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Mujer A Conciencia La fiesta interminable

La fiesta interminable

Escrito por Maria Eugenia Eyras 21 Octubre 2009
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Cuando Charles Darwin publicó su obra fundamental en 1859, El origen de las especies, el naturalista inglés marcó, sin lugar a dudas, un antes y un después en el pensamiento científico al inaugurar el evolucionismo que lo ha marcado hasta hoy.
aconcienciaLo que seguramente Darwin jamás pensó fue que su teoría se vería manipulada y deformada con el fin de justificar atrocidades.
Años más tarde su propio primo, Sir Francis Galton, gestó esa perversa vertiente del evolucionismo llamada Darwinismo Social, que aplicaba las nociones de la selección natural a las razas humanas.
En ella Galton razonaba que las sociedades humanas que buscaban proteger a los desfavorecidos y a los débiles estaban reñidas con la selección natural, que propiciaba la supervivencia de los más aptos.
Así, Sir Francis Galton formuló por primera vez la teoría de la ‘eugenesia’, proponiendo la selección artificial para mejorar la raza humana.
Esta teoría sería aplicada con mucho esmero sesenta años después, tanto por el nazismo alemán como por todas las políticas de limpieza étnica y de esterilización de enfermos, pobres y delincuentes en Europa y Estados Unidos.
A fines del siglo XIX el Darwinismo Social le vino como anillo al dedo al naciente neoliberalismo, ya que le permitía justificar sus políticas imperialistas.
En su libro “Los holocaustos del fin de la era victoriana”, Mike Davis cuenta cómo más de sesenta millones de personas murieron de hambre durante esa época debido a la desidia de los gobiernos coloniales.
En la India, mientras la hambruna de la década de 1870 -causada por una terrible sequía- causaba un verdadero genocidio, el virrey Lord Lytton supervisaba una exportación récord a Inglaterra de 6.4 millones de quintales de trigo.
En 1877, también Lord Lytton, conocido por sus extravagancias, encargó “la más colosal y cara comida de la historia del mundo” para más de 10.000 invitados, con el fin de festejar la coronación de la reina Victoria de Inglaterra como Emperatriz de la India.
Los comensales disfrutaron del festín, Los imperios obligaban a los campesinos a producir monocultivos de productos para exportar, en lugar de otros más diversificados para autoabastecerse, condenándolos así a una muerte segura en caso de catástrofe climática, lo que finalmente sucedió.que duró más de tres días, mientras a las puertas del palacio donde se celebraba el banquete agonizaban multitudes de indios famélicos…
También el colonialismo y la imposición del capitalismo liberal causaron en esa época millones de muertos en China, Brasil, Etiopía, Corea, Vietnam y las Filipinas.
La causa principal se debía a que los imperios obligaban a los campesinos a producir monocultivos de productos para exportar, en lugar de otros más diversificados para autoabastecerse, condenándolos así a una muerte segura en caso de catástrofe climática, lo que finalmente sucedió.
Un multimillonario neoliberal, John D. Rockefeller, pontificaba durante la década de 1950: “El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto... La rosa American Beauty sólo puede alcanzar el máximo de su hermosura y el perfume que nos encantan, si sacrificamos otros capullos que crecen en su alrededor. Esto no es una tendencia malsana del mundo de los negocios. Es, meramente, el resultado de una combinación de una ley de la naturaleza con una ley de Dios.”
Durante la década de 1970, el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano ya afirmaba en su libro “Las venas abiertas de América Latina” que, esta región del mundo había sido saqueada sucesivamente por España, Portugal e Inglaterra. Por esas fechas, justamente, Henry Kissinger aseguraba rotundamente: “Controla el petróleo y controlarás las naciones, controla los alimentos y controlarás a los pueblos”. Y en su siniestro informe NSSM 200, apodado también ‘Informe Kissinger’, se preguntaba: “¿Debe ser el alimento considerado como un instrumento de poder nacional? Todo tipo de ayuda debe ajustarse a aquellos países que acepten las condiciones de reducir la tasa de natalidad y de buscar la estabilidad política.” Para añadir terroríficamente: “Los expertos recomiendan que la política norteamericana, tanto interior como exterior, busque como objetivo la eliminación de unos 2.400 millones de seres humanos en los años venideros”.
Sin palabras…
Se teme que dentro de diez años se produzca una hambruna global de proporciones incalculables que podría no sólo provocar millones de muertos sino también migraciones masivas descontroladas y una violencia enloquecida: la de los que no tienen nada que perder.
Las mujeres, que desde el principio de los tiempos hemos sido las madres nutricias del planeta, deberíamos unir nuestros esfuerzos para impedirlo, ahora que todavía estamos a tiempo. Δ