.

Quién está en línea

Tenemos 181 lectores conectados
Mujer A Conciencia Amar al canalla

Amar al canalla

Escrito por Maria Eugenia Eyras 09 Abril 2010
( 12 Votos )
Imprimir
Amar al canalla 4.8 out of 5 based on 12 votes.
¿Quién no ha sufrido alguna vez por amor?
Casi todos hemos experimentado el sabor amargo del amor no correspondido, del silencioso amor platónico o del amor lejano, tan románticos y tan frustrantes…
aconcienciaEn los cuentos de hadas de nuestra infancia siempre había un príncipe azul que llegaba para rescatar a su princesa y ser felices para siempre.
En su versión moderna, las comedias románticas y los culebrones ofrecen más o menos la misma fórmula de la felicidad, tan edulcorada como irreal.
Si a eso se le agrega la educación sentimental que se le ha dado a la mujer durante siglos, en el sentido de que debe postergar su felicidad y su bienestar para dar preferencia a los de su pareja y sus hijos, el plato de la desdicha está servido.
En el reino animal suelen ser los machos -más fuertes y temibles- los que logran aparearse con el mayor número de hembras, para que, de esta manera, el proceso de selección natural asegure el nacimiento de cachorros también fuertes y temibles, y que tendrán, por lo tanto, mayores probabilidades de sobrevivir.
Los humanos, todavía, y aunque muy escondido, portamos ese gen. ¿Será por eso que los varones arrogantes y depredadores parecen, a veces, tan irresistiblemente atractivos?
Entre el chico bueno y respetuoso y el ‘chico malo’ insensible, duro y mujeriego suele ser el segundo el que provoca los más intensos estremecimientos femeninos de placer y expectación.
Que se condimentan con una buena dosis de miedo, excitación y vértigo, como cuando una se asoma a un profundo abismo.
Porque el ‘amor de riesgo’ despierta a más de una la tentación de jugar con fuego, como la polilla que adora volar cada vez más cerca de la llama hasta acabar chamuscada.
En ocasiones aparecen fantasías redentoras del tipo: “Yo lo cambiaré, el amor todo lo puede…”
Pero en realidad, ya consumada la conquista, lo que suele comenzar es el mecanismo que este tipo de hombres emplea para aturdir: frío-calor, hoy te quiero, mañana no…
Nada aviva tanto la pasión como la incertidumbre. En estos casos la víctima suele creer que jamás volverá a amar así, con esa intensidad, con tanta desesperación…
Nadie nos querrá, y a nadie querremos, si antes no nos queremos a nosotros mismos.Tal vez , si uno opina como Fiódor Dostoievski: “ En nuestro planeta sólo podemos amar sufriendo y a través del dolor. No sabemos amar de otro modo ni conocemos otra clase de amor”.
Pobre Fiódor… Claro que existe otra clase de amor.
Es el amor sereno, confiable, compañero, amigo, pleno de ternura, humor y complicidad, en cuyos ojos uno puede mirarse sin experimentar miedo o angustia. El amor sólido como un pilar de piedra sobre el que es posible levantar estructuras duraderas…
Los primeros psicoanalistas discutieron mucho sobre la obligatoriedad del ‘masoquismo femenino’, que se suponía era parte de la condición de la mujer y que le impedía amar si no era con sufrimiento.
Pero en la primera mitad del siglo XX la psicoanalista Karen Horney aclaró rotundamente: “No existe el masoquismo femenino, que es una consecuencia del sistema recompensa-castigo del patriarcado, un sistema social sexista que obligaba a las mujeres a ser sumisas para sobrevivir”.
En realidad, matiza Horney, la mujer que prefiere al canalla suele tener una personalidad autodestructiva, basada en una baja autoestima.
Como se siente poca cosa, insignificante e insegura, prefiere al hombre dominante, agresivo, arrogante, chulesco, despiadado, ególatra, prepotente y mentiroso, creyendo que la unión con semejante personaje le otorgará mágicamente la confianza en sí misma de la que carece.
Pero el canalla, intuyendo su debilidad, la trata desde lo alto con superioridad y condescendencia, y desde el principio le dicta lo que debe hacer y lo que debe decir.
La somete, la pisotea, la lastima, y en cada paso que da para atropellarla y doblegarla experimenta la triunfante sensación del poder y la dominación.
¿Es eso amar, en ésto consiste ser amado?
No. Nadie nos querrá, y a nadie querremos, si antes no nos queremos a nosotros mismos.
Por eso, toda decisión que se tome en la vida adulta, con respecto a la pareja o cualquier otro aspecto de la vida, debe de partir siempre desde la dignidad, la autoestima y el respeto a uno mismo.
Sólo entonces, y a partir de entonces, estaremos en condiciones de establecer y mantener la relación amorosa saludable, equilibrada, madura, estable, constructiva y satisfactoria que todos nos merecemos. Δ