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Otros El Rincón del Poeta Inquietudes del alma

Inquietudes del alma

Escrito por Victor Corcoba Herrero 13 Diciembre 2013
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Quiero ser el agua que todo lo sacia y la llama que todo lo alumbra.
Entre el querer y el no querer hay un insaciable deseo de ver la verdad.
Los deseos que nacen del alma son abecedarios de Dios que nos hablan.
Únicamente los lenguajes que salen del corazón son camino y posada.
Camino para ascender desposeído de todo hasta transformarse en verso.
Posada para descansar el cuerpo de ataduras y emprender el vuelo.
     No hay alas más puras que el pulso de un espíritu libre en donación.

Donarse es el verso primero de un poema que habla de amor.
De un amor sin palabras, porque el amor se siente y nos trasciende.
Nosotros junto a todos y todos junto a nosotros a través de la poesía.
Poesía que es efluvio de sentimientos y destello de percusiones.
Sin latidos la vida no es nada y hasta nuestro propio corazón se para.
Es el ritmo el que nos pone en movimiento y nos hace ser andarines.
     No hay andar más poético que caminar por la vida en procesión.

Confieso que me desvela el memorial de poemas que se silencian.
Porque todos llevamos a un poeta consigo para enhebrar emociones.
Todos los espacios son lenguajes de Dios y abecedarios de amor.
Somos la vida misma, la pasión por ser, la esperanza del encuentro.
Dios sabe de nuestras lágrimas, de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Necesitamos sentirnos parte del verso, para sentirnos parte de la vida.
     No hay vida más alta que afanarse por existir para el prójimo.

Si no hay alas más puras que el pulso de un espíritu libre en donación,
démonos y para darse no tiene sentido más que si uno se tiene.
Sí no hay andar más poético que caminar por la vida en procesión,
démonos y para darse no tiene sentido más que si uno se conoce.
Sí no hay vida más alta que afanarse por existir para el prójimo,
démonos y para darse no tiene sentido más que si uno se domina.
     Si uno se posee, se conoce y se domina, es que el alma vive.

Aquel que no vive para someterse tampoco sirve para mandar.
Aquel que no vive para hacerse valer tampoco sirve para decidir.
Aquel que no vive para sí, junto a todos, tampoco sirve para ofrecerse.
Aquel que no vive para desvivirse tampoco sirve para humanizarse.
Al fin, hay palabras que lo sellan todo y también todo lo destapan.
Uno tiene que vivir pensando que mañana ya no es un cuerpo.
     El espíritu es eterno y la vida es un día y poco más, ¡recordémoslo! Δ