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Dinero y sangre: el negocio de la guerra

Escrito por Maria Eugenia Eyras 15 Diciembre 2014
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Una pequeña víctima de la guerra de Siria, Wascham, de 3 años, murió poco después de tomarse una foto en el hospital donde los médicos trataban de curarle las heridas.
Mientras agonizaba les dijo a los adultos que le rodeaban: "Cuando muera, le contaré a Dios todo lo que ustedes han hecho ..." Por supuesto, los médicos no eran responsables de tamaña barbarie. Pero ¿quién lo es? ¿Acaso somos los demás tan inocentes como creemos?

aconcienciaSegún Unicef, unos 15 millones de niños en todo el mundo se han visto atrapados en conflictos bélicos durante 2014. Cada año, las guerras matan en el mundo aproximadamente a unas 250.000 personas. Millones se ven obligadas a abandonar sus hogares y convertirse en refugiadas en otros países.

La guerra se ceba especialmente en las mujeres y las niñas, que si bien no son las que más mueren en combate, sufren en cambio hambre y violaciones o se ven obligadas a contraer matrimonios forzados para sobrevivir o para alimentar a la familia.

Sin armas no habría guerras... ¿Quién las proporciona?
La industria armamentística, un negocio global que mueve alrededor de 1,5 billones de dólares al año en todo el mundo. Los seis exportadores de armas más importantes son, llamativamente, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: Estados Unidos de América, Rusia, China, Francia y Reino Unido, aunque otros grandes comerciantes son también Alemania, Israel, Italia, Suecia, Sudáfrica, España, Bélgica y Ucrania.
Los seis exportadores de armas más importantes son, llamativamente, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

¿Quién las compra? Pakistán, China, Emiratos Árabes y Arabia Saudita, entre otros.
¿Dónde se utilizan? En las guerras recientes de Ucrania, Irak, Gaza, Siria y Libia, así como en otras que vienen de lejos como las de Afganistán, Somalia, Mali, Sudán del Sur y República Centroafricana. O sea que, en líneas generales, los países más desarrollados producen armas, que son compradas por países emergentes, para ser utilizadas en países subdesarrollados. La pregunta obvia que la gente se hace es ¿por qué, si se sabe de lo nefasto y brutal de las guerras, se sigue fabricando y vendiendo armas? ¿Acaso no ha habido ya demasiado dolor?

Según Jordi Calvo Rufanges, catedrático de la Unesco, las amenazas a la seguridad (reales o ficticias) sirven a los gobiernos para justificar el gasto público militar y la fabricación de armas, así como su comercio y financiación. Es así como somos los contribuyentes quienes dedicamos un porcentaje de nuestros ingresos a su mantenimiento. En el caso de España, el 4% de los Presupuestos Generales del Estado, que en 2014 fue de unos 16.500 millones de euros. También se destinan otros 23.000 millones de euros en forma de crédito para la industria militar. Que, por supuesto, no son suficientes... El resto lo ponen los bancos privados.... con nuestros ahorros.

Algunas de las organizaciones pacifistas más importantes de España ( la Asociación Española de Investigación para la Paz (AIPAZ), el Centre d'Estudis per la Pau J.M.Delàs, Justícia i Pau ó la Càtedra UNESCO sobre Pau i Drets Humans, entre ellas) han denominado "Banca Armada" a los bancos que colaboran con el complejo militar industrial.
Estos son, en orden de importancia:

1. BBVA (3.626.568.802 €)
2. Santander (1.723.751.052 €)
3. Bankia (392.516.426 €)
4. Banca March (177.415.618 €)
5. Liberbank (92.764.436 €)
6. Caixabank (37.447.993 €)
7. Catalunya Caixa (ahora BBVA) (31.960.000 €)
8. Banco Sabadell (25.503.453 €)
9. Banco Popular-Pastor (21.883.030 €)
10. Ibercaja-Caja 3 (20.755.411 €)

Unos 7.000 millones de euros les fueron otorgados a la industria militar en plena crisis, cuando el crédito a las familias y las pymes estaba prácticamente congelado. Cifra que alcanza alturas vertiginosas, unos 113.000 millones de euros, si se suma a la banca extranjera en España: BNP, Deutsche Bank, Citibank, Barclays Bank, ING, Bankinter o aseguradoras como Allianz, AXA o AIG. Lo que significa que no sólo con nuestros impuestos sino también con nuestros ahorros los españoles financiamos, sin quererlo, la industria militar.

Dado que el índice de endeudamiento medio de ésta suele llegar al 73 %, sin ayuda de los bancos privados las fábricas de armas no podrían mantenerse. Sin financiación, las empresas de armamento en el estado español sólo alcanzarían a la cuarta parte de su producción. Lo que, extrapolado a nivel mundial, significa que, sin dinero privado, habría cuatro veces menos armas en todo el planeta. Cuatro veces menos guerras, cuatro veces menos sufrimiento humano. Pero el dinero no tiene corazón y mientras fabricar armas sea un buen negocio siempre habrá banqueros dispuestos a respaldarlo.

Afortunadamente, la gente de buena voluntad se está organizando para erradicar este monstruo milenario, la guerra. Desde la web www.bancaarmada.org se están organizando campañas para que sus clientes presionen a estas entidades financieras, especialmente al Grupo BBVA y Banco Santander, para que cancelen sus inversiones en empresas de armamento y para que opten por prácticas más éticas.

Otra iniciativa muy importante ha sido la aprobación, el 2 de abril de 2013, del Tratado sobre el Comercio de Armas por parte de casi todos los países miembros de la ONU, con tan sólo los votos en contra de Irán, Siria y Corea del Norte. Este Tratado prohíbe a los Estados transferir armas convencionales a otros países si saben que van a ser utilizadas para cometer genocidios, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra o facilitar su comisión. Entrará en vigor dentro de pocos días, el 25 de diciembre de 2014 y se cree que será una medida decisiva para detener las atrocidades sin medida cometidas hasta ahora.
Tal vez entonces, y sólo entonces, el pequeño Wascham pueda descansar en paz... Δ