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Otra receta para la crisis: Pechuga de pollo rellena

Escrito por Cuñao 06 Marzo 2009
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Ingredientes como pá cuatro:
2 pechugas de pollo grandes
4 lonchas de jamón york
4 lonchas de queso de barra
8 lonchas de bacon ahumado
1 cebolla grande
1 vaso de vino blanco
2 huevos
sal, ajo, aceite

Como seguimos con la crisis, continuaremos con recetas baratas, pero ricas. Pues nada, Manolo -un conocido de Lepe al que fui a visitar el otro día- me ha contado cómo preparar esta. Tiene una familia realmente curiosa. Llegó el niño de clase y le pregunta a su padre:
-Papá, ¿puedo salir a ver el eclipse?
-Está bien hijo, pero no te acerques demasiado.

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Y la hermana mayor está en el hospital porque conducía por un camino secundario, cuando vio un cartel que decía: 'Curva peligrosa a la izquierda'. Sin dudar, giró a la derecha.
Empecemos por abrir bien las pechugas, salarlas y ponerles unas lonchas de bacon, jamón york y queso. Encima les ponemos una tortilla francesa (si te gusta más, puedes sustituirla por huevo cocido en rodajas).
Después le acompañé a comprarse ropa para la boda de la hija que se les casa dentro de poco. Entramos en una zapatería y después de probarse unos cuantos pares, elige unos italianos muy elegantes. Al entregárselos el empleado le advierte:
-Señor, estos zapatos suelen apretar bastante los cinco primeros días.
-No hay problema -responde-, no los voy a usar hasta el próximo domingo.
Enrollamos las pechugas y las atamos bien para evitar que se salga el relleno. Salamos por fuera y les ponemos unos ajitos picados. En una cacerola se sofríe la cebolla cortada en juliana en un poco de aceite. Dejamos que se dore bien, sin que llegue a quemarse y la retiramos, reservándola.
Encima en estos días coincide que su mujer se pone de parto y llama al médico por teléfono:
-¿Sí?
-Doctor, doctor, mi mujer está a punto de dar a luz...
-¿Es su primer hijo?
-No, soy su marido
Pero las cosas entre ellos no andan bien del todo. El otro día paseaba Manolo por el parque y se encuentra un espejito de cartera. Lo abre, se mira y dice:
-Coño, yo a este tío lo conozco-, y se lo guarda.
De camino a casa, vuelve a mirarse y repite:
-¡Joder! ¿De qué conozco yo a este tío?-, y se guarda el espejo.
Mientras Begoña, su mujer, le sirve la comida, se vuelve a mirar:
-¡Leche! Yo a este tío le conozco..., creo que es el que se corta el pelo enfrente de mí.
Curiosa Begoña, le pregunta:
-Oye, ¿qué tienes en la mano?
-Nada importante-. Y lo guarda nuevamente en el bolsillo del pantalón.
Cuando él se va a la cama, Begoña intrigada mira en el bolsillo del pantalón y coge el espejo. Se mira en el mismo y dice:
-Lo sabía... ¡Una foto de mujer!... ¡Y qué cara de zorra tiene!

En este aceite, doramos las pechugas hasta que tomen un color bonito. Ponemos de nuevo la cebolla en la cacerola y regamos con el vino blanco. Ponemos algo de agua hasta que llegue el líquido hasta la mitad de los rollitos y dejamos así cocer hasta que estén blanditas, unos 35 minutos a fuego lento.
Para más desgracias, el cuñado de Manolo se carga a la suegra -no sé si llegarán a la boda del fin de semana-. En el juicio le dice el fiscal al acusado:
-A ver, ¿por qué disparó dos tiros contra su suegra?
-¡Porque no tenía más balas!
Y nada, al día siguiente con toda la familia, comienza la música y uno de ellos que estaba un poco bebido ve una señora elegantemente vestida de negro. Tambaleante, se acerca a ella y le dice:
-Madame, ¿me concede el placer de este baile?
-No.
-¿Y por qué no?
-Pues por cuatro motivos:
Primero, porque usted está borracho.
Segundo, porque esto es un velatorio.
Tercero, porque el Ave María no se baila.
Y cuarto porque madame será su madre. ¡Yo soy el cura!
Pasado este tiempo, retiramos los rollitos y pasamos la salsa por la batidora. Lo servimos en rodajas acompañados por la salsa, y os recuerdo que el relleno admite lo que tu imaginación te dicte. Se le puede poner pimiento rojo, champiñones... lo que se os ocurra.
Me despido con la anécdota del primo vasco que llegó tarde a la boda; nos contó lo que le había pasado en el viaje. Iba por la autopista, adelantando a todo el mundo, con su flamante coche recién comprado cuando, de repente, nota algo raro. Para en el arcén, baja y se da cuenta de que una rueda se ha pinchado.
-¡Ahí va la ostia! ¿Dónde estarán en este coche el gato y la rueda de repuesto?
Mientras mascullaba, jurando en hebreo, se para uno de Bilbao al que había adelantado anteriormente, de mala manera, y le dice:
-¿No sabes que estos coches modernos no tienen ni gato, ni rueda de repuesto?
-¡Ahí va la ostia!, ¿y cómo se arregla esto, pues?
-Sólo tienes que soplar fuerte por el tubo de escape y se infla la rueda.
Entonces se queda el primo sopla que te sopla por el tubo de escape del coche…
-¡Ahí va la ostia!, esto no se infla. A ver si lo estoy haciendo mal.
El tío seguía y seguía soplando y lo único que se inflaba era la vena del cuello, que la tenía a punto de estallar. Ya estaba casi extenuado, cuando se para otro de Donostia:
-Oye Patxi, ¿qué haces, pues?
-Mira tú. He pinchado y ha parado uno de Bilbao que me ha dicho que en estos coches modernos soplando por el tubo de escape se infla la rueda.
El otro se empieza a reír y dice:
-¡Ahí va la ostia!, pero mira que eres gilipollas... Cómo piensas hacerlo, ¡si tienes las ventanillas bajadas!