.

Quién está en línea

Tenemos 94 lectores conectados
Mujer A Conciencia La chispa de Cartago

La chispa de Cartago

Escrito por Maria Eugenia Eyras 03 Febrero 2011
( 8 Votos )
Imprimir
La chispa de Cartago 5.0 out of 5 based on 8 votes.
Mao Tse Tung advirtió una vez: “Una sola chispa puede incendiar la pradera”.
En Túnez, la antigua Cartago, esta chispa ha sido la autoinmolación de Mohamed Bouazizi, de 26 años, quien se roció con gasolina en la plaza principal de la ciudad y luego se prendió fuego el pasado 17 de diciembre.
La chispa de CartagoA pesar de su diploma universitario, Mohamed se veía obligado a vender fruta y verdura con un carrito ambulante para sustentar a su familia de varios hermanos. Cuando la policía le prohibió este tipo de venta, le quitó la mercadería y lo golpeó, el joven apeló a la suprema protesta.
Con graves quemaduras, agonizó en el hospital durante dos semanas. Cuando falleció el 4 de enero, su sacrificio había precipitado la caída del gobierno tunecino, cuyo régimen autoritario había durado más de 23 años.
El 14 de enero, Zine al-Abdine Ben Ali, hasta entonces presidente de Túnez, se vio obligado a huir a Arabia Saudita, convirtiéndose en el primer presidente del mundo árabe derrocado por una revuelta popular.
Mohamed Bouazizi había logrado un objetivo tal vez ni soñado: derrocar al régimen y convertirse en un símbolo para todo el mundo árabe. La chispa de su sacrificio, avivada por bloguistas y activistas que se comunicaban y convocaban a manifestaciones a través de internet y de las redes sociales, desembocó en una ola generalizada de protestas por el desempleo y la corrupción que azota a Túnez. Rápidamente, este tipo de protestas se está extendiendo ahora a Arabia Saudita, Marruecos, Sudán, Egipto, Mauritania y Argelia, donde no sólo se han producido inmolaciones sino también manifestaciones multitudinarias.
Dos factores hasta hoy desconocidos en la cultura árabe, el suicidio y la libertad de expresión, están generando este fenómeno inesperado.
Desde las mezquitas los imanes recuerdan a sus fieles musulmanes, durante los sermones de los viernes, la prohibición de quitarse la vida que les impone su fe. Inmolarse como acto de protesta, hecho hasta ahora inédito, ha prendido como el fuego en un reguero de pólvora, entre los ciudadanos descontentos que son la mayoría.
Aquellos que han apelado a este autosacrificio brutal y definitivo como acto de denuncia (como lo hicieron los monjes budistas durante la ocupación de Indochina, o el estudiante checo Jan Palach cuando la represión rusa en su país) en numerosas ocasiones han alcanzado sus objetivos de torcer el curso de los acontecimientos. Oriente Medio, hasta ahora adormecido bajo el yugo de gobiernos autoritarios, comienza a despertarse y a pedir justicia y democracia para la región más explosiva del planeta.
Oriente Medio, hasta ahora adormecido bajo el yugo de gobiernos autoritarios, comienza a despertarse y a pedir justicia y democracia para la región más explosiva del planeta.
Muchos peligros la acechan, siendo los dos más notorios el caos y el islamismo radical, ya que, habiendo surgido la rebelión de manera espontánea entre los ciudadanos disconformes, la oposición a estos regímenes carece de líderes que la conduzcan.
Mohammad Momani, profesor de la universidad jordana de Yarmuk, previene: "Los fundamentalistas tienen tendencia a prosperar en las fases de crisis con el mensaje de que todo va mal y de que ellos representan la única solución".
La volcánica región parece, en estos momentos, libre también de cualquier tipo de control por parte de Occidente. Estados Unidos, el Gran Hermano, se encuentra virtualmente ausente de su escenario. El Banco Mundial, por su parte, afirmaba hace nueve meses: “Túnez expande su economía y crea empleo”, ajeno como siempre a la cruda realidad tunecina de pobreza, desempleo y falta de oportunidades, y amigo como siempre de las dictaduras que se muestran benévolas con los intereses neoliberales.
Tal como solían afirmar Franklin D. Roosevelt de Anastasio Somoza o Henry Kissinger de Augusto Pinochet: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”…
Hace casi 3.000 años, en el 814 c.C., la ciudad de Cartago fue fundada en el actual territorio de Túnez por Elisa (ó Dido), princesa fenicia hermana del rey Pigmalión de Tiro.
Elisa, huyendo de la tiranía ejercida por Pigmalión, se refugió en Cartago, donde terminó apuñalándose y arrojándose a una pira funeraria, con el fin inclaudicable de preservar su libertad.
La historia, en su infinito girar, nos devuelve a veces al punto de partida. Δ