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Mujer El Arbol del Buho A mi bella durmiente…

A mi bella durmiente…

Escrito por Elena G. Gómez 16 Mayo 2010
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Buenos días bella durmiente… quiero empezar esta nota como otras muchas de aquellas que te dejaba cada día antes de ir a trabajar y que a ti tanto te gustaban.
Hijos de la  necesidadQuiero decirte que para mí sólo te has dormido, un sueño más largo, más profundo, que te llevan a otro mundo y que cómo tú dijiste unos días antes de irte, ahora nos estarás preparando una casa en otra galaxia para cuando nosotros vayamos…
No tengo ni la menor idea de cómo será ese otro mundo en el que estás ahora, pero lo que sí tengo claro es que no es tan limitado como éste.
Por eso siento que estás allí y aquí, que viajas libre, que te mueves sin limitaciones y también que nos acompañas, por eso, aunque hecho de menos tus abrazos y tus mimos, te imagino libre, rodeada de aquellos que tú tanto querías y que se habían marchado antes que tú. Y sé que no estás sola, y que ellos te están ayudando a empezar una nueva aventura en tu existencia.
Sé que el pensamiento viaja libre, no tiene tiempo, ni límites, ni planos, por eso mi pensamiento para ti es de gratitud, infinita gratitud por todo lo que me has dado, por lo que me has enseñado. Sé que no existe la muerte tal y como nos la enseñaron, que la muerte no es el punto final de nada, ¿Acaso el agua es sólo agua cuando está liquida? ¿No es agua también el hielo, o el vapor? Por eso entiendo que la vida, en realidad, lo único que hace es transformarse, pasar de una forma a otra, por eso siento que tú estás viva, porque en realidad todo es vida.
Es curioso, pero cuanto más se empeña la gente en decirme que con el tiempo se olvida, yo más me reafirmo en mi deseo de tenerte viva, de sentir que está viva tú energía, están vivos tus pensamientos, tu generosidad, tu ejemplo de vida, y los que te recordamos podemos hacerlo con una sonrisa en los labios, y yo, personalmente, con el orgullo de ver cómo fuiste capaz de cambiar, de ver como abriste tu mente y tu corazón y dejaste que entrase dentro de ti una nueva corriente de vida que te llenó de confianza, de alegría y de serenidad.
Me enseñaste con tu ejemplo que en realidad cambiar es sencillo. Sólo hay que confiar y dejarse como una niña, porque, al final, tú fuiste eso, mi niña.
Sé que el pensamiento viaja libre, no tiene tiempo, ni límites, ni planos, por eso mi pensamiento para ti es de gratitud, infinita gratitud por todo lo que me has dado, por lo que me has enseñado.
Y sé que mi pensamiento te llega como también yo recibo el tuyo, y el lazo infinito, ese lazo que une a madres e hijos desde el momento del inicio de la vida, sigue vivo.
Ahora sí puedo decir que no creo en la muerte, sólo creo en la vida, una vida infinita, una vida que está en permanente movimiento y transformación.
Sigues viva. Sigues viva en mí. Sigues viva en aquellos que te recuerdan. Eres energía, eres pensamiento, eres vida.
Siempre estarás viva en mi mente. Te quiero mamá… Δ