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Mujer A Conciencia El sendero de la autoestima

El sendero de la autoestima

Escrito por Maria Eugenia Eyras 09 Junio 2009
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Hubo un tiempo, en los albores de la humanidad, cuando de la sabiduría de la mujer , y de su intuitivo cuidado de la vida, dependía el tejido mismo de la sociedad. aconciencia
Las mujeres fueron las primeras sacerdotisas que aseguraban mediante ritos la benevolencia de la Diosa e interpretaban su sagrada voluntad.
Llevadas por su instinto de preservar la vida, las mujeres prehistóricas aprendieron a desentrañar los misterios de las hierbas medicinales y eso las convirtió en las primeras sanadoras.
Eran las que ayudaban a venir al mundo a los recién nacidos, las que velaban junto a los agonizantes y las que amortajaban a los muertos.
Las que sabían distinguir entre los frutos silvestres y hongos comestibles y aquellos que eran venenosos.
Las inventoras de las primeras letras, con fines religiosos, y las encargadas de transmitir todos estos conocimientos de madre a hija, a través de las generaciones.
Con el cambio de paradigma que le otorgó el poder a los varones , allá por el año 2.000 a C, sobrevino la desvalorización de lo femenino.
Se consideró a la mujer, a partir de entonces, un ser inferior, subordinado al hombre, carente de razón y hasta de alma, un mero vientre productor de hijos, que tenía "Las mujeres de hoy deberían preguntarse, por ejemplo, de dónde viene la tiranía de la moda y de los cánones de belleza actuales, que la condenan a la desnutrición y a la eterna inseguridad" el imperativo de embellecerse para ser objeto de deseo.
Aunque desde la Ilustración las mujeres comenzaron su rebelión definitiva contra esta etiqueta, todavía en nuestros días quedan resquicios, de los que hay que tomar conciencia.
Las mujeres de hoy deberían preguntarse, por ejemplo, de dónde viene la tiranía de la moda y de los cánones de belleza actuales, que la condenan a la desnutrición y a la eterna inseguridad.
¿Quién dicta los imperativos de adelgazar, o de machacarse en el gimnasio, o de perforarse los lóbulos de las orejas, el labio inferior o el ombligo para ser deseable?
En el siglo XIX los burgueses franceses ordenaban a sus hijas: “Sois belle et tait toi” (Sé bella y cállate).
Y ellas lo aprendieron al pie de la letra.
¿Qué voz susurrante y milenaria les dice constantemente que son demasiado gordas, demasiado bajas, demasiado golosas o demasiado charlatanas?
Se trata de la silenciosa voz de la inferioridad, interiorizada en los abismos del subconsciente, que después de 70 siglos de desvalorización femenina se ha convertido ya en una sólida convicción, que se evidencia tanto en lo personal como en lo profesional.
Del  14 al 16 de mayo de 2009 se celebró en Santiago de Chile la Cumbre Global de las Mujeres, llamada informalmente “el Davos de las Mujeres”.
La Cumbre reunió a mujeres de negocios, profesionales y líderes gubernamentales, con el objetivo de explorar estrategias y mejores prácticas que permitan acelerar el progreso económico de las mujeres en todo el mundo.
En ella se llegó a varias conclusiones muy importantes, que podrían resumirse en una sola: en palabras de Krista Wallochik , Consejera Delegada de Norman Broadbent España, son las propias inseguridades de la mujer (falta de confianza, miedo al fracaso, excesivo perfeccionismo) las que le impiden avanzar, las que la autolimitan.
Y aconsejan vivamente el perder el miedo a equivocarse y a cometer errores, que sólo  han de verse como oportunidades de aprendizaje.
En suma,  perderle el miedo al fracaso.
El futuro liderazgo está en manos de la mujer, sin lugar a dudas.
Pero sólo si tiene fe en sí misma y retoma el sendero de la autoestima, cuyo rumbo perdió en algún recodo del camino. Δ