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Mujer A Conciencia Ojo por ojo

Ojo por ojo

Escrito por Maria Eugenia Eyras 01 Octubre 2010
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Desde la más remota antigüedad el hombre ha sentido una especie de horror innato, una repugnancia instintiva, en matar una mujer. Seguramente por el respeto y temor masculino ante el vientre que da la vida: matar a una mujer era asesinar la vida.
Seis pasos detrás“Las mujeres y niños, primero”, se gritaba durante los naufragios cuando se llegaba a los botes salvavidas... En las guerras, se ajusticiaba a los hombres, pero se perdonaba siempre a las mujeres y a los niños, convirtiéndolos en esclavos. En nuestra época iconoclasta y desacralizada, no sólo se practica legalmente el aborto, pisoteando el derecho a la vida del ser en gestación, sino también que se ejecuta sin contemplaciones a las mujeres, dueñas del vientre sagrado.
Ese homicidio de Estado que es la pena de muerte ha sido perpetrado hace pocos días, en EE. UU:  Teresa Lewis (41 años, dos hijos y un nieto) se convirtió así en la primera mujer condenada a muerte en el  Estado de Virginia desde 1912.
Al parecer, y manipulada por su amante (condenado a cadena perpetua, así como los autores materiales del delito), Teresa había ordenado el crimen de su marido e hijastro, para cobrar el seguro. No bastó para detener la ejecución el hecho de que Teresa Lewis sufriera un trastorno de la personalidad que la hacía dependiente. Ni que tuviera un coeficiente de inteligencia de 72, (tan sólo dos puntos por encima del coeficiente 70 considerado el umbral del retraso mental). Ni de que hubiera pasado siete terribles años de espera en el ‘Corredor de la Muerte’.
Tras consumir su última cena a la carta, consistente en pechuga de pollo, guisantes con mantequilla y pastel de chocolate, Teresa recibió a las 9 de la mañana por vía endovenosa,un cóctel mortal de barbitúricos que le paró el corazón.
En su comparecencia en la Cumbre de los Objetivos del Milenio en la sede de la ONU (Nueva York), el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, aludió a esta ejecución para comparar a Teresa Lewis con Sakineh Mohammadi Ashtiani, la mujer iraní condenada a ser lapidada por igual delito. Y acusó a EEUU de lanzar una ‘fuerte propaganda’ en nombre del humanismo para salvarla.
De 43 años y también madre de dos hijos, Sakineh ‘confesó’ hace dos meses haber planeado el asesinato de su marido, aunque su abogado (ahora exiliado en Noruega) y muchos otros, creen que esta confesión ha sido forzada, como en tantos otros casos.
Sakineh, condenada inicialmente a 99 latigazos por adulterio (que ya ha recibido), volvió a ser juzgada y condenada. Sakineh, condenada inicialmente a 99 latigazos por adulterio (que ya ha recibido), volvió a ser juzgada y condenada. Esta vez, a la muerte por lapidación.Esta vez, a la muerte por lapidación, aunque la ingente labor de organizaciones de defensa de los derechos humanos ha logrado que esta terrible sentencia se cambie por la de ahorcamiento.
Sakineh sólo ha dicho: "Me matarán por ser mujer, en un país que cree que puede hacer lo que quiera con las mujeres", a sabiendas de que su peor delito ha sido el tener dos relaciones extramatrimoniales en un país que lapida a los adúlteros.
Ambos casos no han tardado en ser utilizados para fines políticos. La crítica antinorteamericana dice que los dos son similares y que se carga las tintas en el caso iraní para demonizar al Islam y preparar a la opinión pública para una próxima invasión norteamericana a Irán. Otros en cambio, ven al Islam como al gran enemigo de los valores de Occidente y de los derechos de la mujer.
Lo cierto es que los países del mundo que más aplican la pena capital son tanto Estados Unidos (con 3.260 condenados esperando en el ‘Corredor de la Muerte’, entre ellos 52 mujeres) como Irán (que ostenta uno de los índices de ejecución más altos del mundo, con 388 ejecutados en 2009) junto a China y Arabia Saudí.
En la psique colectiva, sin embargo, predomina la sensata y apabullante certeza de que el mandato bíblico “ojo por ojo y diente por diente” no es propio de seres humanos evolucionados.
Nunca un crimen justificará otro crimen, ni un asesinato se redimirá jamás a través de otro asesinato. Δ