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Tenemos 170 lectores conectadosQuiero ser árbol |
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Antes de que los llantos incontenibles de mis seres queridos recorran por mi causa los caminos de la amargura y caigan como ríos por sus mejillas desoladas hasta mojar la tierra, ya estaré yo fundido en extensos abrazos con los árboles. Ningún otro lugar me ofrece un parabién más oportuno y atractivo ni unas vistas más amplias ni una mejor respiración. Que sepan las futuras generaciones de los sueños, de las aves y de las mariposas, que ahí voy a esperar, sin prisas, el tiempo necesario para poder formar un bosque de hermosos ejemplares vegetales y de perenne humanidad. Y, siendo más preciso, quiero ser insertado en la frondosidad salvaje de los robles cuando la hoja es tierna y en la feraz exuberancia de los almendros cuando la desnudez florece. Pero quiero también ser rama del otoño, para vestirme de belleza y de esplendor, para sembrar los montes de colores vivos y recibir después -ya en el tronco desnudo- los callados rigores del invierno: esos potros de nieve. Deseo percibir en las futuras miradas que recaigan sobre mí, alegrías y gozos en lugar de lamentos y tristezas Y que mis seres más queridos abandonen los gestos apenados en beneficio de las sonrisas animosas. Y ya cuando la pena se mitigue y quede en la trastienda una memoria sin dolor, yo estaré en el principio de mi propio deseo. Quiero ser árbol para poder ser bosque. Quiero llegar al corazón de la madera, donde está -como alimento irrenunciable- la procelosa fuente de la lluvia. Y quiero, finalmente, pertenecer a una familia humana y vegetal, con la vejez dorada y los retoños trémulos. Δ Paisajes Literarios. www.mestrada.net
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