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En la noche honda del espacio abierto, cuando todos duermen ¿qué hago yo despierto? Solo con las nubes que en el alma tengo, voy a atar los cabos que he dejado sueltos. Cabos de aquel niño que nació de un credo, más allá del barro, más allá del cuerpo. En la noche oscura, donde todo es ciego, le pregunto al aire, le pregunto al viento: ¿Dónde está aquel trono? ¿Dónde está aquel reino? ¿Dónde está aquel rayo que apuntaba al cielo? Me contesta el alma de un pasado eterno, en el mismo tono, con el mismo gesto: Más allá del mundo, más allá del tiempo, más allá del alma, más allá, más lejos. En la voz callada del silencio interno, más allá del hombre, más allá, más dentro. En la noche densa, de cansancio lleno, se me caen los ojos pero no de sueño. Se me caen de rabia porque no comprendo un catarro humano más allá del hielo. Un maná distante, un amor de ensueño, un calor de lumbre más allá del fuego. En la noche oscura dejo este misterio que me cuenta el aire, que me sopla el viento. Y regreso a casa, porque en casa tengo, con un poco de humo, un calor de besos. Δ Del libro “Vientos de soledad” (1984) www.mestrada.net
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