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Mujer A Conciencia El primer paso

El primer paso

Escrito por Maria Eugenia Eyras 22 Julio 2011
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Hace unos días el Tribunal Supremo de España dictó una sentencia que hará historia: una abogada que acaba de divorciarse en régimen de separación de bienes y que había dejado su profesión para cuidar de su hogar y de su hija durante 11 años, recibirá de su ex-marido una compensación económica de 108.000 € por esos trabajos domésticos.
El primer pasoPara cuantificar lo que se le adeudaba se tuvo en cuenta lo que hubiera cobrado una empleada del hogar: unos 600 € al mes durante todo ese tiempo.
Esta sentencia hará historia porque por primera vez se reconoce por vía judicial, el trabajo esclavizante, callado, sacrificado, generoso y a tiempo completo de las amas de casa de todas las épocas. Un trabajo que, por ser menospreciado, no se valora ni se agradece ni se reconoce.
Como también son menospreciadas las empleadas del hogar, hasta hace poco tiempo llamadas altivamente ‘sirvientas’ o ‘criadas’.
Solían servir a cambio sólo de techo y comida y, con frecuencia, también eran utilizadas como juguetes sexuales por los amos y sus hijos varones.
Hoy en día, según la OIT, todavía 90 % de los 100 millones de trabajadores domésticos en todo el mundo son mujeres. Muchas de ellas inmigrantes y sin papeles, por lo que no les queda más remedio que dedicarse a las tareas que nadie quiere realizar, las más penosas e ingratas.
Hasta que los hombres no compartan exactamente la mitad de estas tareas no habrá una igualdad real entre ambos géneros. Para alcanzarlo queda todavía un largo camino a recorrer.El director de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE (EFRA), el danés Morten Kjaerum, denuncia: "El pánico a la deportación o al despido disuade a las víctimas de acudir a los tribunales cuando han sufrido los abusos o la explotación de sus empresarios. Y como la deportación puede ser el precio que se paga por recurrir a la justicia, los que maltratan a los empleados domésticos en situación irregular quedan a menudo impunes".
Mario Vargas Llosa recordaba en su excelente artículo de hace unos días ‘Derecho de pernada’ que el atropello de Dominique Strauss-Khan a la limpiadora guineana del Hotel Sofitel de Nueva York no era más que una prolongación de este ancestral modo de sometimiento que en el Perú de su adolescencia se llamaba ‘tirarse a la chola’, aunando a la vez el racismo con el machismo y la brutalidad. Claro, el desprecio a la mujer y a las tareas domésticas van de la mano.
Por eso todavía hoy, hasta en los países más civilizados del planeta, existen mujeres asesinadas por sus parejas y maridos que se jactan de ‘ayudar un poco’ en casa mientras que sus mujeres corren estresadas de un lado para otro para lavar, planchar, cocinar, recoger y bañar a los niños, hacer la compra, etc, etc, cuando salen del trabajo.
Hasta que los hombres no compartan exactamente la mitad de estas tareas no habrá una igualdad real entre ambos géneros. Para alcanzarlo queda todavía un largo camino a recorrer y esta sentencia judicial no ha sido más que el primer paso. Δ