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Mujer A Conciencia Un camino muy largo

Un camino muy largo

Escrito por Maria Eugenia Eyras 05 Abril 2011
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Desde esta primavera revolucionaria, nos consta que algo está cambiando en el mundo árabe.
Por lo pronto, los ciudadanos han aprendido a echarse a la calle para exigir tanto respeto como libertad. Eso sí, para ellos, no para sus mujeres.
Un camino muy largoDurante esas frenéticas jornadas en Túnez, Egipto, Yemen y Libia -y ante nuestro júbilo y asombro- las mujeres (muchas de ellas con velo y hasta con burka) participaron masivamente.
Lo hicieron, según ellas, motivadas por una doble esperanza: alcanzar la democracia y la igualdad de derechos con los hombres.
Si bien en algunos países, como en Libia, sólo las dejan manifestarse en una zona acotada, las egipcias se comportaron de manera absolutamente libre durante las dos semanas del alzamiento y rompieron tabúes tan acendrados como los de poder dormir noches enteras en la plaza junto a cientos de hombres que también descansaban allí a la intemperie.
Afirman haberse sentido gratamente sorprendidas por el desacostumbrado respeto con que las trataban los hombres que allí participaban, así como la extraña sensación de igualdad que habían experimentado. Extraña y efímera.
La misma noche en que Hosni Mubarak capituló, el 11 de febrero, fue bárbaramente agredida y violada en El Cairo la reportera Lara Logan, corresponsal de CBS News en Egipto.
La bella periodista de 39 años (casada y madre de dos hijos pequeños) fue separada de su grupo y rodeada por una multitud de hombres vociferantes que, después de propinarle una tremenda paliza, la violaron brutal y repetidamente en plena Plaza Tahrir, al parecer por ser rubia y liberada, todo un deleznable símbolo del odiado Occidente..Cuando los hombres salieron del templo después de las plegarias matutinas y hallaron al bebé, informaron al clérigo, quien proclamó que era un bebé ilícito que debía ser lapidado. Y así lo hicieron…
Un mes más tarde, el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer, las egipcias organizaron la ‘Marcha del Millón de Mujeres’, también en la ya celebérrima plaza Tahrir, para pedir pacíficamente que se les siguiera considerando una parte activa de la sociedad. Pero se encontraron con una terrible realidad: fueron vapuleadas y abucheadas con frases tales como: “fuera, a cuidar a tus hijos”, “a casa, donde deberías estar” y “la mujer sólo sirve para parir”…
Parece que tampoco los nuevos órganos de poder, tanto en Túnez como en Egipto, contemplan contar con presencia femenina.
Esta misma semana el grupo político Hermanos Musulmanes, que se rigen por la Sharia (ley musulmana), ha solicitado que se vete la posibilidad de que mujeres y cristianos puedan alcanzar la presidencia del país.
Y el próximo sábado los egipcios decidirán con su voto si aceptan las enmiendas constitucionales propuestas por un comité de sabios en el que no se encuentra, por cierto, ni una sola mujer. Lo mismo está sucediendo en los territorios conquistados por los rebeldes libios.
Ésto me recuerda a esa revolucionaria rusa que se quejaba de ser considerada igual a sus compañeros a la hora de atentar colocando dinamita bajo un tren,  pero que después debía servirles el café y lavarles la ropa. Es que para algunos hombres el ancestral desprecio a la mujer es más fuerte que cualquier ideal.
No hay lugar en el mundo donde se valore menos a las mujeres que en los países árabes, menos incluso que en el África subsahariana.
Las encierran en casa, las cubren con velos y burkas, les practican la mutilación genital, las obligan a casarse con desconocidos, les prohíben estudiar (el 40 % son analfabetas) y las acosan sexualmente (a un 83 % de ellas).
Esa opresión se convierte en tragedia cuando vemos cómo aumentan en Pakistán, por ejemplo, las muertes de bebés no deseados fruto de ‘relaciones ilícitas’. El año pasado tuvieron lugar 1.210 infanticidios en todo el país, en su mayoría niñas.
En este país musulmán ultra conservador, es pecado tener hijos fuera del matrimonio y el adulterio se castiga con la muerte según la estricta interpretación de la ley islámica.
El problema es que cada vez hay más gente joven que vive en pareja y tiene hijos sin casarse (o porque se lo prohíben), a los que sus tradicionales padres les arrebatan los bebés para cumplir con la inexorable ley.
Se cuenta inclusive una escalofriante historia de fanatismo religioso. Hace unos años, una mujer abandonó a su recién nacido en los escalones de una mezquita, por ser ilegítimo. Cuando los hombres salieron del templo después de las plegarias matutinas y hallaron al bebé, informaron al clérigo, quien proclamó que era un bebé ilícito que debía ser lapidado. Y así lo hicieron…
La mujer árabe todavía debe recorrer un largo camino para lograr el control sobre su propio cuerpo, su propio vientre y su propia vida. Para ayudarla a alcanzarlo y en nombre de los derechos humanos, las sociedades occidentales deberían priorizar, antes que el acceso al petróleo, la defensa de la vida. Δ