiento, de valoración, pero sobre ella se sacan fuerzas en los momentos difíciles.
Es insignificante que llames a tu amiga o te sientes a su lado sólo para preguntarle cómo está. Pero es imprescindible para entrar dentro de ella, para saber lo que siente, lo que vive, lo que experimenta, para bucear en su interior y descubrir realmente quién es.
Es insignificante decir lo que piensas, y pensar lo que dices. Pero es imprescindible para romper la burbuja que te aísla del exterior, la que te hace creer que eres distinto, diferente a los demás.
Es insignificante una sonrisa, pero puede ser el único regalo que tenga una persona en todo el día.
Por cierto, yo me hice una lista de cosas insignificantes para hacer con frecuencia, una lista que empieza por dar gracias cada día por la oportunidad que tengo de aprender, de compartir, de vivir. Luego, en mi lista están otras cosas insignificantes como abrazar, acariciar, besar, reír, respirar en profundidad, observar la naturaleza que me rodea, aprender, esforzarme por algo y, en un lugar destacado, escuchar, escuchar a los que me rodean, escuchar la vida y también escuchar mi propia voz.
No nos engañemos, somos cada uno de nosotros los que decidimos qué cosas son o no insignificantes, y si nos paramos a pensar tal vez lleguemos a la  conclusión de que en realidad no existe nada insignificante, todo tiene su razón de ser, todo puede en un momento salvar tu vida, o la vida de alguien.
Porque son esas pequeñas e insignificantes cosas las que dan color y calor a cada día y a las que no estoy dispuesta a renunciar. Δ