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Escrito por Carolina Fernández
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18/09/08 |
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Los que llevan las cuentas de la unión europea andan preocupados. La esperanza de vida aumenta, la población envejece y las pensiones se estancan. Nadie quiere hacer previsiones catastrofistas, pero la realidad es que las cuentas no cuadran. Se adelanta que en 2060 habrá seis pensionistas por cada diez trabajadores en activo. Hagan cálculos.
Son las contradicciones que trae consigo el estado de bienestar. Cada vez se vive más tiempo y cada vez se vive mejor, digan lo que digan los índices económicos. Europa mejora la asistencia sanitaria, los recursos son cada vez mayores, la alimentación preocupa más por exceso que por defecto... Resultado: aumento de la esperanza de vida. Sería un grave error confundir el alarmismo con la previsión. Quizá haya que plantearse, con tiempo, una remodelación del sistema desde su base. Los mayores se retiran pronto y con muchos años por delante con buena salud para disfrutar del premio merecido por décadas de trabajo. El tema que preocupa es quién y cómo va a sostener el sistema, para que el sistema sostenga a sus mayores en un nivel de calidad de vida acorde a lo que esperan. Los analistas no quieren dar la alarma, porque se resisten a diferenciar el catrastrofismo del realismo, pero hace años ya que ya avanzan con timidez que se avecina un problema para el que no se ha planteado hasta la fecha ninguna solución. Se habla del envejecimiento de la población como uno de los grandes retos que tendrá que afrontar Europa en los próximos años, junto con el cambio climático y la globalización. Las cifras asustan: en la actualidad, en España hay más de cuatro trabajadores por pensionista; se estima que dentro de cincuenta años habrá menos de dos. La inmigración supone un alivio para mantener las tasas de crecimiento, pero se espera también un estancamiento en esas cifras. La crisis económica disminuye la admisión de inmigrantes. Las familias tienen cada vez más dificultades para plantear la llegada de un hijo. ¿Quién alimentará el sistema? Sería un grave error confundir el alarmismo con la previsión. Quizá haya que plantearse, con tiempo, una remodelación del sistema desde su base, revisando la dinámica del mercado laboral y la lógica del modelo de pensiones, empezando por suprimir la obligatoriedad de la jubilación a los 65 años. Luego, no digamos que el problema nos cayó del cielo.

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