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Otros El Rincón del Poeta La angustia

La angustia

Escrito por Mariano Estrada 28 Junio 2009
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1
Son las siete de la mañana
del día 3 de agosto
del dos mil ocho.
Domingo, por añadidura
y todavía virgen.

¿A quién le importa esto?
Seguramente a nadie, por inocuo.

Zurea una paloma en los alrededores
proclamando, tal vez,
la salida del sol.

Es la hora en que el sueño
se estrella en las gargantas
incontinentes de los gallos
y en los chisporroteos
crecientes de la aurora.

Es obvio que hay lugares
donde el amanecer
se viste todavía
con un traje de noche, pero insisto:
¿A quién le importa esto?
A nadie, por elemental
carencia de interés.

A la gente le importan otras cosas,
por ejemplo: que al despuntar el día,
todo huela a café y a mermelada.
Que el frigorífico reviente
de bienestar acumulado
y renovable.
Que el coche nos espere
en el aparcamiento
con dos litros de más,
por si hay que ir al mercado o a la playa.

¿Que además amanece con dulzura?
Bendito sea Dios, benditos sean
los zureos de todas las palomas
del mundo y que amanezca en paz

En paz, repito,
porque la noche de los sábados
acaba con frecuencia al mediodía
de los domingos.
Y a estas horas hay ojos
que nadan en alcohol,
mientras el genio de la sociedad
y los predicadores de todas las iglesias
-política incluida-
habitan las profundidades
sordomudas del desentendimiento.

Por lo que cabe preguntar:
¿Le preocupan a alguien estas cosas?

Y, más concretamente:
¿A quién le importa
la nieve que esta noche
ha caído en el monte
de la respiración,
que es la ingente nariz
de la conciencia satisfecha?
Es verdad que son muchos
los que sufren por ello, pero al gato
nadie le pone el cascabel…

2

Sale el sol por el frente,
levantando en su entorno
una nube de fuego y de belleza
¿Vale decir que me impresiona?
De acuerdo, me impresiona.

Menos mal que la luz
le da otra vez al mar sus horizontes
y la mierda se va a las cañerías.

Borges diría que “de nuevo
el mundo se ha salvado”,
pero los técnicos anotan,
en los análisis meticulosos
de las alcantarillas,
el avance de nuestra larga
enfermedad.

No obstante,
cualquier amanecer
es digno de celebración
si, cuando el gallo canta,
no lo hace sólo en Zaragoza,
sino también en las arterias
de los desiertos, en las charcas
del mapa universal
y en los bolsillos inconsútiles
de los desnudos
por falta de justicia.

La noche se ha gastado
en artificios, pero yo pregunto:
¿A quién le importa esto,
pregonero del alba?
A nadie,
salvo a aquellos que,
un día y otro día,
entre espinas de amor
y llantos de impotencia,
han sentido en la sangre
el borboteo amargo de la angustia. Δ

(*) www.mestrada.net Paisajes Literarios