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Mujer A Conciencia Seis pasos detrás

Seis pasos detrás

Escrito por Maria Eugenia Eyras 25 Agosto 2010
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Hace pocos días, el 9 de agosto de 2010, la revista norteamericana Time mostraba en portada una cruel imagen: el primer plano de la cara mutilada  de Aisha, una joven afgana de 18 años, a la que el año pasado, ejecutando un castigo ordenado por la justicia talibán, su marido le cortó la nariz y las orejas.
Seis pasos detrásSegún relata en ese mismo medio la periodista Aryn Baker en el artículo "Qué pasará si dejamos Afganistán", ese aciago día, poco antes de la medianoche, los talibán tocaron a la puerta de los padres de la joven, exigiendo que Aisha fuera castigada por haber huido de la casa de su marido.
La muchacha aseguró que sus familiares políticos la trataban como a una esclava y que, si no hubiera huido, hubiesen terminado por matarla.
Pero fue inútil. Su juez, un comandante talibán local, permaneció inconmovible y exigió que se cumpliera la sentencia.
Mientras que el cuñado de Aisha la sujetaba, su marido extrajo un cuchillo de sus ropas. Primero le cortó las dos orejas. Luego siguió por su nariz.
Ahora Aisha se encuentra en un refugio secreto para mujeres maltratadas de Kabul, reponiéndose de sus heridas y escuchando obsesivamente las noticias por la radio. Le aterra que el gobierno afgano llegue a un acuerdo político con los talibán. “Ellos son los que me hicieron esto”, dice mientras se toca su cara mutilada. “¿Cómo podemos reconciliarnos con ellos?”.
Detrás de esta desesperada pregunta existen numerosas posturas enfrentadas. En primer lugar, la de los políticos norteamericanos, que ven cada día más claro que el conflicto comenzado hace casi nueve años por Bush debe terminar, ya que no se puede seguir enviando soldados y recursos por tiempo indefinido.
A ello hay que sumar las denuncias del sitio web wikileaks.org, capitaneado por su fundador Julian Assange, quien ha revelado las frecuentes matanzas de civiles afganos inocentes durante las operaciones de las tropas norteamericanas.
Debido a toda esta presión, en diciembre el presidente Obama presentó un plan que tenía como objetivo retirar las tropas estadounidenses de Afganistán, de manera escalonada, a partir de julio de 2011. Sin embargo este plan, según opinan sus críticos, no hará más que envalentonar a los talibán y a otros grupos extremistas que operan en la región.
El pasado mes de junio el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, creó una comisión de paz con el cometido de evaluar una posible negociación con los talibán. En julio, el dirigente de Human Rights Watch, Tom Malinowski, se entrevistó con Karzai, quien dudaba que existiera algún espacio para los derechos humanos cuando se estaban perdiendo cada día tantas vidas humanas. Según relata Malinowski, el presidente afgano le preguntó:“¿Qué es más importante, proteger el derecho de una chica a ir a la escuela o salvar su vida?”. Firmar la paz significará pactar con los talibán y aceptar gran parte de su medieval e intransigente posición sobre el rol de la mujer. Frente a esto ya se levantan voces en contra. Algunas parlamentarias afganas, como Fawzia Koofi, temen que el escaso progreso en materia de igualdad logrado hasta el momento, retroceda en aras de un rápido acuerdo de paz.
Mozhdah Jamalzadah, una refugiada afgana que vive en Canadá y es activista por los derechos de la mujer, suele contar un chiste que circula por Kabul. En él, un equipo de especialistas extranjeros en Derechos Humanos se sorprenden al ver un día -en la rural región de Helmand, donde son fuertes los talibán-, a una mujer caminando seis pasos por delante de su marido, cuando siempre están obligadas a caminar seis pasos detrás de su amo y señor. Cuando los extranjeros se apresuran a felicitar al marido por su postura igualitaria éste les aclara que lo hace, en realidad, por estar ambos caminando sobre un campo minado.
Hace pocos días el jefe de la misión militar de EE UU en Afganistán, el general David Petraeus, ha reabierto el debate sobre la salida en 2011 de las tropas estadounidenses de ese país asiático de casi 33 millones de habitantes, al ofrecer la posibilidad de una prolongación de la misión, algo que venía reclamando a Obama la cúpula militar de EE UU con el argumento de que la estrategia militar adoptada sólo hace unos meses está empezando a dar su fruto. ¿Será esta alternativa salomónica la solución al dilema?
Mozhdah considera que un retiro de tropas estadounidenses demasiado prematuro y precipitado podría resultar nefasto para las mujeres afganas y afirma: “Si se sacrifica a las mujeres para obtener la paz también se sacrificará a los hombres que las apoyan y se dejará al país en manos de los fundamentalistas que fueron el origen del problema”. Ella y otras luchadoras desean que llegue pronto el día en que hombres y mujeres afganos simplemente caminen juntos, uno al lado del otro, y en la misma dirección. Δ