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Escrito por Pedro Ilota
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10/07/09 |
Una tarde un ruiseñor... llevó mi ánimo al sol que, sereno, lejano y poniente me disolvió, impasible y ardiente...
De camino acaricié el mar... su canto así me llevó sin más... sonido líquido que calmó mi sed, de otear horizontes sin nunca desfallecer...
Entre aves subí y bajé toqué tierra y árboles abracé; abracé casas y gentes también suspiré con una rosa... un jazmín y un clavel...
De camino al sol acaricié la mar... regia, oscura y envolvente que bañaba al sol de la tarde... sol del ocaso resplandeciente...
En este vuelo sin volar contemplé la magia del sol poniente que escondiéndose sereno y radiante besaba la mar... en el horizonte
Quizá el ruiseñor no era un ave cantando cualquiera... quizás era un rayo de sol, que risueño tomó mi alma... y alumbró mi corazón...
o mi lejano interior.... Δ
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